El ridículo como forma de vida

Estoy en verdad preocupado por las cotas de ridículo a que estamos llegando en Cataluña. La clase política ha perdido por completo ese sentido y sospecho que esto no ha hecho más que empezar.

Es ridícula por ejemplo la creación de un Foro Cívico para hacer un “debate constituyente” . Sobre todo después de haber hecho creer a la gente que ya estaba viviendo en una República. Y todavía es más ridículo cuando quien lo lidera es nada más y nada menos que un cantante, cuyo único mérito es ser diputado y ser el autor de l’Estaca, buque insignia de esa República que desde hace 6 años está a la vuelta de la esquina.

Es ridículo también si a todo esto le añadimos que algunos miembros del consejo asesor de ese Foro son tertulianos y tuiteros de reconocido prestigio como Talegón y sus talegonazos o Fachín.

Pero todo esto es poca cantidad de ridículo cuando descubrimos el último invento que Puigdemont se ha sacado de la manga, el Consejo por la República. Un ente que se supone privado, que seguramente beberá de las ubres de lo público, y que el otro día el mismo Puigdemont presentó en sociedad ante el estupor de los pocos hombres cuerdos que todavía resistimos.

Es tremendamente ridículo contratar a una pitonisa que haga de interlocutora con el dios Sol el día del estreno y se marque un chachachá, no vaya a ser que dejemos de hacer el ridículo o la gente piense que vamos en serio.

Es también muy ridículo que los interesados en formar parte del nuevo juguetito del fugado puedan inscribirse previo pago de 10 euros. Quizás así tendrán el honor de formar parte de la lista de ciudadanos 10 euros más pobres.

Y es una pena porque cosas como esta hacen sombra a otras cosas mucho más ridículas. Por ejemplo, al hecho de que el logo del partido que llevará Cataluña hacia Ítaca, la Crida Nacional, sea resultado de buscar en Google: hombre grita a otro hombre. Un icono gratis que aparece cuando se buscan esos términos en castellano. En catalán no aparece nada. O sea que además de maleducados chillones son unos colonos que utilizan la lengua del Imperio para googlear.

Y así todo. Esta es la emoción de vivir en Cataluña. No sabemos qué chorrada se inventarán la semana que viene para seguir mamando de las ubres del poder y mantener el culo calentito, que en Waterloo hace mucho frio, y en Barcelona están muy aburridos.