Lo que la izquierda oculta

No hablaré de los cuatro tipos que hace unos días violaban a una mujer en Alicante. Ni de cómo se sirvieron, con premeditación y alevosía, de las drogas y el alcohol para consumar su brutalidad.

Sí me referiré, en cambio, a la discriminación, la censura y el racismo feroz y endofóbico del que vuelven a ser víctimas los españoles por parte de una izquierda que, ironías de la vida, comete a menudo la desvergüenza de proclamarse antirracista.

PUBLICIDAD

¿Dónde están ahora las miles de mujeres que, en nombre del supremacismo feminista, invadieron hace meses las calles para linchar civilmente e imponer a los tribunales el linchamiento penal de la “manada”?, ¿por qué no se les ve?. ¿Y los dirigentes podemitas que entonces llamaban al incendio social?, ¿por qué no se les oye? En cuanto a los medios de comunicación que entonces avivaron el fuego hasta el extremo, ¿por qué pasan ahora de puntillas sobre un delito que atenta de manera flagrante contra la dignidad de la persona?

¿A qué se debe esta diferencia en el tratamiento del delito?, ¿acaso la chica agredida hace unos días no merece, como persona, una campaña de plañideras como la orquestada por la jauría social-comunista tiempo atrás? ¿O acaso el matiz no resida tanto en la víctima, como en los agresores?

Es costumbre ya, no solo en España, que las elites políticas y mediáticas de izquierda hagan lo posible por ocultar la nacionalidad del delincuente, cuando quien delinque es de origen extranjero, y que dicha censura informativa -llamémosla por su nombre- lleve aparejada una indulgencia de la que nunca disfrutará el delincuente cuando su nacionalidad sea española.

Ocioso es decir que no siento ninguna simpatía por malhechor alguno, ya sea español o extranjero. Pienso que en uno y otro caso, han de ser igualmente reprobados y condenados sus delitos. Por eso, me resulta inadmisible pensar que un acto de violación merezca una cobertura mediática y política más favorable cuando el delincuente es foráneo. ¿Cómo negar la naturaleza racista de esta actitud?

A pesar de lo cual, no lo ven así nuestras queridas izquierdas. Éstas, a la par que acusan de racistas a quienes defienden el derecho preferente de los españoles sobre su tierra, no dudan en amparar, manipular o incluso, silenciar la actividad delictiva de la población de origen inmigrante. La paradoja es que este trato discriminatorio, este racismo anti-español, esta censura mediática, impropia de un régimen que se dice democrático, lo justifican en aras de evitar hipotéticas discriminaciones contra el inmigrante. Dicho de otro modo, preservamos la identidad extranjera del maleante, para evitar su posible discriminación, aunque ello suponga discriminar al español en relación con el foráneo.¿Se puede ser más hipócrita? Se puede.

Y es que en esto, como en casi todo, la izquierda mediática y política mienten,  toda vez que en su razonamiento, de pureza goebbelsiana, piensan que, a fuerza de repetir una falsedad, esta terminará siendo verdad para quienes la escuchan. Pero se equivocan.

Afortunadamente, para disgusto de los totalitarios, la verdad suele acabar imponiéndose, por mucho que se empeñen en ocultarla o manipularla. Y la verdad, en este caso, no invita a la confusión: casi la mitad de los crímenes machistas en España son cometidos por extranjeros, ello a pesar de que la población inmigrante, según datos del INE, no llega al 10%. Un alarmante porcentaje que tiende al alza cada año. Los números cantan: en 2014 el porcentaje fue del 32,7%, en 2015 del 26,7%; en 2016 del 34,7%; en 2017 del 33,3% y en 2018 del 38,3%.

Al parecer, los españoles ni somos tan machistas, ni somos tan malvados como nos quieren hacer creer. Como vemos, la ratio de agresiones machistas es muy superior entre la población extranjera. Si es innegable, por tanto, que existe una relación causa-efecto que redunda en un crecimiento del crimen machista en España, se evidencia que la solución no pasa por mirar hacia otro lado, ni, mucho menos por seguir importando la inmigración ilegal masiva. Se hace preciso adoptar propuestas valientes que rompan con esta gran farsa que adultera nuestra identidad, quiebra la convivencia, e hipoteca el futuro de los españoles.

Mientras tanto, las izquierdas pro-mundialistas continuarán con su palabrería, negando unos hechos que no convienen a su hegemonía ideológica. Como hasta ahora, tratarán de confundir al español a través de manidos subterfugios Y, desde luego, seguirán avalando la invasión de inmigrantes ilegales como la gran panacea que habrá de acabar con nuestros males. Ahora bien, lo que es seguro es que no lo harán por humanitarismo, sino en defensa de sus particulares intereses, como hicieron siempre.

La buena noticia es que cada vez son más los españoles que abren los ojos y se suman a la resistencia frente a los totalitarios.

Óscar Rivas es abogado, politólogo y profesor