Marion Maréchal: ‘Todo lo que causó la desunión de la derecha ya no existe’

La sobrina de la presidente del Rassemblement National (RN) revela algunos de sus objetivos futuros. Uno de ellos, muy ambicioso: «Hacer que los franceses que han surgido de las distintas corrientes de la derecha arraiguen en un futuro común».

A finales de mes usted participará en una «convención de la derecha». Esta vuelta tan política, ¿es un retorno?

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Yo no la considero un retorno. Me pidieron que participara como oradora. Respondí afirmativamente porque comparto los objetivos de la convención: diseñar y profundizar, mediante el debate y la reflexión, una visión de la sociedad alternativa al progresismo, encarnado hoy en día por Emmanuel Macron. Es decir, cómo salir de la lógica sectaria para quebrar los diques de ayer y unir, en un acontecimiento común, a las personas que han surgido de corrientes y familias políticas distintas. Es una declaración de independencia de la derecha frente al progresismo, el multiculturalismo y el librecambismo. Una ruptura para pasar página a todas las traiciones, los rechazos y la confusión que rodean desde hace demasiado tiempo al término «derecha» y devolverle el mérito que tiene. Pero que quede claro, no se trata de la creación de un movimiento político, lo que no es óbice para que esta convención no tenga un seguimiento.

Esta convención tiene como objetivo crear un espacio de diálogo entre las derechas. ¿Tiene aún sentido, visto su estado, esforzarse por conseguir una unión a la derecha?

Lo que me interesa, en primer lugar, es hacer que los franceses que han surgido de las distintas corrientes, a saber: soberanistas, populistas, liberal-conservadores, derecha nacional…, arraiguen en un futuro común. Es un enfoque sano, sobre todo porque no entiendo qué es lo que justifica que siga habiendo estas barreras entre nosotros. Todo lo que ha contribuido a desunir a la familia de la derecha ya no existe. La brecha entre gaullistas y antigaullistas que surgió tras la guerra de Argelia es necrología política. Como lo es también, en materia económica, la desregulación y el libre intercambio total, preconizados por la derecha en los años 80. Hace años que ha surgido en la derecha una crítica al neoliberalismo como también una defensa del proteccionismo ante las consecuencias desastrosas que ha tenido, en términos ecológicos y sociales, el libre-intercambio desenfrenado. El hundimiento de Les Républicains [LR sus siglas en francés] en las últimas elecciones europeas es una oportunidad. Esto obliga a esta derecha a salir del cajón de sastre en el que se ha perdido con el centro desde hace tiempo. No creo en una unión entre LR y RN. LR sigue siendo un partido sumamente ambiguo en su contenido, en sus ambiciones como también en las personalidades que lo forman. Creo, en cambio, en las coaliciones, como hemos visto en el extranjero. Coaliciones de gobierno que, a pesar de las diferencias, lleguen a formar un frente común para defender los intereses de Francia. Esto es hacia lo que yo tiendo.

Patrick Buisson, que ha sido durante tiempo el portavoz de una unión de la derecha, cree que usted está «obsoleta» y prefiere llevar a cabo una alianza populista en el seno de un gran campo antiliberal, para enfrentarse a Emmanuel Macron. ¿Qué le responde?

Su La Cause du peuple es uno de los ensayos más admirables del mundo contemporáneo que yo haya leído nunca. Fue importante en mi recorrido político. Existe el mundo de las ideas, en el que abundan los análisis muy interesantes sobre los nuevos desacuerdos como el que opone a los liberales y los antiliberales, o a los mundialista y los antimundialistas. Y después está el mundo electoral en el que los desacuerdos, aunque pueden parecen muy satisfactorios a nivel intelectual, se revelan inoperantes en el plano político. Nadie llega a un acuerdo sobre el contenido de la palabra «liberal» por la simple razón de que concuerda con realidades diferentes, ya se trate de liberalismo filosófico o de liberalismo económico. Lo que me enfada en estos desacuerdos, es que han sido creados por los progresistas para su beneficio. Tienen como efecto limitar el voto a contingencia material dividiendo a la sociedad en dos bloques. Por un lado, los vencedores de la mundialización, habitantes de las grandes metrópolis, de más edad que la media y relativamente homogéneos en términos de voto. Por el otro, un bloque que agrupa a los perdedores de la mundialización, los desfavorecidos, que forman, solo ellos, un grupo mucho más heterogéneo y, por consiguiente, difícil de unir, sobre todo en las urnas. Es, además, una modo de enfrentar a los franceses de las ciudades con los franceses del medio rural, alimentando un voto de clase. Rechazo este enfoque de tipo marxista de la sociedad. Sigo creyendo que la nación está aún suficientemente viva como para que el voto esté exclusivamente movido por contingencias materiales. Además, es obligado constatar que el diálogo con los los antiliberales de izquierdas es complicado, porque suelen ser internacionalistas, multiculturalistas y socialistas a nivel económico.

Usted reivindica su ser liberal-conservadora. ¿Qué significa?

No soy una ideóloga, las etiquetas son, con demasiada frecuencia, una prisión; más aún porque nadie tiene la misma idea. El término «liberal-conservadora» tal como yo lo entiendo asocia, por un lado, la defensa de la economía de mercado y, por consiguiente, de la iniciativa privada, dándole amplio margen para que pueda crear empleo, contribuir a la sociedad, crear solidaridad local y permitir la innovación. Por el otro, el conservadurismo, es decir, que la economía de mercado no significa la comercialización del conjunto de la sociedad. Sí a la libertad, pero una libertad que se inscribe dentro de la herencia nacional y pone límites a los excesos de la naturaleza humana a través de las tradiciones, los valores y la moral.

