Una sola VOX

Querido doble hermano: He vivido con intensidad lo que aquí llaman “jornada electoral” y sus consecuencias. El resultado que considero más significativo de las elecciones es el de la Vox, una fuerza política que estaba fuera del Parlamento y que consiguió de golpe 24 diputados. Es un salto colosal, aunque aquí nadie parece valorar la hazaña.

Oficialmente, lo que importa es que el partido con más votos es el socialista, aunque tenga que compartir el Parlamento con una turbamulta de una docena de partidos. La opinión dominante de los españoles es la de aceptar que el nuevo gobierno socialista se compromete a aumentar sustancialmente el gasto público y, por tanto, también los impuestos. Me cuenta un amigo sociólogo que en España existe la creencia general de que “los impuestos los pagan los otros”. No existe nada parecido a la conciencia del contribuyente (el tax payer).

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Por cierto, me ha chocado otra particularidad de la vida cotidiana. Resulta que a los españoles se les hace cuesta arriba mantener una conversación distanciada, objetiva, sobre la cuestión que sea. Lo hacen introduciendo la anécdota personal, con referencias continuas e irrelevantes a lo que sienten ellos mismos en los mínimos sucesos de sus vidas. Es más, se ven obligados a aportar con detalle la circunstancia de lo que hacen o dicen otras personas cercanas, amigas o parientes, con nombres y apellidos. Digamos que la conversación acaba siendo una sucesión de pintorescos relatos autobiográficos de los interlocutores. El método complica extraordinariamente el discurso, pues el narrador pretende ser el centro del mundo. Supongo que estos españoles tan parleros harán buenos clientes de los psiquiatras.

Añado otro rasgo de la personalidad colectiva de los españoles, que ya te he comentado otras veces, pero que me sigue fascinando. Los españoles conversan con un tono de voz muy alto. No parece disgustarles el que uno o más interlocutores hablen a gritos. Es más, les parece un gesto simpático. Comprendo que es un prejuicio mío, heredado de la formación inglesa, este de no comprender bien el griterío de las conversaciones entre españoles.

Sigo. En las tertulias que hemos mantenido sobre el tema de las elecciones observo que el nombre de Vox lo pronuncian de distintas formas: como “Vos”, “Vo”, “Voc” o incluso algo parecido a “Voj”. A diferencia de lo que sucede con el inglés (sobre todo el de Inglaterra), a los españoles no se les plantea ningún problema de comprensión cuando las palabras se pronuncian de distintas formas. Especialmente, no parece que les preocupe mucho el sonido final. Se toleran bastantes variaciones, que son regionales y no de clase social. En una conversación cualquiera no se encuentran expresiones del tipo “perdón, no le entiendo”, tan comunes en inglés. Este rasgo facilita mucho el que un extranjero pueda expresarse con su acento y su pronunciación particular.

Me llamó la atención que, durante la jornada electoral, el dato que complacía a todos era la alta participación. En efecto, llegó al 75% del censo electoral, una proporción que en el Reino Unido o en los Estados Unidos habría parecido exagerada y hasta peligrosa. En España es general el acuerdo de que una alta participación electoral es consustancial con una democracia avanzada, cosa que no se prueba con los datos de la política comparada. Sospecho que los españoles no suscribirían fácilmente el principio de que the proof of the cake is in the eating. No creo que exista un dicho parecido en español, que dijera algo así como “el guiso se aprecia al probarlo”, cosa que en español no tiene gracia. Antes bien, en español se dice que “sobre gustos no hay nada escrito”. No es tanto un desprecio de los libros como el recuerdo del hambre acumulada durante muchas generaciones. Por eso se dice “de lo que se come se cría”. Y se añade por lo bajini: “Y criadillas comía”. Las criadillas son los testículos, aunque no te lo creas.

He comprobado que los españoles atribuyen una cualidad casi taumatúrgica a las encuestas que se levantan antes de las elecciones. No ponen en duda la capacidad de acierto de las previsiones que manifiestan los sondeos. Pero el hecho que es que tales cálculos luego se alejan bastante de la realidad. Te daré un solo ejemplo. Las encuestas publicadas poco antes de la jornada electoral anticipaban para Vox, como media, unos 32 escaños en el Congreso de los Diputados (la Cámara Baja). Realmente consiguió 24. Nadie me ha sabido explicar tal discrepancia.

Después de las elecciones, ganadas por las izquierdas, resulta que el PP (el partido conservador dominante) dice que no es de derechas sino de “centroderecha”. Otro partido de la derecha, Ciudadanos, intenta despegarse igualmente de la etiqueta derechista y dice ser “liberal”, así como hace poco se sentía “socialdemócrata”. De ese modo, la Vox permanece como la única voz de la derecha. Pero los demás les asignan la posición de “extrema derecha”. En conclusión, Vox se queda bonitamente con el difuso espacio de la derecha.

Por fin recibí la visita de Victoria, que hizo escala en Madrid, después de su último viaje a Londres. Pensó estar solo un día, pero se quedó una semana. Le extrañó el hecho de que ninguna mujer llevara puesto el mantón de Manila, que ella creía ser un complemento corriente del atuendo femenino. La llevé de acompañante a una cena de gala en el Palacio de Santa Cruz, residencia del Ministerio de Asuntos Exteriores. Se daba para el cuerpo diplomático. Se produjo un malentendido gracioso. Algunos de los comensales creyeron que Victoria era la esposa del expresidente Obama, que por esos días había venido a España para no sé qué convención turística.

A Victoria le fascinó el espectáculo humano de los cientos de personas que permanecían de pie en la Puerta del Sol (el equivalente de Picadilly Circus), al parecer sin nada en qué ocuparse y como esperando algo que podría suceder. Son un buen símbolo de esta España tan atractiva como sorprendente.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).