Un jefe de asesinos ya es un “héroe”

En una entrevista radiofónica a un candidato a parlamentario en las elecciones generales de abril pasado, el entrevistador quiso dedicar unos minutos, y no pocos, al nacionalismo vasco. En concreto le preguntó al candidato por Eusko Alkartasuna y Aralar, dos partidos abertzales desaparecidos hace años. El político, al que se le notaba su desconcierto por la recuperación de esos fósiles, señaló que lo importante era oponerse al discurso de blanqueamiento de ETA, en el que coinciden tanto el PNV y Bildu como el PSOE, Podemos y hasta ERC. Según este discurso, ETA fue consecuencia del franquismo, una respuesta democrática contra la dictadura, por lo que los muertos y mutilados ocasionados deben considerarse fruto de ese conflicto, iniciado por los franquistas; ahora, una vez declarado por ETA el alto el fuego es responsabilidad de los españoles aceptar a los terroristas en una sociedad plural y reconciliada, hasta el punto de indemnizarles por sus sufrimientos.

Como explicó José María Ruiz Soroa, “lo de que ETA surgió como consecuencia de la represión franquista es pura patraña, lo diga Agamenón o su porquero. Surgió como consecuencia de una decisión razonada e individual de unas personas que consideraron que generar terror social indiscriminado era una buena táctica para acercarse al logro de sus fines, que eran los del nacionalismo vasco irredento y extremoso”. En conclusión, añade, “el terrorista nacionalista quiere que su pueblo sufra, es parte necesaria de su diseño táctico”.

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¿Acabaremos como Colombia?

La mayor parte de la ‘no-izquierda’, incluida la Iglesia, se encuentra tan perdida en las guerras culturales que sigue empeñada en tomar trincheras abandonadas hace mucho por sus enemigos.

La muy causal detención del jefe de ETA Josu Ternera, diecisiete años huido y capturado durante una campaña electoral, desvela el plan de integración de ETA en el sistema político, en el que por cierto ha participado el PP. El socialista Jesús Eguiguren, que fue el negociador con la cúpula de ETA enviado por Rodríguez Zapatero, ya le ha calificado de “héroe” ¡por haber detenido el terrorismo!

Ternera, responsable de ordenar asesinatos y matanzas, cuenta ahora con la defensa entusiasta de numerosos izquierdistas, aparte de la de sus hermanos ‘moderados’ del abertzalismo. Si en cambio hubiera matado durante la guerra civil y en el bando ‘sublevado’, sería calificado de genocida.

Me temo que en España acabaremos como Colombia, donde el Poder regala escaños en el Parlamento a los terroristas de la FARC a la vez que procesa y encarcela a los militares y policías que lucharon contra ellos a las órdenes de políticos civiles.

Toda la izquierda apoya los escraches

Del papel que el Imperio Progre reserva a la ‘no-izquierda’ en su nuevo régimen hemos tenido otro ejemplo esta semana: el escrache a Begoña Villacís, la candidata de Ciudadanos a la alcaldía de Madrid, realizado por un pelotón de matones de una de esas organizaciones-pantalla de la izquierda para controlar los barrios, financiar liberados y formar el discurso dominante.

Con el habitual cinismo de la izquierda, la concejal peruana Rommy Arce da la vuelta a la agresión y sostiene que a sus camaradas se les ha privado de libertad de expresión. Un columnista de El País, Jesús Ruiz Mansilla, dedicado a las ‘fake news’ sobre Franco, le reprochó a Villacís que rompirea “el buen rollo” al denunciar la agresión que sufrió. Y Mamen Mendizábal, presentadora de La Sexta, se quejó sólo de la persona escogida por la ‘patota’; o sea: “Os habéis equivocado de facha, pero vais aprendiendo, gente”.

¿Por qué toda la izquierda, y aquí no hay diferencia entre ninguno de los partidos, desde el PSOE a Bildu, aprueba los escraches? Porque ella controla la calle y los medios, y por tanto hace lo que quiere. La ‘no-izquierda’ no recibe permiso de la izquierda para ir a Alsusua, a Rentería, a Vic o a la Pradera de San Isidro, porque, dice la dueña de la legitimidad, busca provocar para ganar votos en Cuenca.

Como la ‘no-izquierda’ siga sin reaccionar, las señoras tendrán que presentar el certificado de anti-fascista cuando quieran pasear el perro por el Sardinero o el barrio de Salamanca.