Proliferación de medios indepes, una plaga con los días contados

En Cataluña, dentro del mundo del periodismo suceden algunas cosas, a cual más horripilante. Y hoy mencionaré alguna, muy por encima.

Primera cosa y a modo de anécdota, fíjese el lector que quienes ocupan puestos de mayor relevancia, diríamos los referentes de nuestro periodismo, fueron en algún momento expertos limpiabotas del reverendísimo, excelentísimo, y amabilísimo Jordi Pujol. Empiecen ustedes a revisar una por una las estrellas mediáticas de esta tierra tan plural.

Todas practican la Fe única, sin matices ni medias tintas, la del blanco y el negro, sin grises. Por eso son tan valiosos personajes como Josep Cuní, que pudiendo entregarse en brazos del poder, forma parte del elenco de los indomables. Periodista de raza. Nunca sabes en qué dirección volarán los cuchillos, y ese es el buen periodismo, el que la gente en una sociedad normal, que no está cegada por el odio y la confrontación, valora y quiere. Pero para desgracia nuestra, lo que se lleva ahora son los activistas políticos metidos a entrevistadores.

Lo segundo que puede observar el lector es el gran número de digitales indepes que han nacido como setas en el extenso campo de internet. Digitales con tan poca publicidad que parece imposible puedan pagar más de un sueldo, lo que nos lleva a sospechar que las otras 30 nóminas de la plantilla las paga el Govern. Es sabido por todos que les ha dado dinero a espuertas.

Eso quiere decir (y ya vamos por lo tercero) algo muy sencillo, y es que el día que el Govern nacionalista caiga, -y son muchos los que trabajan para que así sea, y cuanto antes mejor- esos digitales bajarán persiana a las 24 horas. Ya nadie pagará por tanto odio cursilísimo nacionalista, victimismo de pañuelito y tono electoralista en vena. Solo podrían seguir pagando los partidos de la confrontación, suerte que no podrán meter sus manos en las arcas del pueblo para envenenarlo.

Y la combinación de estas tres cosas (sumisión al poder, dependencia del parné y miedo a perder el chiringuito) contribuye a que el periodismo en Cataluña haya mudado de piel y se haya convertido en activismo puro y duro.

Activismo que se ha vuelto muy rentable pero tiene los días contados. Desde aquí rezamos para que así sea.