VOX: otra pica en Flandes

“No existe Nación más fuerte y poderosa que España. Siglos llevan los españoles intentando autodestruirse, sin conseguirlo. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser el invencible imperio que un día fueron”. (Otto Von Bismark)

No es fácil la tarea de un columnista como yo en estos días que corren. La actualidad marcha tan vertiginosa que, cuando uno ya tiene claro cuál podría ser el siguiente tema para su artículo semanal -algo ligero y agradable de leer, que ya toca-, va y llega una nueva de sabe Dios donde, que te pone patas arriba todo lo que tenías ya en tu cabeza negro sobre blanco. Y las noticias, últimamente, la verdad, se suceden con tal rapidez, que es imposible tomarle el pulso a la actualidad en tiempo real. Eso sí: gracias a los enemigos de España, de Occidente, del capitalismo, y en lo que a mis temas respecta, de todo el mundo rural (que no hay que ir muy lejos a buscarlos pues son de nuestras propias filas, como más arriba sentenciaba Bismark), pues he de decir que contenidos, no me faltan nunca, no señor. Calemos juntos pues, si tiene a bien mi querido y paciente lector, el melón informativo de una semana aciaga…

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Dedicaba mi anterior entrega a la última ocurrencia prohibicionista de la enemiga de automóviles, belenes, reyes magos y circos tradicionales, Dña. Manuela Carmena y sus secuaces roji-verde-morados. Creía que el asunto, tras el “ladrillo” de mi pasada columna en estas mismas páginas, no demandaría más tinta de mi pluma. Ingenuo de mí tengo que decir. Nada más enterarse Abascal de la traición de la regidora al sector circense, reunió a sus “verdigualdas” del Comité Ejecutivo Nacional, y en tiempo casi “record” lanzaron un valiente comunicado oficial, a sabiendas de que les podrían caer chuzos de punta acusándoles de maltratadores, no sólo de mujeres, sino también de animales.

En un comunicado histórico y del cual los medios de la cuerda ni hablan, por miedo a tragar sapos que no desean, VOX, ese partido del que hasta hace poco nadie daba voz y hoy, paradojas de la vida, surte de contenidos a toda la prensa nacional, proclamaba su apoyo, defensa y blindaje legal a todas las actividades rurales, y cito literal, “expresiones culturales e identitarias de nuestro país, en las que intervengan, se usen o se exhiban animales”, bien por ocio, cultura o negocio. Y con la valentía ya característica de esta formación política, enumeraban casi uno por uno los sectores amenazados por el prohibicionismo marxista del pensamiento único: cetrería, galgos, romerías, hípica, animales escénicos, peletería, tauromaquia, ganadería, caza, pesca, taxidermia, industria cárnica alimentaria, matanzas de porcino tradicionales, romerías, gallistas, silvestristas, zoos, acuarios, vivisección, bestias de arrastre, sector mascotas, y por supuesto… los circos de toda la vida a los que la regidora municipal que injustamente sufren los madrileños (desde Tierno Galván, ni un alcalde bueno, oye…), quiere negarles su derecho al trabajo y el pan de cada día. No se han dejado éstos de VOX ni un clavo del rural por martillear. No sólo caza, toros y tradiciones como en Andalucía, no; ahora, el paquete completo, para disipar dudas sobre su compromiso. Y de paso, le han enviado un mensajito a los demás partidos: que a ver si como ya ocurrió tras las elecciones andaluzas, ahora también correrán a darse golpes en el pecho diciendo que ellos ultra-protegen más que nadie a todos los sectores anteriormente enumerados. Que esta película, perfectamente podría llamarse «Por un puñado de votos», me parece a mí.