¿Cree usted que Emmanuel Macron, con ocasión del último G7, ha conseguido que se recupere la imagen de Francia?

¡Lo que constato, sobre todo, es que Macron descubre de nuevo las ventajas del bilateralismo después de haber sido un heraldo del multilateralismo! Sería satisfactorio que comprendiera que, al defender un ejército europeo, está de hecho defendiendo una diplomacia europea y renunciando, por consiguiente, a la voz francesa autónoma e independiente que él ha intentado hacer oír en el G7.

La primera vez que pude tener en una relación más directa con Emmanuel Macron fue cuando yo era diputada, con ocasión del caso Alstom, joya industrial que fue adquirida por una empresa estadounidense tras lo que parece una increíble maniobra del Estados Unidos para hacer caer a esta empresa francesa bajo su amparo. Un escándalo de Estado. Emmanuel Macron, entonces ministro de Economía, defendió esta compra por parte de General Electric e hizo de intermediario de todos los argumentos estadounidenses. Llegó incluso a defender esta operación ante la Comisión europea. Por cierto, su antiguo consejero se convirtió en el jefe de Général Electric France después de la adquisición. Resultado: unos conocimientos malvendidos a los estadounidenses, una pérdida de independencia y de empleos. Tampoco he podido olvidar su papel activo en la venta de Technip a Estados Unidos. Una fusión presentada como «de igual a igual», cuando en realidad Technip tenía el doble de volumen que KLM antes del acuerdo. Resultado de las compras: 2.500 patentes desplazadas, una dirección que pasó a estar en manos de Estados Unidos, la sede en Londres… Permítame que ponga en duda que Emmanuel Macron sea un defensor incansable de los intereses de Francia. Ha sido el portavoz de los intereses extranjeros y el sepulturero de los intereses estratégicos de nuestro país.

¿Qué opina de su balance económico?

Macron ha sido elegido por su credibilidad económica, resultado a medio mandato: un código laboral que ha pasado de 3.600 a 3.900 páginas (tal vez podría ser útil que se inspire en Trump, que ha impuesto que para que se adopte un reglamento, hay que suprimir dos), la renuncia a la vuelta al equilibrio del déficit público, el aumento de la retención obligatoria, un empeoramiento del déficit comercial, el informe de la medida estrella del impuesto sobre bienes inmuebles… En realidad, veo a Emmanuel Macron, sobre todo, como un presidente joven que piensa sólo en un electorado de personas mayores, por lo que tiene gran interés en mantener el status quo que beneficia a la generación de los baby-boomers.

Pero sobre todo considero que este presidente, presentado como un liberal, ¡es uno de los más liberticidas! En sólo dos años, el estado de urgencia ha pasado a ser permanente, se ha votado la ley Avia (sobre los contenidos de odio en internet, ndr), se ha intentando limitar el derecho a manifestarse, se ha votado la ley anti-fake news, se censura a lo loco en las redes sociales…

Nuestro presidente es un talentoso director de cine, que transforma en debates los temas que no quiere abordar. El gran debate nacional, que ha costado millones de euros, no ha desembocado en nada. Y mientras esperamos un debate sobre la inmigración, jóvenes franceses son asesinados debido a la permisividad migratoria y la negligencia política.

¿Tiene pensado dedicar tiempo a las próximas elecciones municipales, respaldando algunas candidaturas?

No. Y por las mismas razones que me han empujado a no dar consignas de voto con ocasión de las últimas elecciones europeas: temo perjudicar mis nuevos compromisos. No quiero ser la portavoz de un partido, aunque no reniego de mis compromisos pasados. Sigo pensando que el RN es indispensable para la vida política, aunque no basta para transformar el intento. Ahora mi combate es educativo, cultural; mi universo es el de las ideas, no el de las urnas.

Algunos representantes electos de LR, con los que usted comió en el mes de junio, quieren organizarse dentro de su partido. ¿Piensa usted influir en la presidencia de LR?

Ni me adhiero a ese partido, ni soy militante del mismo. No es mi lucha. Por otra parte, es una elección ya sabida. Con la elección de Christian Jacob, es el mantenimiento del status quo, de la alianza en el centro y la puerta de entrada a todos los «compatibles con Macron». No comprendo nada de esta elección si bien Julien Aubert y Guillaume Larrivé tienen ideas interesantes, incluso la supresión del ius soli. Prueba que las cosas siguen avanzando.

Usted es objeto de numerosos ataques procedentes de su antiguo partido, el RN; algunos de sus miembros sospechan que usted quiere suplantarlos. ¿Qué les responde?

Esto no me impide dormir por la noche. Creo que estas personas que hablan sistemáticamente en la prensa con la protección del anonimato no se dan cuenta de que nuestros objetivos deberían ser los mismos: que lo fundamental de las ideas que compartimos llegue a asuntos que nos importan y que sean aplicadas. No estoy aquí para defender el cargo de algunos. Hay dos tipos de hombres en política: lo que tienen un destino y lo que tienen una carrera. No estoy segura de que quienes murmuran puedan ni siquiera acceder a la segunda categoría.

Publicado por Charles Sapin en Le Figaro.

Traducido por Verbum Caro para eldebate.es

por elDebate.es.

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