La VOX que clama en el desierto

Cartas bostwanas

Querido doble hermano:  Gracias a tus buenos oficios con los aficionados a los safaris por fin me han invitado a dar una conferencia en el Instituto Cervantes. Se aloja en un impresionante edificio con aires de templo romano. Hablé sobre “El mito de Babel: la confusión de las lenguas”. Asistieron algunos embajadores, los que nos vemos regularmente en las fiestas nacionales de cada país. Tú ya conoces mis argumentos, pero a la audiencia les parecieron estupefacientes. Mi tesis básica no es demasiado original, pero a los españoles les conmueve por lo enconado que está el conflicto de las lenguas regionales, y eso que solo tienen tres o cuatro. Algunos las llaman “propias”, pero el castellano o español es la única lengua en la que pueden entenderse todos los españoles, incluidos casi todos los inmigrantes extranjeros con algunos años de residencia. Las autoridades españolas todavía no han caído en la cuenta de que su lengua común es la que más se aprende en el mundo; después del inglés, naturalmente. Pero la particularidad es que el inglés difiere mucho de un país a otro, mientras que el español mantiene una asombrosa unidad geográfica.

Las lenguas son casi siempre motivos de conflicto porque se convierten en el principal signo de identidad grupal. En algunos idiomas el gentilicio de su denominación equivale a “los hombres”. Como sabes, eso es así también en bantú, el tronco lingüístico al que pertenece nuestra principal lengua nacional, el setsuana. “Bantú” significa “la gente, los humanos”. Es decir, va implícito que los bárbaros o gentiles que no saben expresarse en bantú no son humanos. Es una especie de defensa étnica. Sin llegar a tanto, en España los hablantes de catalán, vascuence o gallego (todos ellos entienden el castellano) se identifican de tal manera con ese rasgo que el “nosotros” significa para ellos la práctica exclusión de los foráneos. La cosa no es solo psicológica, sino que acarrea un fuerte sentimiento político. Aunque no te lo creas, en Cataluña se defiende con ardor el “derecho de autodeterminación”. Es el que nosotros ejercimos hace más de medio siglo porque habíamos sido una colonia de Inglaterra y de Sudáfrica. Pero resulta risible sostener que Cataluña ha sido una colonia de Castilla o de España. Por cierto, puede que la palabra “España” sea de origen catalán y que tanto “Cataluña” o “Castilla” signifique lo mismo: tierra de castillos. Pero lo que parece indiscutible es que, durante los dos últimos siglos, la industria catalana ha sido dominante en España y ha impuesto una política proteccionista, como la vieja corn law de los ingleses.

PUBLICIDAD

Un gran error de los secesionistas catalanes es que aspiran a erradicar el castellano para dejar solo al catalán como lengua vehicular en la enseñanza y en la vida política. No lo conseguirán. En todo caso, podrían intentar sustituir el castellano por el inglés, como ocurrió en Filipinas cuando los americanos desplazaron a los españoles a finales del siglo XIX.

Como te decía, el conflicto lingüístico proviene de querer identificar una nación con un idioma. Por ahí se explica el hecho sorprendente de que en el mundo se hablen varios miles de lenguas. En África especialmente se cumple la dispersión de Babel, bien lo sufrimos nosotros.

En nuestra amplia familia no podemos quejarnos, pues, gracias a nuestra posición económica privilegiada, manejamos el inglés como lengua de comunicación con casi todo el mundo. En mi caso, al añadir mi especialidad en español, amplío fabulosamente mi campo de acción. En castellano antiguo se llamaba “lenguaraz” a lo que yo soy, aficionado a la lingüística. Ahora quiere decir uno que no para de decir muchas tonterías. Quédate con el significado que quieras.

Comprenderás ahora la ocasión única que tengo ahora de perfeccionar mi español en España. No creas, me encuentro con algunos problemas de comprensión. Por ejemplo, no sé colocar adecuadamente un adjetivo muy común: “tremendo”. Unas veces significa “terrible, desagradable” y otras casi lo contrario, “admirable, grandioso”.

Lo que agradezco es que los españoles saben decir muy con claridad “sí” o “no”. Ya sabes que en inglés nos da un poco de apuro afirmar o negar. Por eso matizamos “me temo que eso sea así” (para negar) o “supongo que estás en lo cierto” (para afirmar). Los americanos nos hacen decir affirmative en lugar de yes. Es también la tendencia a preferir los polisílabos latinos en el lenguaje culto.

Como sabes perfectamente, en el inglés común abundan los monosílabos, lo que lleva a continuas confusiones fonéticas. Por eso introducimos en la conversación continuas excusas por no haber entendido bien al interlocutor. Es algo que casi nunca se observa en una conversación entre españoles. Aquí es natural el gusto por alargar aún más las palabras; por ejemplo, los adverbios terminados en “mente”. Por cierto, “seguramente” en español quiere decir que uno no está seguro de lo que sigue. Por lo mismo, cundo se acude al “absolutamente” significa que a lo que se refiere es bastante relativo o dudoso.

Bien, me he entretenido con esto del idioma y me he despistado (aquí se dice “se me ha ido el santo al Cielo”) de lo que más te interesa: la extraña presencia de Vox. Ya ves, un monosílabo. La cosa es que se trata del partido político que acapara más comentarios en los medios, da igual, a favor o en contra. Es algo que llama la atención, pues se trata de un partido que todavía no tiene diputados en el Parlamento. Un comentario muy típico es el de tildarlo de “extrema derecha”, pero esa expresión está cargada, pues se aplica también a los grupos terroristas. Pero la realidad no es solo que los “voxeros” no sean violentos, sino que son objeto de ataques violentos por parte de algunos grupos radicales. Al menos eso es así por parte de los secesionistas catalanes, ya que Vox es el único partido que se opone resueltamente a la política de la “inmersión lingüística”. Ese desgraciado término quiere ser un eufemismo para eliminar el castellano de la vida pública de Cataluña; por otra parte, una misión imposible. Aunque te pueda parecer extraño, ningún Gobierno de España, durante los últimos 40 años de democracia, se ha opuesto a la “inmersión lingüística” de Cataluña. Ahora entenderás por qué digo lo de la “Vox que clama en el desierto”. No lo tomes literalmente.

Os espero a todos para vuestro anunciado viaje, que nunca llega. Este Madrid es digno de visitar en todas las estaciones. Contiene el doble de habitantes de Bostwana y hacen el triple de ruido que nuestros compatriotas, pero es una ciudad amable. En Madrid no hay palabra despectiva para señalar a los foráneos, los que vienen de fuera. La palabra que más se oye es “vale”, que en latín significa “cuídate”. Yo también te la digo a ti.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.