La octogenaria y actual ocupante del trono madrileño -apuntalada ahí con la connivencia del PSOE, quiero recordar-, está a un paso de superar en ignominia a todos sus predecesores. Que me venga ahora a la memoria, en su haber cuenta con perlas como la de echar a los chinos del Hotel Plaza, de reventar la Operación Chamartín, de joder el tráfico de toda la ciudad instalando carriles-bici que no usa ni Dios (Madrid no es Estocolmo ni lo será nunca), de hundir a los comerciantes de la zona Gran Vía por expulsar a los coches de allí, y de prohibir en Navidad no sólo a Reyes Magos en cabalgatas (ella es más de reinas vestidas con manteles), sino también la peatonalidad en doble sentido de las calles Carmen y Preciados (como lo oye, amigo lector: prohibido a cualquier peatón el darse la vuelta en esas céntricas vías capitalinas). Culpable fue además la señora de contratar titiriteros delincuentes, de negar homenajes a las víctimas del terrorismo etarra en la sábana pro-refugiados que cuelga de su ventana, de criminalizar bajo excusas contaminantes a todos los conductores año tras año según llega el invierno, y, la última idiotez hasta el momento -amén de su odio a los circos-… la de convertir el tradicional Día de los Animales de San Antón, en una jornada de adoctrinamiento eco/vegano/animalista, incluyendo como actividades estrella en tan señalada fecha una Ruta Gastro/Vegana de sesenta bares y restaurantes para devora-lechugas, amén de unas charlas del novedoso grupo animalista «Free Fox» (la teta del lince ya está casi seca, y ahora los chupópteros profesionales apuntan a lobos y zorros), para mentir a los madrileños criminalizando a los cazadores, acusándolos de sádicos asesinos o delincuentes, y cargando contra ellos mediante una conferencia de apología prohibicionista a cargo de la plataforma «No a la Caza» (otra tonelada de mentiras a cargo del  “Evangelio según Carmena”). Menudo currículum acumula ya a sus espaldas la anciana señora, para desgracia de los madrileños…

Lo de Carmena, desgraciadamente, no ha sido el único despropósito de esta semana, que más hubiéramos querido todos los ciudadanos. El ecologismo patrio, representado por los “Big Five” de la política verde (Ecologistas en Acción, SEO BirdLife, Amigos de la Tierra, WWF y Greenpeace), en su enésimo intento de acabar con España y su mundo rural de usos y aprovechamientos sostenibles del medio tal y como lo conocemos, le han pedido al Gobierno que le suba los impuestos a un montón de sectores del campo, instaure otros nuevos para la caza, la pesca, el gas-oil o el deporte del esquí, y, en cambio se los bajen o eliminen a ellos. Tal cual. Y cuentan los cronistas que al parecer, las pulsaciones cardíacas de todas estas improductivas sanguijuelas del erario público, no subieron de treinta cuando con una cara más dura que el hormigón armado, le pidieron al Gobierno tal delictivo amaño. Y todo ello, en una semana en la que la prensa destapó el montante de subvenciones públicas que todos estos grupos y ONG’s -salvo Greenpeace-, se habían embolsado oficialmente en los últimos tres años: un mínimo de doce millones de euros (que se sospecha en realidad fuera una cifra tres veces mayor) de todos y cada uno de los españoles. Vivir para ver…

En esta misma semana grande de la estulticia, conocimos una vez más como la mentira, es siempre la más poderosa arma de todas las guerras, y por tanto de la política. La senadora de Unidos/Podemos-En Comú Podem-En Marea, María Vanessa Angustia formulaba una demanda al Gobierno para directamente prohibir la caza. Y lo hacía, espoleada por el bien subvencionado grupo de fanáticos vegano/animalistas LIBERA! -que es la sucursal y “brazo armado” del millonario suizo Franz Weber en España-, y usando como excusa, el vídeo del lamentable accidente del rehalero ocurrido en Extremadura con sus perros cayendo por un barranco, junto también al niño muerto accidentalmente de un disparo en una montería hace unos días. Sólo le faltó a la señora pedir al Gobierno que se prohibiera también la pocería en toda España por el accidente mortal del niño de Totalán, o del tráfico rodado por los muertos anuales en carretera. Que seguro que por su cabeza prohibicionista, sí que se le pasó…

