Preguntas en alta Vox

Cartas bostwanas

Todo el mundo se ha solazado alguna vez con el relato Alicia en el país de las maravillas, que fue escrito para ser leído en voz alta. El título se traduce así en español, pero en inglés, wonderland es tanto “el país de las maravillas” como “el país de las preguntas”. En efecto, uno se queda maravillado cuando se sorprende de algo que suscita preguntarse por la razón de su presencia. Pues bien, eso es lo que me pasa a mí con España, ese país de las constantes paradojas que tanto me maravillan.

Mi interés por España se despertó mucho antes de instalarme en Madrid como embajador de mi pequeña nación. Fue en mi estatus de estudiante en el Departamento de Español de la Universidad de Cambridge. Mi tutor, David Crystal, me dio el primer día una lista de lecturas “requeridas”. Entre ellas figuraba el relato autobiográfico de George Orwell durante la guerra civil española. Me dejó atónito una observación mínima del autor. Como combatiente en una unidad anarquista, desplegada en Aragón, anotó que algunos valientes soldados llevaban un anticuado fusil o “mosquetón” con una buena provisión de balas. Lo sorprendente es que la munición no se correspondía con el calibre del fusil. Lo más curioso de todo es que los milicianos, pertrechados de tal guisa, no parecían sentirse nada incómodos.

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Me asalta ahora un recuerdo tan lejano y episódico al comprobar un suceso cotidiano en la localidad cercana a Madrid donde resido. El Ayuntamiento (que aquí se trata de Excelentísimo, como si fuera una persona) ha decidido adquirir cientos de contenedores de basura de un rutilante modelo nuevo. En todas las calles y plazas del pueblo se pueden ver alineados los nuevos contenedores. Por desgracia, los tales artefactos no encajan en los camiones de que dispone el Ayuntamiento para recoger la basura. (Por cierto, esa operación se llama “gestión de residuos”). Me asalta la sospecha de que detrás de la exhición de los contenedores hay un edil que ha debido de recibir una suculenta comisión por su trabajo. Así me lo hizo ver un dirigente de Vox en el pueblo, uno de mis “informantes” habituales, los que me ayudan a interpretar las paradojas de este intrigante país.

No es solo un caso aislado lo que te cuento. Todos los partidos políticos se muestran acuciado por “erradicar” (este es el verbo que emplean) la desigualdad entre varones y mujeres. Encomiable propósito, pero yo me pregunto cómo es que, al casarse, las mujeres en España no pierden el apellido de solteras. Es decir, no adquieren automáticamente el del marido, como sucede en los países de habla inglesa donde he vivido. Las feministas españolas no parecen sentirse muy orgullosas de ese rasgo cultural que te comento y que a mí tanto me choca.

Hay más. Los líderes políticos de la izquierda se quejan de las escasas oportunidades de las mujeres en España para equipararse con los varones en el trabajo. Pero el hecho es que son muchas las profesiones en las que los nuevos ingresados son en su mayoría mujeres. Por ejemplo, jueces, personal sanitario, psicólogos, profesores, etc. Más general es el dato de que en la población de estudiantes universitarios hay más mujeres que varones.

Bien, pero ¿qué decir de la famosa “brecha salarial”? Por tal se entiende la situación en la que, en igualdad de puestos laborales, las mujeres cobran menos que los varones. Pero, si eso fuera así, no existiría paro femenino, pus los empleadores optarían por dar los empleos a las mujeres antes que a los varones. Sin embargo, las estadísticas nos dicen que hay más mujeres en el paro que varones. ¿Cómo se explica esta nueva contradicción? ¿No será esto de la “brecha salarial” una “leyenda urbana”, como ahora se dice?

Mayor acuerdo existe todavía en lo que aquí se llama “violencia de género”. Es un eufemismo importado para indicar el uxoricidio, esto es, el abominable hecho de que el marido mate a la esposa o equivalente. De nuevo los partidos de izquierda se aprestan a “erradicar esa lacra”. Así lo dicen y lo repiten, pero, como todo el mundo sabe, es imposible que los delitos sean erradicados de una sociedad, es decir, eliminados de raíz. Bastante es el objetivo de hacer que disminuya la tasa de uxoricidio, que, por otra parte, es muy baja en España.

Hay más paradojas. Casi todos los políticos suelen echar pestes contra los Estados Unidos, pero se extasían con algunas de las instituciones de ese gran país. Es el caso de la devoción que suscitan las “elecciones primarias” para elegir a los candidatos electorales de los partidos. Pero sucede que en España no existe un registro de votantes o simpatizantes de cada partido, condición necesaria para que pueda darse una votación mínimamente democrática. Pero lo más grave es el hecho de que en las “primarias” de los partidos las ganan casi siempre los candidatos favoritos de la dirigencia correspondiente. Es lo que se llama el tirón oligárquico de las organizaciones.

Lo más curioso de todo es que, una vez más, solo un minúsculo partido como Vox se plantee los interrogantes que yo me acabo de hacer. Lo que digo, España es el país de las maravillas.

 

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).