¿Por qué Santiago Abascal es el Blas de Lezo del siglo XXI?

Tras haber leído el titular de este escrito, es probable que hayas reproducido una estentórea carcajada y espetado un “más quisiera Santiago Abascal”. No puedo negar que pretendo que te descojones un poco con mi artículo, puesto que es del género patriocómico, pero, a su vez, creo poder convencerte de que el líder de VOX es lo más parecido a Blas de Lezo que hay en pleno siglo XXI. Es más, visto el percal y el nivel, no es necesario ni que me esfuerce en demostrártelo.

Santiago Abascal es lo más parecido a Blas de Lezo que tenemos, para empezar, porque es el único político que se atreve a pedir una película basada en su insigne figura. Si alguien puede merecerse esta atribución igual que él es Javier Ortega Smith, su aguerrido Sancho y delfín político. A Rocío Monasterio, le otorgamos la condecoración de Isabel la Católica, que suena más femenina y por consiguiente, más acorde al “cada oveja, con su pareja” de la formación verdigualda.   

PUBLICIDAD

En segundo lugar, Santiago Abascal es lo más cercano a Blas de Lezo que tenemos, porque es el único garante de la unidad de España a medio y largo plazo. Sin él, dentro de unos años, nuestra Patria acabaría feneciendo o si no, languideciendo a la mínima potencia.

Prueba de esto último es que el PP y Ciudadanos la terminarían vendiendo al multiculturalismo y por ende, a la invasión, al suicidio de nuestra civilización sacrosanta y milenaria. Naranjito, además, reduciría la historia y la grandeza de esta hispana tierra a una provincia de unos Estados Unidos de Europa, proyecto nacional hostil a la soberanía de las naciones que integran el viejo continente. La unión en la diversidad nos hace más fuertes, además de cristianos y cultos.  

Otra señal de que Santiago Abascal es el Blas de Lezo del siglo XXI es que es el único político que, en nombre de su partido, ha colado una Bandera de España gigante en Gibraltar, y el único que ha reclamado, a viva voz y a viva VOX, su justo retorno a nuestra Patria.

Quien planta cara a la Pérfida Albión con tamaño descaro y valentía en este progre milenio, merece que le relacionen con Blas de Lezo, el azote rojigualdo de la corsaria Inglaterra.       

Del mismo modo que he aureolado a Santiago Abascal con el calificativo de “El Blas de Lezo del siglo XXI”, también, podría decir, sin rubor ni temblores de muñeca, que es el fideicomisario patrio de Don Pelayo y de Fernando III el Santo. Y cuando gane las elecciones, le entronizaré con el apelativo de “El Felipe II contemporáneo”.

Le pido, desde estos renglones, a Enrique Cerezo, honorable presidente del Atleti (el mejor equipo junto al Betis, manque ambos pierdan), que si cumple con su promesa de producir una serie de Blas de Lezo, tenga la deferencia de poner a Santiago Abascal como protagonista.

El elevado voltaje de las críticas y rapapolvos que recibiría, unido al clamoroso ruido de los vítores y aplausos, convertirían a esta producción en un fenómeno de popularidad mundial, lo que las lenguas modernas llaman “trending topic”.  

por Don Pepone.

Español a degüello y a porfía, incluso para pecar. Cristiano viejo y católico devoto, arruinado de rancio abolengo o nuevo pobre (de esos que llevan Loden dentro de un coche desvencijado), instruido en las letras (todo un diccionario con patas vigorosas y adiposo vientre), amén de un guerrero indomable (de aquellos que todavía enristran la falcata íbera y empuñan guadañas), pero, también, me considero algo truhán, pillo, bandolero, zascandil, amante del vino, pecador de gula (sólo con comida española, que conste) y expichabrava o donjuán redimido, siempre leal a su Doña Inés, además de obnubilado por su refulgente belleza. Me caracterizo por ser un hombre atemporal, la salvación de cada época, según el ilustre Chesterton. Soy un caballero medieval exiliado en el siglo XXI, un sevillano de corazón y costumbres metido en el cuerpo de un madrileño, un campechano condenado a vivir como un urbanita, un Quijote adicto a embarcarse en batallas perdidas, hasta el punto de ser capaz de apostatar del Real Madrid para arrodillarse ante el Atleti y curvarse ante el yugo del Betis. Este soy yo y esta es mi circunstancia.