Una Vox inquietante

Querido doble hermano: Nunca pensé que iba a ser tan apasionante este destino diplomático en Madrid, que al principio lo consideré de rutina. Me ha venido muy bien para llegar a dominar un poco la enrevesada lengua española que empezamos a estudiar en St. Andrew y luego continué yo en la Universidad de Kansas. Mi dominio de la lengua de Cervantes no me sirve para comprender lo que ahora me tiene perplejo: ¿Qué diablos es esto de Vox, que a nadie deja indiferente?

Me alegro de haberme fijado en las vicisitudes de este pequeño “partido”, que al principio más me pareció una “partida”; como si dijéramos una “banda”, que se aplica a los forajidos. Fíjate en la riqueza idiomática que supone en español el hecho de que los nombres de las cosas puedan ser masculinos o femeninos. Y todavía podemos decir “partidillo” con el diminutivo un tanto despectivo, o también “partidazo”; es decir, un buen partido matrimonial o un apasionante partido de fútbol.

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Lo que me aflige y me subyuga ahora es el general desprecio con que tratan a Vox (un “partidillo”) los dirigentes de los otros partidos y una buena porción de los comentaristas y periodistas. Es una relación que en español se dice “recelo” y que se traduce mal al inglés. Mi profesor de español, el bueno de Damián Galmés, me señala que “recelo” es una suerte de desconfianza básica con un origen lascivo. En efecto, “recelar” es propiamente la acción de poner un caballo tras la yegua para excitarla a que admita al burro garañón, esto es, al macho que va a cubrirla con el fin de parir un mulo. Trasladada la acción a los humanos, equivale a la sensación de que el otro representa una molestia, al que hay que tratar con suspicacia. El recelo es la versión hispana del resentimiento y, extremando las cosas, del odio. Es lo que expresan los gerifaltes de Ciudadanos (que se escribe “Cs” y que muchos pronuncian “Ciuanos”). Los periodistas y comentaristas no encuentran explicación a un grado tal de vesania, pues tanto Vox como Cs son de derechas, tanto o más que el Partido Popular (PP).

Para mí que la explicación reside en la estructura piramidal de los partidos políticos en España, por la que “el jefe es el que tiene más razón”. En este caso el origen de esa actitud recelosa hacia Vox por parte de la plana mayor de Cs procede directamente de la cabeza, del líder máximo de Cs, Albert Rivera. Se esconde aquí un cierto misterio, pues algunos líderes locales de Cs sí se hallan dispuestos a sentarse con los de Vox para negociar y constituir gobiernos. Pero luego llega una misteriosa directriz de la dirigencia nacional de Cs que proscribe esa relación en los términos más obstinados. El misterio debe de residir en algún detalle biográfico de Albert Rivera, por extraño que pueda parecer. Como dice los franceses, cherchez la femme. Nadie se atreve a comentarlo en público, pero es notorio que recientemente Rivera ha entablado una relación sentimental con una famosa cantante. Poco o nada se sabe de tal misterioso affair, pero sospecho que ha debido de influir mucho en el cambio súbito de la personalidad de Rivera, antaño tan abierto y expansivo, ahora tan misterioso. Ya sé lo que estás pensando, que no parece elegante inmiscuirse en los asuntos personales de los hombres públicos. De hecho, en este caso ningún periodista o comentarista lo hace, pero, como nos enseñaron en St. Andrew, yo simplemente ejerzo mi libertad de pensamiento, la que menos límites tiene.

