Franco, el eterno hombre del año

No sólo son los europeos y la Iglesia quienes arrumban las costumbres y tradiciones. También lo hace la prensa. Por ejemplo, mientras se eliminan las inocentadas, unos periodistas de Canal Sur Radio viajaron a Nueva York a costa de los contribuyentes para hacer el programa de fin de año al otro lado del Atlántico. Igualmente, ha desaparecido la costumbre de elegir al personaje del año, aunque en ocasiones esas elecciones estuvieran tan desprestigiadas como los ganadores de Eurovisión. Por recordar la más sorprendente, el ABC dirigido por Luis María Ansón nombró en 1984 como ‘Español del año’ a Jordi Pujol, entre otros motivos por haber hecho “viable la Constitución”. Ésta es una de esas noticias en que al plantearse las seis preguntas básicas del periodismo (what, who, when, where, why y how) se añade la de ‘cuánto’.

De haberse hecho ese concurso en diciembre pasado con sinceridad, estoy convencido de que el hombre del año en España habría sido Francisco Franco Bahamonde. Apareció en telediarios, tertulias, radios, periódicos, hilos de Twitter… Hubo días en que ha se le nombró más que Pedro Sánchez. En La Sexta tiene una sección fija. Y respecto a Mariano Rajoy, presidente durante casi siete años, hasta la moción de censura de junio pasado, ¿alguien sabe qué ha sido de él?, ¿a qué dedica el tiempo libre, como cantaba Perales?

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El plan de Sánchez era exhumar al ‘Caudillo’ de la tumba en que le había colocado su sucesor a título de rey, con la aprobación del Gobierno y el consejo del mismo servicio de información que resucitó al PSOE porque hacía falta una izquierda ‘sensata’ para la transición. La consecuencia es que el interés de gran parte de los españoles por la figura de Franco no para de aumentar, hasta el punto de que el número de visitantes del Valle de los Caídos creció en un tercio el año pasado, y eso que Moncloa sólo ejerció como agencia de márketing durante seis meses.

El mismo Sánchez, que en agosto recurrió al decreto-ley para exhumar a Franco y anunció la salida del cuerpo en cuestión de semanas, admitió hace unos días de que ésta tardaría mucho más, con lo que daba argumentos a la familia Franco para pedir la inconstitucionalidad del decreto-ley al incumplirse la condición exigida de “extraordinaria y urgente necesidad”.

Y Mussolini en Italia

Pero no es España la única enredada en muertos ilustres como los egiptólogos ingleses en las vendas de las momias. En 2017, el diario romano Il Tempo escogió a Benito Mussolini como ‘l’uomo dell’ano 2017’ debido al empeño del Gobierno de entonces, presidido por el progresista Paolo Gentiloni, de aprobar, en el centenario de la revolución bolchevique, una ley de memoria histórica que criminalizaba el fascismo y eliminar todas las reliquias que quedaban del ‘Duce’ y su régimen en el país.

Mover a los muertos y profanar sus tumbas acarrean maldiciones no sólo en España. En Italia, en marzo de 2018 se celebraron elecciones parlamentarias y la izquierda fue barrida. Además, las últimas encuestas indican que ahora obtendría un resultado aun peor.

La izquierda ha escogido como enemigo a un cadáver, con la intención de derrotar por fin a quien venció a sus mayores hace 80 años y de dividir y humillar todavía más a la derecha y la Iglesia católica. Absurdo, ¿verdad? ¿Quién se acordaba de Espartero, uno de los hombres más populares del siglo XIX, en el octogésimo aniversario de su muerte? Pero lo sorprendente es que ¡el muerto le está ganando el pulso a la izquierda!

Me parece que este año que acaba de comenzar quizás ocurra lo mismo, ya que La Sexta dedicó un reportaje el primer día del año a las fundaciones franquistas (¡o sea, que hay varias!) y El País sacó en su portada del 3 de enero, en su típico estilo de matón, al prior de la abadía de Cuelgamuros por oponerse a los planes de Sánchez.

No exageré al titular mi libro ‘Eternamente Franco’. Él seguirá aquí cuando nosotros hayamos muerto, a no ser que antes desaparezca la izquierda expañola, como está pasando en el resto de Europa.

Mi propósito para el año nuevo: ser europeo y dar extremaunción a la izquierda.