Rapinoe for president

Ya teníamos a Greta Thunberg y a Alexandria Ocasio-Cortez y ahora la trinidad del jay-que-jay se completa con Megan Rapinoe, capitana de la selección estadounidense de fútbol femenino. Para que se hagan una idea, a su lado Piqué parece Butragueño.

A no ser que usted viva en una cueva y esa cueva esté dentro de otra cueva de profundidad insondable, sabrá que se ha celebrado el mundial femenino de fútbol y que lo ha ganado Estados Unidos. No es de extrañar: allí el soccer es un deporte practicado sobre todo por mujeres y latinoamericanos. De hecho han ganado cuatro de los ocho mundiales que se han celebrado hasta la fecha. El morbo en este caso estaba servido de antemano porque Rapinoe, antes de empezar la competición, aseguró que si ganaba, no visitaría la Casa Blanca. Trump, tan bocazas como ella, le contestó en Twitter advirtiéndole que no hablara antes de acabar el trabajo. Ahora lo ha acabado de forma inmejorable y está que se sale del pellejo.

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A los 34 años, su carrera futbolística irremediablemente declina y parece que ya tiene previsto el siguiente paso. Paso que será para adentrarse en la política. De hecho, Public Policy Polling, empresa demográfica al servicio de los demócratas, sacó una encuesta afirmando que Rapinoe superaría a Trump en unas hipotéticas elecciones presidenciales. La propia futbolista se reiría en un primer momento, es de suponer, pero luego reflexionaría y se diría “por qué no”.

Al menos eso parece a tenor del discurso que dio en Nueva York. Se festejaba la victoria, pero eso había que saberlo de antemano porque, ateniéndonos a la intervención de Rapinoe, cualquiera la hubiera tomado por la presentación de una candidatura. Con su pelo corto, sus gafas de piloto, las estelas de dos o tres tatuajes y un tono que recordaba a quien ha fumado tabaco con cosas y anda compadreando por encima de sus posibilidades, aquello era el estreno de una futura líder de la revenida pero siempre fresca progresía.

Por supuesto habló del equipo, cuya valía estribaba en que “tenemos el pelo rosa y el pelo púrpura”, también tatuajes y trenzas. Además –parafraseo– en la plantilla estaban representadas la raza blanca y la raza negra, así como todas las mezclas intermedias que se pudieran concebir. Entre las jugadoras hay, continuó, heterosexuales y homosexuales, y liderarlas era un honor que no cambiaría “por la carrera presidencial”. Acto seguido, empezó a hacer campaña diciendo que ella venía a dar un mensaje de superación personal y tolerancia. Y esto no sé si es un problema, pero sin duda es una característica no sólo de Rapinoe, sino en general del fútbol femenino, donde todo parece tener una relevancia decisiva, donde todo importa muchísimo hasta el punto de que el fútbol parece una excusa.