Los (ignorados) mártires coptos

Los coptos – los supervivientes de los cristianos que resistieron la invasión árabe del siglo VII.- se cuentan entre las comunidades cristianas más antiguas del mundo; de hecho, llevan en Egipto mucho más tiempo que el islam, pues Egipto fue, después de Palestina, uno de los primeros lugares evangelizados, en este caso por el apóstol san Marcos a partir de las comunidades hebreas de Alejandría. Por cierto que allí nació el simbolismo de la cruz, el más universal de los símbolos que en el mundo son y han sido.

Su peculiaridad teológica, y la razón de su singularidad religiosa, es que los coptos – “egipcios”, en griego – profesan una especie de cristianismo congelado en el siglo V, de una naturaleza  monofisita que, celosa de la divinidad de Cristo, niega su humanidad.

Hoy, las comunidades coptas sobreviven como pequeños arrecifes en el océano de hostilidad islámico. Aunque las principales ciudades egipcias cuentan con su barrio copto, en el que se hacinan tal y como lo hacían durante la edad media, los cristianos constituyen una despreciada minoría que no suma más allá del 8 % de la población, quedando fuera de la administración y del ejército, marginados desde tiempo inmemorial en la sociedad y por los distintos gobiernos del país.

Por si esto fuera poco, de vez en cuando los grupos más radicales de confesión musulmana desfogan contra dichas comunidades todo su odio y frustración. 

Eso es lo que sucedió el pasado viernes 2 de noviembre en la provincia del Minya, a unos 250 kms al sur de El Cairo, cuando un comando del Estado Islámico – bien asentado en el Sinaí – atacó una caravana de tres autobuses en la que viajaban fieles coptos hacia el monasterio de San Samuel; el resultado, por ahora, es de siete muertos.

No es la primera vez. Hace año y medio, el ISIS asesinó a 28 coptos en la misma zona, la mayoría de ellos niños. Por las mismas fechas, casi un centenar de cristianos salieron del Sinaí tras una cadena de atentados que sumar a los ataques contra iglesias y comercios coptos llevados a cabo en los últimos años.

Todo ello ha propiciado un éxodo de coptos a distintos países de Europa y América que está mermando la ya de por sí escasa presencia en su tierra natal egipcia, como ha sucedido en otras regiones del Próximo Oriente de las que han desaparecido buen número de milenarias comunidades cristianas, sin que a una Europa tan sensibilizada por todo género de causas se le haya alterado un solo músculo.

El martirio que padecen esos pobres coptos genera, todo lo más, una cierta incomodidad, sobre todo porque reproduce la descarnada bestialidad yihadista que estamos empeñados en ignorar.

por Fernando Paz.

Fernando Paz Cristóbal, nació en Madrid, en cuya universidad complutense estudió historia, a lo que se ha dedicado profesional y vocacionalmente durante estos años. Además de profesor, ha publicado cinco libros de su mano y ha participado en otras dos obras colectivas.Colaborador en varias publicaciones digitales, interviene con regularidad en los medios del grupo Intereconomía, en cuya televisión dirige y presenta diariamente un espacio dedicado al mundo de la historia y la cultura, “Tiempos Modernos”.