La sarta de mentiras vomitada por esta señora en el Senado, repetida también por ella en la votación posterior de protección senatorial a la actividad cinegética y taurina, hubiera hecho sentir orgullo una vez más a Goebbels ante alumna tan aplicada. Que si la caza es violenta, que si no soluciona los problemas del campo, que si es la peor gestión medio-ambiental posible, que si no fija la población al medio, que si empobrece a las gentes del rural favoreciendo su éxodo, que si las licencias de armas las regalan, que si los cazadores maltratan niños y perros, etc, etc, etc… La lista de despropósitos en su turno de palabra se hizo incontable hasta el infinito y más allá. Se empeñaba la señora en negar cada vez que abría la boca, los datos y evidencias demostradas que contradecían sus palabras. Entre ellos, los números de la caza, hechos públicos a finales del año pasado por la Consultora Deloitte y la Fundación Artemisan, y que arrojaban un total de casi 7.000 millones de euros anuales generados por la actividad cinegética, sobre 200.000 puestos de trabajo directos y cerca de un 2% del PIB, demostrándose además que quienes más invertían en protección y conservación de la Naturaleza, eran, claro está, los propios cazadores. A pesar de ello, la roji/morada senadora sentenció, y cito literal: “Torturar, asesinar y aplaudir, no es arte ni cultura”, adelantando que su izquierdoso grupo votaría en contra.

A tenor del asunto éste de la caza y pesca, informarle amigo lector -por si lo desconociera-, pues de una serie de realidades. La primera, que España posee casi un noventa por ciento de su superficie territorial catalogada como coto de caza (45 millones de hectáreas sobre 50). Es decir, que la mayoría del suelo español es gestionado desde hace décadas y décadas cuando no siglos, por cazadores y pescadores. Y el resultado de todo ello es que, nuestro país, es el que cuenta con mayor bio-diversidad de toda nuestra Vieja Europa. Da que pensar, ¿verdad? Como también invita a la reflexión el hecho de que todos nuestros parques nacionales, anteriormente a serlos, hubieran sido de siempre cotos o reservas de caza gestionadas por apasionados practicantes de la venatoria, que los cuidaron y conservaron para que llegaran así hasta nuestros días. Entre ellos, los fundadores del WWF, de SEO BirdLife y de tantas y tantas históricas organizaciones conservacionistas de nuestro país pioneras en la protección medio-ambiental, con el recordado Dr. Rodríguez de la Fuente a la cabeza. Sí sí: Félix, era cazador; y lo fue hasta el mismo día de su muerte. Algo que los ecologistas, no le perdonaron nunca.

La izquierda ignorante de nuestro país lleva décadas intentando prohibir a los españoles su legítimo derecho a la caza y pesca. Derecho éste, vigente desde los tiempos de Felipe III nada menos. En los setenta, la intentona de prohibición venía de la mano del incipiente movimiento ecologista llegado desde el otro lado del muro de Berlín; y, modernamente, pues llegan hoy los verdes ayudados por el fanatismo urbano, populista y prohibicionista de veganos y animalistas (que son la misma cosa aunque ellos lo nieguen). Y al igual que el comunismo político, que no ha funcionado en ninguno de los países que lo ha sufrido, -dejando eso sí naciones devastadas, toneladas de miseria y millones de muertos-, la prohibición de la caza deportiva tampoco ha funcionado nunca allí donde se ha querido imponer por decreto, o enmascarada en algún plebiscito.

