Todos contra VOX

Algo serio debe estar pasando cuando todo el establishment político se pone de acuerdo en el que el enemigo a batir es Vox, la fuerza encabezada por Santiago Abascal. Los nervios suelen hacer malas pasadas y, así, desde el PP, por poner un ejemplo, se criticó a Vox por utilizar mediáticamente su papel de acusación  particular en el juicio al golpe de estado en Cataluña, y ahora se critica a Abascal por no estar dando ruedas de prensa disfrazadas de mítines, como el resto de dirigentes de los otros partidos. Y la razón es muy sencilla: de Podemos a Ciudadanos, impera una concepción de hacer política tradicional y estos partidos no pueden entender que haya otras formas de enlazar con el votante que no pase por contentar a sus críticos en la prensa, plantear sus ideas sin aristas de tal forma que no hieran los sentimientos de nadie, lanzar promesas a sabiendas que no se piensan cumplir y malgastar el tiempo de los votantes y oyentes en peroratas huecas y perfectamente intercambiables. Justo lo que no hace Vox. Por eso, aunque no quieran, al final acaban hablando de Vox, aunque sea para denostarlo.

Es inevitable. Me consta que el Partido Popular hubiera preferido correr un tupido velo de silencio y que los de Abascal no tuvieran eco alguno. Pero sencillamente, no les ha sido posible. Porque estas elecciones están definidas por dos modelos contrapuestos: quienes han luchado para mantener una España unida, quien se han movilizado contra el separatismo, quienes han defendido a los españoles, quienes han apostado por España primero y todos aquellos que renunciaron en su día a hacer lo que ahora dicen que estarían dispuesto a hacer, especialmente el PP.

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No se cuales serán los resultados del 28A, pero lo he dicho antes y lo reitero ahora: los españoles estamos hartos de que  nos tomen por tontos, útiles o no. El dóberman del PSOE no le valió de nada ante el empuje del PP de José María Aznar en 1996 y la campaña del miedo en forma de voto útil, tampoco va a dar ningún resultado, más allá de exponer la falta de confianza de quien se cree perdedor. Parece que la nueva dirección del PP hubiera perdido la esperanza en lo que dice ser, el partido aglutinador del centro-derecha y se hubiera convencido de que no tiene nada que hacer en el centro y sólo puede pescar en lo que en su día fue su caladero.  Sólo que seguir pensando en que hay votantes “de uno” es una visión totalmente obsoleta.

La izquierda teme el crecimiento de Vox porque ve en él el final de la sumisión a sus planteamientos anti-españoles, totalitarios y ruinosos. Acostumbrados a una derecha mansa y sumisa, la batalla cultural puesta en marcha por Vox les resulta letal. Porque es la batalla del sentido común contra las malas ideas y porque, por más que pesen las pésimas ideas, al final la razón tiende a imperar si se la defiende. Justo lo que nadie ha hecho de manera sistemática, como sí se ha planteado la gente de Abascal. Hay todo tipo de ejemplos, desde el galleguismo de Nuñez Feijó a los recientes guiños al PNV de Pablo Casado, con quien si parece que estaría dispuesto a  pactar. La derecha no puede con Vox precisamente por lo expuesto, porque la deja desnuda ante sus múltiples contradicciones.

Ahora, el todos contra Vox, incluyendo no sólo al gobierno y resto de partidos, sino también a la mayoría de los medios de comunicación, dependientes de la supervivencia del establishment, no es mala cosa. Al menos deja las cosas claras. Lo único de lamentar es lo que nos aguarda a partir de ahora, una campaña disfrazada de pre-campaña  interminable en la que vamos a oír de todo. Sobre todo, tonterías, como esa del diario El País en la que refiriéndose a la dirigente de Vox, Rocío Monasterio, la llamaban “la mujer de Montero de Espinosa”, en un alarde del machismo que tanto critican. Y es que la desesperación es muy mala consejera y lleva a decir auténticas barbaridades.

Si hubieran escuchado y simpatizado con el español medio y no se hubieran encerrado en sus burbujas y entramado de relaciones de “alto nivel”, tal vez todos estos partidos y sus voceros estarán mejor posicionados para abanderar el cambio que hace falta y que no se limita únicamente a un recambio de caras, siglas y colorines. Pro no quisieron o no supieron hacerlo en su momento, como si lo hizo Vox, conectando con las preocupaciones de millones de españoles, desde cazadores a agricultores y pequeños empresarios, pasando por jóvenes y padres de familia y por mujeres que no quieren ser las nuevas esclavas del feminazismo. Ahora llega la hora de la verdad. Los españoles decidirán quien les convence más y de quienes se fían para defender sus intereses. Cada día queda menos.