La izquierda acrítica

¿Resulta descabellado esperar que la izquierda pueda hacer algún día tal lectura?

Con escasas excepciones, la izquierda – cuya interpretación de la II República, la guerra y el franquismo es apenas un panfleto en blanco y negro con el que repartir bienaventuranzas y anatemas a partes perfectamente previsibles – ha sido incapaz de hacer una lectura crítica, por mínima que sea, de su propio pasado.

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De tan autocomplaciente lógica se sigue la satanización del oponente, convertido en compendio de todos los males, al que se niega la mínima virtud. Ni siquiera las mayores evidencias se aceptan como reales: se silencian, primero; se deforman, más tarde; se prohíben, al fin.

La verdad histórica, objetiva, es que Franco ha sido el gran modernizador de España. No tiene un adarme de exageración aseverar que con Franco se saltó del neolítico a la era industrial. O lo que es lo mismo: de una España rural, de base agraria, a un país urbano e industrial plenamente moderno, colocado en el noveno puesto de entre los del mundo. Realizando la verdadera revolución pendiente de nuestra historia contemporánea: la industrialización, empresa fracasada por más de un siglo. Y con ella, unos niveles de renta desconocidos y una potente clase media que superó una de las razones básicas para las guerras civiles: las atroces diferencias sociales.

¿Resulta descabellado esperar que la izquierda pueda hacer algún día tal lectura?

Stalin, por ejemplo, rehabilitó la figura de Iván el Terrible, con quien no debiera tener mucho interés en que le asociaran, porque entendió que aquel zar – el primero que se otorgó tal título – había sentado las bases de la Rusia moderna al meter en cintura a los boyardos, los levantiscos nobles que mantenían al país en una fragmentación medieval. Unificando el poder, el zar constituía el embrión del Estado moderno al otorgar a la corona un poder omnímodo. De este modo, Iván había sido, a los ojos del socialismo, el modernizador que había dado los primeros pasos para superar el régimen feudal.

No hay, pues, que perder la esperanza. Quién sabe si algún día una izquierda española un poco más leída alcance el nivel de Stalin.

por Fernando Paz.

Fernando Paz Cristóbal, nació en Madrid, en cuya universidad complutense estudió historia, a lo que se ha dedicado profesional y vocacionalmente durante estos años. Además de profesor, ha publicado cinco libros de su mano y ha participado en otras dos obras colectivas.Colaborador en varias publicaciones digitales, interviene con regularidad en los medios del grupo Intereconomía, en cuya televisión dirige y presenta diariamente un espacio dedicado al mundo de la historia y la cultura, “Tiempos Modernos”.