Las catedrales que la izquierda quemó

Hasta que en las redacciones periodísticas penetraron Google y Wikipedia, la biblioteca básica de cualquiera de ellas la formaban el diccionario de la RAE o el María Moliner, un libro de citas, un diccionario de sinónimos y antónimos y una enciclopedia en varios tomos. La enciclopedia era imprescindible para componer piezas apresuradas cuando fallecía algún capitoste o se producía alguna catástrofe. ¿Terremoto en Nicaragua, como ese que retiró Walther Burns de la portada del Chicago Examiner a pesar de que había causado 100.000 muertos?, ¿nueva guerra en Oriente Próximo?, ¿golpe de Estado en una republiqueta africana?, ¿muerte del secretario general del PCUS o de un ganador del Premio Planeta? Pues se acudía a la biblioteca para buscar antecedentes, fechas, citas y nombres con los que ilustrar a los lectores.

El incendio de la catedral de Nuestra Señora de París ha impulsado a los periodistas a dárselas de cultos y de imperturbables con artículos en los que recordaban otros templos arrasados por guerras, terremotos o fuegos. Varios de los redactores y colaboradores han omitido que el conato de incendio de la catedral de 1871 fue responsabilidad de los ‘communards’, los terroristas de izquierdas que se sublevaron en la primera ‘dictadura proletaria europea y causaron miles de víctimas para construir su utopía.

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Una piscina en lugar de un templo

En esas listas más o menos improvisadas, que incluyen las catedrales de Reims, Varsovia, Dresde, Estrasburgo y Colonia, faltan un par de categorías: las iglesias destruidas en la antigua Rusia imperial por los bolcheviques después de la revolución y en España por las izquierdas en los años 30.

Por ejemplo, Stalin ordenó en 1931 la destrucción con explosivos de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, la iglesia ortodoxa más alta del mundo, para construir el Palacio de los Soviets. Al final, los rojos construyeron una piscina. Después de la caída del comunismo, la Catedral se ha reconstruido. Los bolcheviques fueron para el patrimonio cultural ruso peores que los nazis, ya que destruyeron muchas más iglesias y obras de arte por odio a la fe.

El robo del relicario de Santa Teresa

En España, las izquierdas (socialistas, comunistas, anarquistas y ‘esquerristas’) también se dedicaron a quemar y saquear multitud de iglesias en lo que se ha llamado el martirio de las cosas. No sólo destruyeron los edificios, sino su contenido: retablos, órganos, cuadros, esculturas, ornamentos, tallas, banderas y pendones, reliquias, tumbas, bibliotecas… Muchos objetos de valor por estar hechos de oro y plata o tener engastadas piedras preciosas, acabaron convertidos en botín. El relicario con la mano de Santa Teresa de Ávila guardado en el convento de las carmelitas descalzas de Ronda lo robaron los habituales ‘descontrolados’ y acabó en poder del coronel José Villalba, que lo abandonó al huir de Málaga, antes de caer en poder de los nacionales. Un matrimonio de fieles católicos escondió en Carlet el Santo Grial guardado en la catedral de Valencia para salvarlo de su profanación o destrucción.

Como ha recordado el escritor José García Domínguez, “las iglesias históricas de Barcelona, empezando por la muy literaria Santa María del Mar, semejan sin excepción garajes vacíos de coches tras haber arrasado y quemado toda su ornamentación sacra de incalculable valor los primarios de la CNT-FAI” en 1936.

La noche del 3 de agosto de 1936, un avión que había despegado de Barcelona arrojó tres bombas sobre la basílica del Pilar de Zaragoza, de las que ninguna explotó.

El templo que mejor muestra el odio de la izquierda española contra la fe católica es la catedral de Oviedo. Fue atacado con dinamita, artillería y hasta aviación en la revolución de octubre de 1934, cuando el PSOE, la UGT y el PCE se sublevaron después de perder las elecciones del año anterior, y durante los quince meses de 1936 y 1937 que duró el sitio de Oviedo

En octubre de 1934, los mineros asturianos se abrieron paso hasta Oviedo con fusiles y dinamita. En la catedral, los terroristas quemaron la sillería del coro y llenaron de cajas de explosivos la capilla de Santa Leocadia, situada bajo la Cámara Santa, donde se guarda el Santo Sudario, y volaron parte del templo. Las obras de restauración comenzaron en 1938 y concluyeron en 1942.

Ya suponemos por qué los miembros de la Prensa de Kalidá se olvidaron de mencionar estas destrucciones en sus artículos, ¿verdad?