El desembarco de Colón

Acalladas las opiniones (porque de análisis imparcial y ecuánime, poco) sobre la manifestación del domingo pasado, es momento de hacer una pausa y analizar las cuestiones más relevantes de la etapa que comienza.

Para empezar, conviene aclarar que Colón implicó un evento que superó ampliamente las aprudentes expectativas previas de sus organizadores. Sin embargo, desde las ya clásicas usinas de la izquierda se intentó ridiculizar a quienes acudieran a la convocatoria de Ciudadanos, el Partido Popular y VOX, recurriendo a los clichés más perimidos; ya se sabe: la derecha es tosca, oscurantista, grosera e ignorante. Sobran los ejemplos: el “periodista militante” Antonio Maestre, un habitué de La Sexta, Telemadrid, La Marea y Telecinco, aconsejó a los madrileños “refugiarse en las librerías” durante el domingo de marras. El actor Gorka Otxoa definió al domingo como un día ideal para sacar a Franco del Valle de los Caídos, dada la supuesta ausencia de la derecha (“ni el prior”) en Cuelgamuros. Eva Hache, otra figura mediática del progresismo vernáculo, trató a los organizadores de “mierdas” y seductores de “mentes pobres”. Finalmente, el inefable Pepe Blanco dictaminó que la manifestación aportó “demasiado facha” para “tan poco”. Especialmente sangrante fue la descripción del ínclito Íñigo Errejón. El presunto candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, que (en un giro interesante luego de protagonizar la fractura podemita) había matizado su actitud belicosa hacia quienes se ubican del centro a la derecha del espectro ideológico acusó a los manifestantes de querer una España “estrecha”, a diferencia de los suyos, quienes -presuntamente- pretenden una nación “diversa, solidaria” y “mirando al futuro”.

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Llegado este punto, se imponen algunas matizaciones. Aunque el número de manifestantes sea un dato anecdótico y coyuntural, la improbable cifra aportada por la Delegación del Gobierno (cuarenta y cinco mil personas), de la cual se aferró el inesperado ministro de Fomento José Luis Ábalos (“al Bernabéu van más personas”), no se sostiene ante estudios serios, tales como el realizado por el sagaz analista Matthew Bennett en su cuenta de Twitter homónima: cruzando la superficie del evento y comparándola con actos anteriores, Bennett llega a más de cien mil asistentes. Ahí queda el dato.

Entender a Colón como un “pinchazo” de la derecha (tal el hashtag utilizado por el progresismo de marras) implica no comprender el perturbador estado del ambiente político actual y abrazarse al árbol por miedo al bosque. La XII legislatura agoniza entre los balbuceos de un Pedro Sánchez zamarreado desde la izquierda y el independentismo catalán y el paulatino crecimiento de una derecha sin complejos, reivindicadora de los valores tradicionales y que cosecha cada vez más apoyo en la ciudadanía. Mal que le pese a la izquierda, el escenario andaluz es un futuro más que probable.

Hagan juego, señores.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.