El fraude del sistema de asilo alemán

Merkel no tiene más reparos que admitir lo que era un secreto a voces: la Oficina Federal para la Migración y los Refugiados concedió miles de asilos de forma ilegal hasta 2017.

Corría el año 2015 cuando Angela Merkel tomó una de las decisiones más controvertidas de su carrera política. La canciller alemana proclamó el Welcome Refugees y decretó la política de fronteras abiertas para todo el continente. A partir de entonces, la oleada migratoria fue imparable.

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Aunque los grandes dirigentes europeos y los medios de comunicación trataron de publicitar la situación como una «crisis humanitaria», la realidad era bien diferente. La mal llamada «crisis de refugiados» era en realidad una oleada migratoria alentada por las élites mundialistas que consideraron que la llegada de miles de inmigrantes era una buena oportunidad para sus intereses económicos.

Las decisiones de Merkel pusieron en riesgo la estabilidad europea bajo el pretexto de la necesidad económica. La idea era importar mano de obra y las élites de Bruselas no dudaron. Felipe González, George Soros y algunas de las empresas más importantes del mundo, como Airbus, trataron de aprovechar la situación para exigir la retirada del salario mínimo interprofesional.

El escándalo del BAMF

Tras meses de sospechas e informaciones contradictorias, la Fiscalía alemana ha decidido abrir una investigación contra seis empleados de la Oficina Federal para la Migración y los Refugiados (BAMF) por presunta corrupción en la concesión de asilo entre otoño de 2016 y febrero de 2017.

La BAMF tiene la obligación de revisar la situación de los países de origen de cada refugiado hasta tres años después de la aprobación de su solicitud de asilo. Si la agencia no verifica estos datos, los individuos reciben el permiso de residencia de forma permanente.

Se trata en concreto de seis empleados de la oficina de la BAMF en Sigmaringen, en el estado federado de Baden-Württemberg (sur), bajo sospecha de conducta indebida, acusados de haber aceptado sobornos de traductores y haber expedido facturas incorrectas.

La oficina de la BAMF en Bremen se vio salpicada el año pasado por un escándalo al haber concedido asilo en miles de casos sin analizar detalladamente las solicitudes.

Una de las consecuencias del escándalo fue el relevo a mediados del año pasado en la dirección de la BAMF, que pasó de manos de Jutta Cordt, al frente del organismo desde comienzos de 2017, a las de Hans-Eckard Sommer, con el fin de «restituir la confianza en esta institución», declaró entonces el ministro del Interior alemán, Horst Seehofer.

La nueva Europa

En el año 2030 en el conjunto de Europa residirán unos 100 millones de musulmanes. Resulta significativo que en Bruselas, capital del conglomerado comunitario, el nombre más utilizado sea Mohamed y que de sus 1,2 millones de habitantes, apenas el 25% sea belga de origen. En el Reino Unido hace ya años que la religión más practicada es el islam, pero eso es poca cosa teniendo en cuenta los tiempos que nos aguardan: Europa será un continente de mayoría musulmana en pocas décadas.

Una parte de esta población lleva instalada en Europa desde hace generaciones. Tras las descolonizaciones fueron muchos los ciudadanos que viajaron a países del continente procedentes en su mayoría del norte de África, Marruecos, Túnez y Argelia. Se integraron en las sociedades internacionales sin mayores dificultades ni graves problemas de identidad.

El cambio llegó después. Las corrientes migratorias actuales han permitido el florecimiento de una generación de ciudadanos de marcado carácter islámico, ajena a las costumbres tradicionales y a las normas que rigen en los países de acogida. La última oleada, que comenzó en 2013, se ha camuflado bajo el relato humanitario, pero en realidad sólo el 10% de los recién llegados son verdaderos refugiados de guerra.