Un juego de tahúres

El final del verano está marcando una tensa negociación entre las fuerzas de la izquierda y el centroizquierda en aras de formar un gobierno “progresista” para España. A esto se suma la inminente (por previsible) implosión del independentismo catalán, dadas las diferencias tácticas y estratégicas entre Esquerra Republicana, la CUP, Compromís y siguen las firmas. Al ínclito Gabriel Rufián lo acusan -vaya sorpresa- de encabezar las “tesis moderadas” de la formación. Todo bien sazonado por la venidera sentencia del llamado “Procés”.

La primera circunstancia descrita en el párrafo anterior marca la agenda política de la actualidad. Pedro Sánchez, el tipo más afortunado del barrio (aunque, todo sea dicho, con una gran dosis de astucia temeraria) sigue tensando la cuerda en las conversaciones con Podemos. Ofrece poco y exige todo. Todas las fichas que arrojó sobre el paño de la ruleta están en la casilla “elecciones”. Tiene la ilusión de encabezar un centroizquierda potente que alcance los -como mínimo- 145 diputados en una repetición electoral extenuante y fatigosa para los contribuyentes. De paso, se reúne gozosamente con el candidato presidencial del kirchnerismo argentino, Alberto Fernández.

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Por el lado morado, Pablo Iglesias se resiste a aceptar ese poco (que, valga el juego de palabras, es mucho para él) y teme el descalabro electoral que podría sobrevenir en noviembre. Su antaño entenado político, Íñigo Errejón, edifica (al decir de Juan Domingo Perón, “sin prisa pero sin pausa”) un consistente tinglado político con posibilidades serias de disputarle el liderazgo de la izquierda vernácula a Podemos.

Enrocados todos en sus respectivas posiciones, el proceso electoral es inevitable. Todo indica que la partida de póquer aumentará el capital político del bipartidismo (cuya muerte se anunció con demasiada anticipación). Podemos y Ciudadanos, pseudópodos del sistema, verán muy mermadas sus posibilidades de influencia. El interrogante queda para VOX que, merced a su coherencia y ADN auténtico, continúa enhebrando una trayectoria política en la que tiene mucho por ganar.

Se viene el “no va más” del croupier. España espera.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.