VOX se salva de la plaga de la corrupción

Querido doble hermano: El estado de ánimo que me rodea es el de desolación por la sentencia sobre un sonoro caso de corrupción política en Andalucía. Los jueces han tardado nueve años en emitir su veredicto y todavía queda el trámite del recurso ante el Tribunal Supremo, que llevará un año más. La sentencia (de cerca de dos mil páginas) parece que estaba dispuesta hace algunas semanas, pero han pospuesto su publicación hasta pasar la fecha de las últimas elecciones. El retraso no dice mucho de la independencia de la Justicia española, pero tiene su lógica. El nudo de la cuestión es un delito continuado por parte del Gobierno regional de Andalucía, en el que han permanecido los socialistas cerca de 40 años. El Gobierno andaluz ha hecho un uso sostenido de los fondos públicos para ayudar a los parados (cientos de miles de ellos) y los ha distribuido alegremente entre los correligionarios y amigos. Una parte ha ido a gastos de francachelas e incluso a prostíbulos. El escándalo ha sido mayúsculo, y eso que a los españoles tragan con naturalidad todo lo referente a la malversación del dinero público. La sentencia que digo es solo una primera de otras más que siguen a diversas causas relacionadas con la misma historia. 

El caso andaluz es solo la guinda del pastel de la corrupción generalizada que caracteriza a todos los Gobiernos de la etapa democrática, principalmente a los que aquí llaman “autonómicos” (regionales). Se sospecha que muchos casos de sobornos y comisiones ilegales no han llegado a los tribunales. En definitiva, todos los partidos que han gobernado son partícipes de ese clima de corrupción generalizada. Solo Ciudadanos y Vox, por ser nuevos, se salvan de ser incluidos en el “régimen cleptocrático”, el dominante en la España democrática. Por cierto, Ciudadanos se encuentra en trance de extinción, así que virtualmente nos quedamos solo con Vox. Es el único partido que se opone frontalmente al Establishment político.

PUBLICIDAD

Lo único bueno de tal sistema “cleptocrático” (literalmente, gobierno de los ladrones) es que ha significado el cuerno de la abundancia para los abogados. No me extraña que en este país la carrera de Derecho siga siendo la que más atraiga a los jóvenes.

Lo que más me llama la atención es que no se alcen protestas masivas de la gente (que ahora llaman “ciudadanía”) ante los numerosos escándalos de corrupción política. Algunos periodistas amigos del Gobierno tratan de justificar el asunto de la corrupción andaluza con el argumento de que ha sido solo una forma de “clientelismo”. Por tal se entiende la compra de votos y el premio a la fidelidad política, todo regado con dineros públicos. Según mi modesto entender, esto del “clientelismo” es peor que robar directamente del presupuesto público. Por cierto, no acabo de entender por qué los jueces de los casos de corrupción manifiesta se despreocupan de lo fundamental: que los corruptos devuelvan al Fisco el dinero sustraído o distraído.

También es verdad que Unidas Podemos (el principal socio de los socialistas en el posible Gobierno) se libra de haber participado en casos de corrupción, pero es que apenas ha tenido poder. Sin embargo, Unidas Podemos es el campeón de otra forma más sutil de corrupción: aceptar dinero de otros Estados, en su caso, de Irán y Venezuela. No sé qué es peor, si la corrupción “doméstica” o esta de carácter internacional, que antes se llamaba “imperialismo”.

Mildred comenta conmigo todos estos asuntos con el grado de pasión que puedes suponer. A ella lo que más le preocupa es la maléfica influencia del dictador Maduro de Venezuela sobre Unidas Podemos. Mildred me aporta un dato que yo ignoraba: hace años España vendió algunos barcos de guerra a Venezuela. Entonces se sospechó que la operación había supuesto generosas “comisiones” (ella dice “mordidas”) para los representantes de ambos países. No he visto que la prensa española comente este precedente tan ominoso. Quizá es que lo consideran una práctica estadísticamente normal.

Hablando de estadística. Sospecho que la economía española debe de ser mucho más rica de lo que se reconoce oficialmente. Solo así se puede comprender que se toleren los enormes dispendios de la corrupción política. 

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).