La VOX que nos circunda

Querido doble hermano: Cuidado que me esfuerzo, pero cada vez entiendo menos a los españoles en cuanto animales políticos (en el sentido de Aristóteles). Los tengo por realistas, pragmáticos, moderados; algo así como los ingleses del Mediterráneo. Sin embargo, luego votan en su mayoría a los partidos que propugnan el incremento del gasto público, es decir, del dinero de todos que llaman impuestos. A decir verdad, el PP ha gobernado muchos años y siempre decía que iba a moderar el gasto público, pero en la realidad sucedió todo lo contrario. Es decir, en esto como en otras cosas, el PP se plegó al intervencionismo de la izquierda, que, por lo visto, es lo que priva. En España no hay mentalidad de “contribuyente” sino de “recipiente”. El ideal de los españoles es ser funcionarios y cobrar todo lo que se pueda del Estado, aunque solo sea el subsidio de desempleo o la ayuda a los inmigrantes sin papeles.

Ahora solo tenemos ese minúsculo partido del que tanto te hablo, Vox, que insiste en que hay que bajar los impuestos, el nivel de gasto con el dinero de todos. Por desgracia, Vox no está en ningún Gobierno; por tanto, no sabemos si, cuando llegue a mandar en algún sitio, influirá para que el gasto público se contenga, aunque solo sea el capítulo de las onerosas subvenciones.

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Se entiende que los líderes de todos los partidos (menos Vox) propongan un mayor gasto público. De esa forma se incrementa también la posibilidad de ejercer el poder para repartir cargos, nombramientos y todo tipo de favores a sus fieles. Esa es la esencia del poder político en España. No en vano dicen que Maquiavelo se fijó en Fernando el Católico para escribir sobre las cualidades del Príncipe, no el hijo del Rey sino el hombre del poder.

Por todo lo que te digo, me sigue fascinando la extraña posición de Vox, que insiste en bajar los impuestos. Encima, los demás le colocan el sambenito de “fascista”, cuando, por este lado, le correspondería más bien el epíteto de “liberal”, que es aproximadamente lo contrario. Pero te insisto en que muchas cosas de la vida pública española parecen colocadas al revés. Te recuerdo que Madrid es la única capital europea que no está colocada al lado de un río o del mar.

Lo que menos entiendo es la contumacia de Ciudadanos (el partido con ese extraño nombre) de no querer relacionarse con Vox. Se suma a tal movimiento el del presidente Sánchez. Un antiguo ministro socialista, un tal Solchaga, remacha que Vox es “antidemocrático”. ¿Cómo, entonces, Vox es legal? Por lo demás, el ostracismo al que se quiere someter a Vox es solo aparente, puesto que los voxeros tienen ya diputados y concejales que pueden hacer oír su voz en muchas tribunas públicas y en los medios. Al menos es una posibilidad teórica. En España siempre hay que distinguir los planos de la teoría y la práctica, los principios y la realidad.

La conjura del silencio contra Vox la llevan a cabo los medios de comunicación que podríamos llamar establecidos. Una prueba reciente de lo que digo es que, al informar sobre el juicio sobre el reciente golpe de Estado en Cataluña, los principales medios han ocultado las intervenciones de la acusación particular, representada por Vox, en la línea de una ardorosa defensa de la Constitución. No se me alcanza por qué los otros partidos no han ejercido la acusación particular en el citado juicio.

Desciendo a los detalles familiares. Te participo que Mildred anda empeñada en que nos casemos cuanto antes, pues ya somos mayorcitos. Ella sostiene que “no es bueno que el hombre esté solo, aunque sea del Cuerpo Diplomático”. Naturalmente, la venezolana no tiene ninguna duda de que la boda debe ser por la Iglesia. Te diré que en España siempre que se dice “la Iglesia” es la católica. Así que aquí me tienes siguiendo las huellas de Chesterton y de otros tantos anglicanos ilustres que se volvieron al hontanar del catolicismo. El camino no parece difícil, pues somos muchos los que entendemos que Tomás Moro (así lo llaman en España) fue un “hombre para todas las estaciones”, un “tío legal”, como se dice en la jerga de la calle en España. No somos tan comprensivos con Enrique VIII. Para serte sincero, las iglesias católicas con profusión de imágenes me resultan más humanas que las anglicanas. Dios es un ser abstracto en grado sumo y no digamos el Espíritu Santo. Jesucristo impone demasiado. Por tanto, me parece más atractivo dirigirnos a la Trinidad a través de María y de todos los santos, antiguos, modernos y contemporáneos.

En resumidas cuentas, que tenemos boda en cuanto arreglemos los papeles curiales en todos los sentidos. Ya te habrá dicho Victoria que he hablado con ella para que sea la madrina. Es la ocasión ineludible para que os deis los dos una vuelta por Madrid. No solo París bien vale una misa.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Botswana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).