Pacto Mundial para la Migración o la destrucción de Occidente

El Pacto Mundial para la Migración de Naciones Unidas fue aprobado formalmente ayer lunes en Marrakech (Marruecos), en una conferencia intergubernamental que reunió a casi 160 países.

Lo que ayer sucedió en Marrakech no es más que la culminación momentánea de un largo proceso que tiene una evidente y sola intención: la destrucción de Occidente.

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Una destrucción que se opera mediante la política de sustitución de población que viene teniendo lugar en las últimas décadas y que, a la vista del auge del identitarismo en el continente, es necesario acelerar. La afluencia demográfica ha alcanzado caracteres de invasión en muchos países de Europa, pero los europeos no se acostumbran y, lejos de adormecerles, la situación parece estar despertándoles peligrosamente. 

Impulsada por la ONU -agente esencial en todo este proceso- lo acordado en Marrakech es la legalización de esa invasión, que en adelante estará protegida por las leyes internacionales bajo el eufemismo de una “migración segura, ordenada y regular”, y que obligará a obedecer las decisiones que se tomen desde las instituciones transnacionales mundiales.

El objetivo no es solo organizar activamente los flujos demográficos, sino el asentamiento económico y social de los inmigrantes en las sociedades de acogida y la asunción de sus formas de vida y cultura, así como la determinación del volumen que debe ser aceptado por cada estado, al margen de la relación con las necesidades de la sociedad de acogida y con la compatibilidad cultural entre aquellos y esta.

Aunque la ONU se ha cuidado de recalcar que el pacto no es vinculante, está resultando lo suficientemente alarmante como para que Estados Unidos, Australia, Israel, Italia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungria, Austria, Bulgaria, Bélgica, y Suiza se hayan opuesto al mismo en defensa de la soberanía nacional.

No duden de que la partida que se está jugando es exactamente esa: la que enfrenta a los globalistas y a los patriotas. Todo lo demás, es un reflejo. 

 

por Fernando Paz.

Fernando Paz Cristóbal, nació en Madrid, en cuya universidad complutense estudió historia, a lo que se ha dedicado profesional y vocacionalmente durante estos años. Además de profesor, ha publicado cinco libros de su mano y ha participado en otras dos obras colectivas. Colaborador en varias publicaciones digitales, interviene con regularidad en los medios del grupo Intereconomía, en cuya televisión dirige y presenta diariamente un espacio dedicado al mundo de la historia y la cultura, “Tiempos Modernos”.