Més que un procés

El proceloso trámite de la causa especial 20907/2017 ante el Tribunal Supremo (más conocida como “Juicio del Procés”) se está revelando, en estos días, como una descripción quizá demasiado gráfica de lo que ocurre en España. La sala presidida por el magistrado Manuel Marchena -quien modera y dirige las sesiones con la disciplina de un director de escuela, severo pero benévolo- tiene la compleja tarea de desentrañar qué ocurrió realmente durante la celebración del referéndum ilegal del día 1 de octubre de 2017.

Sin embargo, a través de un interminable desfile de testigos, puede apartarse la paja del trigo y desvelarse lo que realmente está en juego: dos maneras de entender la configuración política y territorial de nuestro país. Al margen de la Fiscalía General del Estado y de la Abogacía del Estado, y con un punto de vista más político, de un lado se encuentra la acusación popular encabezada por VOX (a través de su secretario general Javier Ortega-Smith y su vicesecretario jurídico, Pedro Fernández) y del otro, un grupo de líderes políticos catalanes e independentistas, casi todos ellos miembros del malogrado gobierno encabezado por el fugitivo Carles Puigdemont. Hablamos de las primeras espadas y personas de confianza del evadido de Waterloo, verbigracia Dolors Bassa (consejera de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia), Meritxell Borràs (consejera de Gobernación, Administraciones Públicas y Vivienda), Joaquim Forn (consejero de Interior), Oriol Junqueras (vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda), Carles Mundó (consejero de Justicia), Raül Romeva (consejero de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia), Josep Rull (consejero de Territorio y Sostenibilidad), Jordi Turull (portavoz y consejero de Presidencia) y Santiago Vila (consejero de Empresa y Conocimiento). A ellos se suman conocidas figuras del independentismo, como los denominados Jordis: Jordi Sánchez (presidente de la asociación Asamblea Nacional Catalana) y Jordi Cuixart (presidente de la ONG independentista Òmnium Cultural) y Carme Forcadell (presidente del Parlamento de Cataluña durante los hechos de marras). Todos ellos enfrentan diversas penas de prisión, desde los imponentes 74 años que la acusación popular pide para varios de ellos hasta los 7 años que la Fiscalía General del Estado solicita para los demás.

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Hasta aquí, los detalles jurídicos. Desde el punto de vista político, el juicio se caracteriza por un interminable desfile de testigos rebeldes y críticos con el proceso (entre los más célebres podemos mencionar al siempre provocador diputado de Esquerra Republicana de Cataluña, el enfant terrible Gabriel Rufián y a la alcaldesa de Barcelona y ex dirigente de la PAH Ada Colau) que suelen quejarse por la presencia de VOX en la acusación popular y aprovechan la oportunidad para criticar al partido de Santiago Abascal por “fascista”, “ultraderechista”, “homófobo” y demás lindezas. Otros deponentes -tal es el caso de Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña- manifestaron su solidaridad con los acusados y se posicionaron a su lado, en una auténtica declaración de guerra al sistema constitucional español y con un lenguaje -en ocasiones- más propio de organizaciones como la Resistência Galega, el MPAIAC canario o la Terra Lliure catalana.

Y en este último dato reside la clave de todo: lo que se juega en los salones de la es el futuro de España, entre quienes apuestan por un país centralizado y con una sólida configuración territorial y aquellos que pretenden volver a una especie de federación de naciones ibéricas; una suerte de “cantonalismo republicano” al estilo de la fugaz I República Española presidida por Francisco Pi y Margall entre 1873 y 1874.

En palabras del propio Torrent y en franco desafío al Tribunal: “Tengan presente que volveremos a votar”.

Esto recién empieza.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.