VOX y la hipótesis autocumplidora

Querido doble hermano: No acabo de entender la paradoja, una de tantas que componen la escena española. Encuesta tras encuesta, todas ellas coinciden en otorgar cada vez menos votos a Vox ante las próximas elecciones. Sin embargo, Mildred me asegura que en el cuartel general de Vox no dan abasto para registrar peticiones de nuevos militantes. Muchos suelen significar, además, que desean contribuir con sus parvas donaciones a las arcas del partido. Es cosa insólita, pues los españoles se han acostumbrado a que los partidos, los sindicatos, la Iglesia y muchas otras asociaciones de tipo altruista dependan de la munificencia del Estado.

Resulta sospechoso que las principales entidades que levantan encuestas se vinculen con el Gobierno (el CIS) o con grandes medios de comunicación, emparentados con los principales partidos políticos. Casi todas coinciden en ningunear a Vox. Muchos esperan que se produzca el resultado de la “hipótesis autocumplidora”, que, como sabes, se enuncia así: “El futuro deseado va a traer lo que yo quiero que suceda”. Es la típica presunción del que participa o apuesta en juegos deportivos o de azar.

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Por lo que yo veo, de momento a Vox no le interesa tanto participar en una coalición ganadora de las elecciones como “hacer acto de presencia”. Es esta una expresión un tanto solemne que gusta mucho a los españoles, siempre tan retóricos. Por ejemplo, en la información meteorológica no basta decir que “va a llover”, sino que “la lluvia hará acto de presencia”. Tal barroquismo no se puede traducir bien al inglés.

Por suerte, la “hipótesis autocumplidora” se complementa con su contraria, la “hipótesis autodestructora”. Es decir, “basta con suponer que algo va a ocurrir, para que no suceda”. Al día siguiente de las elecciones del próximo 10 de noviembre te confirmaré cuál de las dos hipótesis se confirma respecto al resultado de Vox. Una coincidencia curiosa: el día 11 de noviembre se celebra en España la fiesta de San Martín. Dado que esa fecha coincide con la llegada de los fríos del invierno, en la España rural el día de San Martín suele ser el de la matanza del cerdo. Por eso se dice que “a cada puerco le llega su San Martín”, esto es, le llega el momento de recibir lo que le corresponde según su destino. El del pobre cerdo es el de ser sacrificado con un aire de fiesta.

El aire festivo de la jornada electoral que reina en España es que cada uno espera con satisfacción el “sanmartín” para sus adversarios políticos. El juego electoral es lo que se llama de “suma cero”; es decir, uno sube si el otro desciende. La ventaja para Vox es que no juega a ganar, sino a “hacer acto de presencia”, a dejarse ver, a que se le oiga en el Parlamento. Por tanto, pase lo que pase, siempre saldrá satisfecha (supongo que Vox puede ser una palabra femenina). La prueba anticipada de lo que digo es que, puestos a organizar un mitin de campaña electoral, Vox atrae más asistentes que ningún otro partido. Por eso se permite la osadía de celebrar su mitin principal en una plaza de toros, que se llena “hasta la bandera”, como se dice en español. Esto es lo que acaba de suceder en la plaza de toros de Vista Alegre o Vistalegre, nombre de lo más bien puesto para la ocasión. Yo he asistido a la fiesta, aunque no como embajador, sino como marido de Mildred. El gentío no paraba de gritar y de agitar banderas españolas. El ritual me recordó la celebración de las “convenciones electorales” de los partidos en los Estados Unidos. Por lo que tengo visto en España, en los mítines de los otros partidos, con una asistencia mucho menor, no se ven ondear tantas banderas nacionales. 

Si te digo la verdad, no acabo de entender la general resistencia de los españoles a exhibir la bandera nacional en las manifestaciones y otros actos multitudinarios. Me dicen que hay muchas personas de izquierdas que consideran la bandera de España como “la de Franco”. Bien es verdad que durante la guerra civil de hace más de 80 años el bando republicano tenía otra bandera: una franja roja se había sustituido por otra de color morado. Pero la bandera de España (roja y amarilla) fue así desde mediados del siglo XIX; antes lo había sido de la Armada. El hecho es que, a través de esta cuestión de las banderas, la izquierda en España intenta recomponer simbólicamente el clima de la guerra civil. Me parece una pretensión imposible, pues, si bien la guerra civil fue crudelísima, ahora la sociedad española se muestra francamente pacífica.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).