La República y sus libertades

Resulta sorprendente comprobar, como diversos medios de comunicación (de tendencia progresista, obviamente) se vanaglorian de las supuestas libertades existentes durante la Segunda República, prescindiendo, de todo rigor histórico sobre los hechos ocurridos desde abril de 1931 a julio de 1936, llegando incluso, en ocasiones, a inventarse la realidad de lo ocurrido.

Recientemente, he podido comprobar cómo una conocida actriz, en un programa de televisión, explicaba, pareciendo convencida de lo que decía, el revés que según ella supuso para nuestro país detener el crecimiento de los supuestos logros de la Segunda República, perdiendo al parecer España, una oportunidad histórica de crecer en libertades y en su lugar, descolgarse del ritmo de crecimiento de Europa en la segunda mitad del siglo XX. Desconozco si esta conocida actriz, se lamentaba de que España no hubiera entrado en la Segunda Guerra Mundial dentro del bloque soviético, para posteriormente, convertirse en un satélite más del comunismo hasta 1989, fecha en la que gracias a Dios, comenzó a descomponerse en Europa.

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Sin pretender analizar un periodo de la historia de nuestra España, para eso están los historiadores de verdad, no los ‘inventores de historias’ de la izquierda, sí me gustaría exponer unas breves pinceladas sobre las supuestas libertades que, durante la Segunda República, existieron en España y que se pueden resumir con la célebre frase de Dª Rita Maestre, número dos del gobierno de Carmena quien, pechos al aire, entró en la capilla de la Universidad Complutense de Madrid al grito de: ‘arderéis como en el 36’. Gran ejemplo que resume las libertades de la Segunda República…. ¡Arderéis como en el 36!

Y es que en efecto, en 1936 (y en 1931, y en 1932, y en 1933, y en 1934, y en 1935) se quemaron iglesias, se profanaron tumbas y cementerios y se imponía como parece que se pretende también hoy en día por la izquierda radical, imponer un pensamiento único.

Sin entrar a valorar el resultado de las elecciones municipales de abril de 1931 y que propiciaron la salida del Rey Alfonso XIII, para dar paso a la Segunda República, (aún a pesar de que los republicanos obtuvieron 5.775 concejalías, frente a las 22.150 de los monárquicos) y sin valorar los peculiares pormenores de los escrutinios de las elecciones generales de febrero de 1.936, que dieron paso al gobierno del Frente Popular, sí me gustaría comentar ese envidiable sistema de libertades de la Segunda República, donde el líder de la oposición D. José Calvo Sotelo, fue arrestado el 13 de julio de 1.936 por la policía política al servicio del gobierno, para posteriormente, ser asesinado de un tiro en la cabeza. Sí, ese periodo de nuestra historia donde parte de nuestros compatriotas rechazaban el grito de VIVA ESPAÑA, y por motivos que nadie entiende, preferían utilizar la expresión: VIVA RUSIA.

Supongo que los amantes de las libertades de la Segunda República, son conscientes de que bajo su paraguas democrático, las mujeres no podían votar, siendo cuando menos significativas las manifestaciones de la célebre Victoria Kent, a quien tanto ensalza la izquierda, cuando se opuso a esta medida: ‘la falta de madurez y de responsabilidad social de la mujer española podía poner en peligro la estabilidad de la República, ya que un porcentaje muy elevado, antes de votar, lo consultaría con su director espiritual’ o del diputado del Partido Radical Republicano, Álvarez Buylla, al referirse al voto femenino, como ‘un elemento peligrosísimo para la República, porque la mujer española, como política, es retardataria, es retrógrada; todavía no se ha separado de la influencia de la sacristía y del confesionario’. Entiendo que las mujeres que se manifestaron bandera tricolor en mano el pasado 9M, son conocedoras de estas afirmaciones.

Dentro de este idílico sistema de libertades, nos encontramos con personajes como Francisco Largo Caballero, el demócrata que en febrero de 1933 afirmó: ‘Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera’, el mismo personaje que se negó a respetar los resultados electorales de 1.934 y que cuando presidía el gobierno de la República durante la triste guerra civil, alentado por su ministro de hacienda Juan Negrín, optó por entregar todas nuestras reservas nacionales de oro a la Unión Soviética, en una cantidad que a día de hoy podría superar los 20.000 millones de euros.

Si acudimos al texto de la Constitución vigente durante este período de libertades, podemos comprobar la ausencia de protección del derecho a la vida y a tratos inhumanos o degradantes, la falta de garantía del derecho a la intimidad, la imposibilidad de realizar crítica alguna al régimen establecido y la posibilidad que se guardaba el estado, de privar de todo tipo de derechos fundamentales por ‘decretazo’ del gobierno, ante lo que se denominaba una situación de ‘notoria e inminente gravedad’ -artículo 42 de la constitución de 1931-

Ese mismo texto constitucional, basado insisto, en un ejemplar sistema de libertades, contemplaba en su artículo 26, la disolución de las Órdenes Religiosas que estatutariamente fijasen un régimen de obediencia a autoridad distinta al estado, con ‘confiscación y nacionalización de sus bienes’ y en su artículo 44, establecía, la posibilidad de expropiación forzosa de toda clase de bienes por causa de ‘utilidad social’. Ahora entiendo, porqué al Sr. Pablo Iglesias, le gusta tanto el texto constitucional de 1.931 y sus libertades.

En fin, recomiendo antes de pronunciarse tan activamente sobre unos supuestos logros que nunca existieron, leer y entender un triste periodo de la historia de España, para así, evitar, que nada ni nadie….arda como en el 36.