Negociaciones: hasta el último minuto

El sistema bipartidista ha muerto… al menos por mucho tiempo. Ahora nos toca ‘disfrutar’ del parlamentarismo modelo holandés o belga: Gobiernos con media docena de partidos que se reparten carteras ministeriales. ¿Y quién es el que puede imponer sus condiciones? Paradójicamente el más pequeño. Ya lo hemos visto con el PNV, por cuyos diputados tanto el PP como el PSOE están dispuestos a pagar su peso en oro y competencias. Ahora Pedro Sánchez los ha colocado en el Congreso en un sitio privilegiado.

En esta partida, Vox no tiene que dejarse amilanar, tal como hace el presidente Donald Trump, que está aplicando en política internacional sus métodos de negociación y ganando una batalla tras otra. Pero como me gusta también recurrir a precedentes españoles, quiero recordar el consejo que dio el vasco Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, al general Franco, durante la negociación en 1968 con el Gobierno de Estados Unidos para la renovación del convenio de defensa entre ambas naciones, que regulaba las bases norteamericanas en España. En este proceso, el ministro esperaba obtener mayores ganancias para España a cambio de soportar el riesgo de ataques nucleares.

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Castiella se fiaba tan poco de ‘nuestros aliados’ que, cuando se encontraba en Washington envió a su jefe de gabinete, Marcelino Oreja, con una carta dirigida a Franco, que recoge Jesús Palacios en su libro Las cartas de Franco. Prefirió el avión de Iberia a las claves telegráficas y las comunicaciones telefónicas entre la embajada y el Ministerio en Madrid porque se temía que estuvieran pinchadas por el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional o cualquier otra agencia.

Castiella primero le decía a Franco que Washington estaba “interesadísimo” en renovar los acuerdos  y luego, desde su experiencia de nueve años como embajador (algunos de esos años transcurridos en esa escuela que es el Vaticano) y once como ministro, añadía: “sé que hay que ser tenaces para lograr el máximo para la Patria. Es en los últimos minutos cuando la firmeza se paga”.

En sus memorias, Oreja da más detalles sobre esas negociaciones. Los norteamericanos jugaban a apurar los plazos para la renovación y a la vez, a través de su embajador en España, asustaban a los ministros militares con las consecuencias de la pérdida de los acuerdos: aislamiento, indefensión ante un ataque ¡de Argelia!… Al final, Franco destituyó a Castiella por ése y otros motivos y le sustituyó por Gregorio López Bravo, ministro de Industria. En 1970, se produjo la renovación de los acuerdos después de las prórrogas… y Washington, tanto dan aquí los republicanos como los demócratas, se olvidó de todas las promesas hechas.

Algo parecido está soportando Vox desde las tertulias y los partidos: “o regalas tus votos o vendrán los rojos”; “vota a favor del candidato y luego participarás en el gobierno”; “vas a desencantar a tus votantes”… En el Parlamento andaluz, Vox presentó una enmienda a la totalidad del proyecto de Presupuestos de la Junta y ha obtenido lo que quería. Incluso Ciudadanos, tan exquisito, ha tenido que aceptarlo.

La frase que debe grabarse hasta el último concejal de Vox en un pueblo de cuyo voto depende la alcaldía es: “Es en los últimos minutos cuando la firmeza se paga”.