La especial animosidad contra Vox se debe a que los otros partidos de la derecha, y de modo particular Cs, lo consideran como un competidor aguerrido, sin complejos, en contraste con las actitudes melifluas y ambivalentes que caracteriza a los partidos de la derecha. Por ejemplo, la vergonzosa “memoria histórica”, que consiste en que tanto el PP como Cs se pliegan a la hegemónica ideología de la izquierda. En este caso supone negar todo tipo de legitimidad, y aun de existencia, al bando nacional en la guerra civil de 1936, que es el ganó. Los de Vox no caen en esa trampa dialéctica. De un modo más general, el programa de Vox se alza como la verdadera oposición, no ya a los partidos de la izquierda, sino a los separatistas y sobre todo a los eficacísimos grupos de presión que dominan en la escena pública española. Los más vocales son el feminismo, el ecologismo y el homosexualismo, aunque adoptan muchos nombres y acrónimos. Así pues, la posición más decidida o radical de Vox deja en entredicho (en español dicen “con el culo al aire”) las ambigüedades de Cs o del PP. En conclusión, los líderes de Cs o del PP “respiran por la herida” (otra magnífica expresión intraducible al inglés) cuando aparece Vox en liza con su actitud gallarda, sin complejos. Para los de Cs y los del PP todo eso se desprecia y se tacha de “fascista” o de “ultraderechita cobarde”, entre otras lindezas.

Como ves, cada vez me apego más a la capacidad expresiva de la lengua española. Mi profesor Damián Galmés me enseña que una notoria función de un idioma es la capacidad que tiene de servir como una especie de tranquilizante, de desahogo. Fíjate qué hermosa palabra, “desahogo” (evitar ahogarse), como contraste mucho más expresivo de lo que nosotros llamamos tensions release, confort, relief. Añade mi amigo Damián una atrevida teoría: en el Reino Unido o en los Estados Unidos la sociedad siempre ha sido extremadamente violenta porque el inglés es un idioma que no permite tanto los desahogos verbales que tiene el español.

A pesar de todo, es un hecho universal la influencia actual del inglés en las otras lenguas, también del español. Por ejemplo, como sabes, el inglés es un idioma en el que predominan las voces monosilábicas o de dos sílabas. Suelen corresponder a las palabras de origen sajón. Pero, de un tiempo a esta parte, se ha puesto de moda la adopción de sinónimos procedentes del francés y lejanamente del latín. Es algo que da prestigio al hablante. Por ejemplo, el yes monosilábico se ve sustituido por los alargamientos de that´s correct o affirmative. Lo curioso es que esa misma moda del “sesquipedalismo” se ha adoptado en España, aunque no se necesite estructuralmente. Así, algunas veces oigo (ahora se dice “escucho”) decir a los españoles “correcto” o “afirmativo”, en lugar del “sí”. A veces optan por el ambiguo “va a ser que sí”.

Hay más. En lugar de “hoy” los políticos y periodistas dicen “a día de hoy”. En lugar de “antes” prefieren decir “anteriormente”. En lugar de una estricta negación se van a “ni muchísimo menos”. Total, que esto del español actual es una verdadera fiesta, como en tantas otras ocasiones. Ahora se explica el atractivo turístico de España. No es por el sol o por los monumentos, que eso abunda en muchos lugares. Lo que atrae es la capacidad de convertir muchas ocasiones en “fiesta”.

No me extiendo más en consideraciones filológicas, aunque ya sé que te privan tanto como a mí. Me parece que el veneno de la curiosidad lingüística nos lo introdujo en vena el viejo profesor Martins de St. Andrew. Vamos a lo práctico. Ya te dije que la boda la dejamos para el otoño. En España son muchas las cosas perentorias que se dejan para después del verano, a la vuelta de las vacaciones. Por ejemplo, las elecciones, que aquí siempre se dice en plural. Mildred tiene muchas ganas de conoceros. Aunque se viste siempre en Amazon, en este caso se está haciendo un traje flamboyant de novia en una modista de la calle Serrano, que es la de las tiendas elegantes. Creo que Victoria va a estar muy de acuerdo con Mildred y que recorrerán ávidas esa calle. Para la ceremonia yo dispongo de mi uniforme de gala, el que me hice para presentar las cartas credenciales en el Palacio de Oriente. Por lo demás, la ceremonia va a ser sencilla en la parroquia del pueblo. Ya me han dicho que aquí no se estila que los contrayentes se besen en la iglesia como símbolo del acto de desposorio. Estos papistas son más puritanos que los ingleses.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).