La secta

Las cosas no van bien. Muchas veces oímos decir que el prusesimo se ha convertido en una secta y bla bla bla, pero cuando uno constata que es cierto, se acojona. 

Son demasiadas las cosas que lo evidencian, y un cerebro medio (como el mío) no está preparado para asimilarlas todas de golpe. Así que solo os voy a hablar de las últimas.

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Un grupo de gente se reúne con máscaras y palos en uno de los centros de peregrinación que están de moda últimamente, la cárcel de Puig de les Basses. La imagen es tétrica: nadie habla, todos golpean el suelo con los palos y miran al frente. Un ritual entre ridículo y siniestro.

Al rey Artur Mas (que cada vez tiene menos) le clavan una multa de 5 millones de euros. El culto al líder y la obediencia ciega son tales que a los 3 días los hooligans del jefe supremo, reunidos en la Assemblea (ANC), consiguen los primeros 300.000 euros. 

Muy lejos quedan las imágenes de este verano cuando Artur Mas disfrutaba de sus vacaciones en un yate sin privarse de ningún lujo. Y me da igual si estaba invitado o si lo pagaba de su bolsillo. Por respeto a la gente que le paga las multas, como mínimo, debería disimular. 

Puigdemont monta un nuevo chiringuito, no negaremos que esta vez se lo ha montado bien. Es digital, y la sede está en el salón de su casa, o en el inodoro, quién sabe. Después de varios portazos, ahora van a por la soberanía digital, por si esta la consiguen. Apuntarse al chiringuito no es gratis, como mínimo hay que desembolsar 10 euros. Y te preguntas, ¿quién coño pagará para inscribirse a la última majadería? Pues ya son 30.000 las personas inscritas y como mínimo 300.000 los euros conseguidos. 

Así que, lo dicho, yo vivo acojonado. Cualquier día les dicen que los que no formamos parte de la secta somos unos fascistas y empiezan a gritarnos que nos vayamos de nuestros barrios.