Steve Bannon tiene un plan

Cuando nadie tomaba en serio la posibilidad de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca, hubo alguien que comenzó a afilar sus cuchillos y se pintó la cara para la batalla. Steve Bannon, que de él hablamos, fue uno de los pocos que creyó en el magnate y antaño conductor de The apprentice y la realidad le dio la razón.

Stephen Kevin Bannon, virginiano de 64 años, pasó por todas las etapas vitales que se esperan de un white anglosaxon al uso. Su biografía se asemeja a la de un personaje de Tom Clancy: oficial de la Armada de los Estados Unidos, banquero especializado en inversiones en Goldman Sachs, productor cinematográfico en Hollywood y -finalmente- propulsor al estrellato del sitio informativo Breitbart News Network, considerado el “buque enseña” de la derecha alternativa estadounidense y uno de los pocos medios masivos en apoyar a Donald Trump en su camino a la presidencia. Convertido en asesor especial del Presidente y estratega jefe de la Casa Blanca, Bannon demostró gran habilidad para capear los temporales que asuelan a quien habite el edificio ubicado en el 1600 de la Avenida Pennsylvania, aunque tuvo que dejar sus cargos en 2018 luego del escándalo producido por la publicación de Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump, un panfleto incendiario del periodista Michael Wolff que reveló supuestos escándalos y desavenencias en la administración republicana, que incluirían declaraciones despectivas de Steve Bannon sobre el Presidente y su familia.

Lo que, en principio, parecía una buena noticia para el progresismo planetario, se convirtió en estupefacción y horror cuando Bannon anunció que dedicaría todos sus esfuerzos para construir “la infraestructura global” del movimiento “populista de derechas” que el mundo necesita. O, en palabras del New York Times: “Bannon destruyó el establishment estadounidense y ahora va a por el europeo”.

El 28 de octubre pasado, y en un encuentro que pasó cuidadosamente desapercibido en todos los medios masivos de comunicación, el analista político chileno Axel Kaiser entrevistó a Bannon, quien dejó algunas declaraciones interesantes. Para empezar, se alegró por el triunfo electoral del brasileño Jair Bolsonaro (otro apestado para la izquierda y la socialdemocracia, urbi et orbi). Afirmó que Brasil está “al borde del abismo” y que Bolsonaro (“un héroe”) puede rescatarlo, mediante el “orden y la legalidad”. Cabe recordar que Bannon se reunió con los hijos de Bolsonaro en Nueva York. El ex oficial de la Marina estadounidense no da puntada sin hilo. El encuentro con los vástagos del presidente brasileño se suman a sus reuniones con el húngaro Victor Orbán, el italiano Matteo Salvini, la alemana Frauke Petry y demás figuras de la alt-right europea. En todos los casos se preocupó por aclarar que la nueva “derecha global” no es fascista (porque no “adora al Estado” e incluso quiere “deconstruirlo”) y tampoco es racista (porque, por ejemplo, los afroamericanos y los hispanos apoyan mayoritariamente a Trump).

Pero quizá la gema escondida en el reportaje se encuentre al final. Bannon explica por qué triunfan los movimientos de derecha alternativa, conservadora e identitaria. Y los motivos son cristalinos: “Las élites son tan arrogantes que no pueden entender lo que pasó con Trump. Yo provengo de una familia de clase trabajadora y le puedo decir que esa gente ya no se sentía representada. Esto no es emocional, aunque sí hay un elemento de ello; esto es racional. La gente entiende que en la crisis financiera las élites se ocuparon de sí mismas y nunca tomaron en cuenta a la gente, hasta que apareciera un Trump. Y lo que hicimos fue decir que él era el representante de la gente y Clinton la guardiana del establishment corrupto”. Cambiemos algunas palabras y el parecido con la situacion que vive España es innegable.

Y ahí está la clave de todo. No se renacerán de sus cenizas las naciones europeas con programas electorales anticuados o recurriendo a la socialdemocracia caduca o al liberalismo obtuso: como dice Bannon, “cada vez más gente exigirá un populismo de derecha. Una vez que los millennials se sumen, va a ser la fuerza política más poderosa en el mundo”.

Aquí no hay improvisados, señores. Como diría Santiago Abascal, hay un camino a la derecha. Y Bannon -que piensa lo mismo- tiene un plan.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.