Fracasó a principios de siglo el prohibicionismo cinegético en la reserva estadounidense de Kaibab (Montana), convirtiendo un paraíso de bosques y vida salvaje en un auténtico desierto; fracasó en la histórica reserva holandesa de caza de «Oostvaardersplassen» (hoy, parque natural), donde cada año los guardas forestales tienen que abatir a tiros a más de mil quinientos ciervos sanos para que no mueran de hambre durante los inviernos y ante los ojos de la ciudadanía; fracasó también en Holanda cuando la presión populista pidió prohibir la caza deportiva de unos súper abundantísimos gansos salvajes devasta-cosechas. Resultado: hoy hay que gasear unos sesenta mil gansos al año; y fracasó también en el cantón suizo de Ginebra, donde los odiadores del rural y las tradiciones lograron convencer en el 1974 a las autoridades de la necesidad de un referéndum sobre el particular, prometiéndoles silenciar las armas… y que la Naturaleza se regularía sola. Votó a favor de la prohibición para la caza deportiva, tan sólo un 13’9 por ciento del electorado. Pero se aprobó. Hoy, los contribuyentes ginebrinos pagan de sus bolsillos millones de francos en sueldos a la guardería forestal, en costos de daños agrícolas, en accidentes de tráfico con fauna silvestre o en control de epidemias, viéndose los funcionarios forestales incapaces de contener la explosión demográfica de zorros, jabalíes o venados. La perdiz o el faisán han desaparecido de los bosques de Ginebra, contando este cantón el doble de jabalíes por hectárea que cualquier otro territorio de Suiza. Desde la prohibición, espoleada como no por Franz Weber, no sólo la Naturaleza no se ha regulado, sino que las armas tampoco se han silenciado. La diferencia es que ahora las empuñan guardas forestales, que le cuestan una riñonada a los contribuyentes (antes la caza generaba riqueza), y que matan a tiros a miles de animales (más de treinta mil piezas desde la prohibición). Y en Kenya, país africano que en los setenta prohibió la caza deportiva, las autoridades ya sopesan también hoy el levantar la prohibición, ante el fracaso económico y medio-ambiental de ésta en el país, asolado además de un furtivismo galopante y unos parques nacionales, ruinosos, e incapaces de auto-sostenerse.

Estos días en la prensa se habla de una foto: la de los líderes de tres partidos de centro-derecha en la Plaza de Colón de Madrid, ante más de 200.000 manifestantes y un océano de color roji/gualda. Sin embargo, para casi diez millones de ciudadanos de nuestro castigado mundo rural que miran desesperanzados a su negro futuro, sólo existe una foto salvadora: la de cuatro hombres y una mujer avanzando por una calle de Madrid en dirección a una Corte de Justicia, con abrigos y gabanes al viento, cual legendarios Wyatt Earp y sus hermanos camino del OK. Corral. Imagen llamada a convertirse en icónica y que muchos titulan ya como la de “Los Cinco Magníficos”: un quinteto que nunca olvidó sus raíces rurales, pero que en vez de dedicar volátiles promesas verbales, tuvo la valentía de ponerlas por escrito, primero en un programa electoral andaluz, y luego en una histórica declaración de apoyo y protección a nuestros campos y sus verdaderos custodios. VOX, una vez más, vuelve a poner una pica en Flandes a contra-corriente del buenismo políticamente correcto, pero con el aval de la esperanza de diez millones de votantes maltratados. Y abril y mayo, están ya a la vuelta de la esquina…

 

por Álex N. Lachhein.

Naturalista de campo, articulista en prensa, y divulgador medio-ambiental en programas de radio como «Caza, Pesca y Naturaleza” (Intereconomía Radio), o «Cuarto Milenio» (Mediaset).Álex N. Lachhein ha trabajado en varios parques biológicos de nuestro país y participado en infinidad de producciones tanto de cine como televisión, en calidad de “Animal Trainer”, siendo a día de hoy, uno de nuestros más acérrimos paladines por la supervivencia del mundo rural.Gran experto en el trabajo de comunicación conservacionista tras más de treinta años de profesión trabajando con animales de todo tipo, es hoy una de las figuras públicas más combativas y polémicas frente al alarde de analfabetismo medio-ambiental y objetivo prohibicionista, del nuevo movimiento eco/vegano/animalista que parece invadir nuestra sociedad occidental de la mano de la corrección política y el marxismo cultural.