Vox y el secreto a voces

Querido doble hermano: Vox es el único partido del variopinto arco parlamentario español que ha tenido el valor de desvelar el secreto a voces de la inmigración exterior que proviene de África y Asia. En el Mediterráneo no hay propiamente tales náufragos de pequeñas embarcaciones artesanales, que son recogidos heroicamente por las altruistas onegés (organizaciones no gubernamentales). Se trata más bien de cuidadas operaciones comerciales de lo que un día se llamó elegantemente “comercio de ébano”. Es decir, los negreros de hoy son bandas criminales que organizan expediciones desde la costa septentrional africana. Cobran cantidades inicuas a los pobre emigrantes, los embarcan en atestadas lanchas neumáticas y los dejan al pairo cerca de las costas. Todo ello se hace en comunicación con las ONG para que los recojan y trasladen a puertos europeos. El resultado conjunto es una escandalosa explotación humana. Mildred me ha explicado muy bien el caso, que es el que expone Vox a quienquiera oírlo. Parece una interpretación de sentido común, pero no se acepta fácilmente en España. Mildred me precisa la versión oficial que da la vicepresidenta del Gobierno, tan feminista como mal encarada e inculta. Mildred aduce que esa señora dice “denosta” en lugar del correcto “denuesta”. La verdad es que a mí no se me alcanzan tales finuras gramaticales.

A título personal te diré que Mildred ha desistido de seguir dándome clases de religión, como se ofreció desde el principio para el requisito de la catequesis que me puso el párroco de mi pueblo. Resulta que yo conozco mucho mejor la Biblia que Mildred, aunque entiendo que la catequesis para la boda es algo más que conocimientos bíblicos. Tampoco son insuperables. Le digo a Mildred que mis lecturas favoritas siempre fueron las de C.S. Lewis o G.K. Chesterton, eminentes intelectuales conversos al catolicismo. Comparto con Mildred la idea de que, puestos a aceptar la categoría de santos, los más admirables son los conversos: San Pablo, San Agustín, San Ignacio. Siempre he rechazado la idea prevalente, en mis correrías por los Estados Unidos, de que es de mal gusto hablar de religión. Por cierto, ese es un rasgo de la vida norteamericana que se ha difundido con éxito en España.

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No acabo de entender cómo es que España consigue unos ritmos de crecimiento económico relativamente elevados para los niveles europeos cuando aquí son tantos los días festivos. Desde el Rey y el Gobierno hasta los empleados más modestos, todos se toman tranquilamente un mes de vacaciones en verano. Se añaden para muchos las vacaciones semanales de las Navidades y Semana Santa. Añádanse las fiestas locales. Son sagrados los “puentes”, esto es, los fines de semana largos cuando añaden alguna fiesta cercana al sábado o al domingo. Los escolares con sus profesores tienen ahora la “semana blanca” en invierno, que consiste en unos días adicionales de asueto con el fin de poder ir a esquiar. Este horario de trabajo tan cómodo quizá sea una de las causas de la extraordinaria longevidad de los españoles.

Los españoles tienen fama de belicosos y crueles, pero es más bien por su pasado, de modo singular la guerra civil de 1936. Pero la España contemporánea se puede decir que es asaz pacífica. En los conflictos más o menos violentos “la sangre no llega al río”, como se dice con la clásica exageración de las frases hechas.

Como en todas partes, las mujeres en España se sienten preteridas frente a los varones. Sin embargo, al casarse, las españolas no pierden el apellido para adquirir el del marido, como sucede en otros países de la cultura occidental. Así que Mildred Trujillo, cuando se case, seguirá llamándose así para siempre. No creo que se atreva a emplear la fórmula anticuada, clasista y pretenciosa de Mildred Trujillo de Busdongo. Hablando de nombres, me sigue maravillando la costumbre española de llamarse con dos nombres para lo que aquí dicen “nombre de pila” (se entiende, bautismal) o primer nombre. Hay combinaciones que a mí me parecen extrañas, como Juan Jesús, Jesús María o María José, que aquí son corrientísimas. En nuestro país y en los demás de influencia inglesa, los ejemplos que te cito pasarían por irreverentes.

El regalo es una práctica universal y en esto los españoles no difieren de los británicos o los norteamericanos, al menos según mi experiencia. Pero hay regalos típicos en España que parecerían extravagantes según las tradiciones de otros países occidentales. Es el caso de las “participaciones” en un billete de lotería. Consisten en ceder una parte del número que uno juega y que ha comprado. Se acostumbra a hacerlas por Navidad (ya sabes que aquí es “las Navidades”, un periodo que comienza justamente con el gran sorteo de la lotería nacional). Las “participaciones” gratuitas de los billetes de lotería suelen hacerse oralmente, sin recibo, pero no he visto que surjan litigios por tal informalidad. En España no circula la creencia puritana de que los juegos de azar son pecaminosos.

En los ambientes católicos donde ahora me muevo, es común la queja de que ha decaído mucho la práctica de la misa dominical. Puede ser, pero calculo que el conjunto de personas que van a la misa de los domingos supera con mucho el de los que asisten como espectadores a los partidos de fútbol, que es el verdadero espectáculo nacional. Además, el cura de mi parroquia, don David, me confirma que ahora comulgan casi todos los asistentes a la misa, cuando en el pasado la proporción era mucho más baja.

Mildred me comunica que ha tenido bastante éxito la difusión que ha hecho, en los medios favorables a Vox, de los principios “reaccionarios”, esto es, antiprogresistas, del colombiano Nicolás Gómez Dávila. Ella siempre dice NGD. El problema es que la palabra “reaccionario” arrastra una connotación muy negativa, por tanto, difícil de superar. Hablando con mi amigo, el filólogo Damián Galmés, propone la alternativa del neologismo “reaccionariante”. A mí me suena a Rocinante, el famoso caballo de don Quijote. La solución lingüística me parece de perlas, pero a los españoles no les gustan los neologismos. Este es un caso en el que no se aceptan las modas norteamericanas. Verás que siempre digo “norteamericanas”, porque en España no se dice “americanas”, tanto pesa la identificación con Hispanoamérica. Mildred me ha dicho algunas veces que ella nunca se ha sentido extranjera en España. Su acento es muy parecido al de las islas Canarias, de donde, por cierto, proceden sus antepasados.

Cuídate. Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).