La obliteración de VOX

Querido doble hermano: No te puedes imaginar lo convulsa que está la situación política española. Más parece este un agitado país latinoamericano. Mildred me informa continuamente de todo lo que se cocina en los ambientes políticos. Para ella, viniendo de Venezuela, la circunstancia no deja de ser esperanzadora. No obstante, anda ahora preocupada por el arrinconamiento de su partido, Vox, por parte del resto de la clase política y los medios de comunicación más potentes. De nada sirve que Vox haya sido últimamente el partido con mayor crecimiento en el número de votos. Hay que marginarlo como sea.

Razono con Mildred que no veo yo tal contradicción. Antes bien, es esa rapidísima acreción en el número de votos lo que desata la envidia de los otros partidos. Tanto es así que el “cordón sanitario” que imponen a Vox los demás partidos (singularmente los de la izquierda y los separatistas) no es más que el preludio de una operación que se ve venir. Me refiero a la eventual ilegalización de Vox. Mildred no acaba de creérsela, pero yo la veo muy clara. El pretexto para el “cordón sanitario” (una expresión que se emplea en el caso de las plagas o epidemias) contra Vox es que dicen que se opone a la “lucha contra la violencia de género”. Un influyente periodista ha llegado a decir que Vox se propone conseguir el voto de los maltratadores de las mujeres.

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Mildred me aclara que la cosa es aproximadamente lo contrario de lo que sustentan los enemigos de los voxeros. Vox está a favor de incrementar las penas por el delito de uxoricidio. Ahora bien, sostiene que tal delito (asesinar a la esposa o equivalente) es solo una parte de otros conexos dentro de la unidad familiar. Ahí entraría el maltrato y abuso de los niños por parte de los parientes adultos y el mal cuidado de los viejos por parte de los familiares activos. Se añadiría algo muy sutil: la venganza de muchas esposas contra sus maridos en los casos de divorcio especialmente conflictivo; consiste en utilizar a los hijos pequeños para hacer daño a los maridos o exmaridos. Ese conflicto es el que desata muchas veces el infamante uxoricidio. La idea de Vox es la de sustituir la “lucha contra la violencia de género” por una más amplia “violencia doméstica”, que contemple los otros supuestos.

Mildred precisa que la unanimidad y virulencia de todos los partidos (excepto Vox, por las razones dichas) respecto a la “lucha contra la violencia de género” o uxoricidio tiene una explicación ideológica. Es el resultado del enorme poder que ha ido acumulando el principal grupo de presión en España: el feminismo. Bajo el manto de la “lucha contra la violencia de género” se esconde una ingente cantidad de dineros públicos y de oportunidades de poder que atesoran los grupos feministas. Los cuales aparecen perfectamente organizados y subvencionados por todas las Administraciones Públicas, con independencia de su color político. Así se explica la irritación de la “coalición progresista” ante la posición de Vox en este terreno. Por eso digo yo (y Mildred no acaba de aceptar la conclusión) que el contubernio progresista y separatista no parará hasta ilegalizar a Vox.

Toma nota de estas circunstancias. Hace 15 años se promulgó la “ley de violencia de género” con el objetivo expreso de extirpar la lacra del uxoricidio. Pues bien, desde entonces los casos de uxoricidio no han desaparecido, ni siquiera ha descendido su número de modo significativo. Ahora siguen diciendo las feministas que la “lucha” consiste en “eliminar la lacra de la violencia de género”. Es evidente que no se va a poder cumplir tal objetivo, como no es posible acabar con la manifestación de otros muchos delitos.

Por cierto, en los medios españoles nadie comenta algo que solo lo he visto publicado en un artículo de un intelectual socialista de gran prestigio: Joaquín Leguina, estadístico de profesión. A saber, que las tasas de uxoricidio en España (como las de homicidios en general) son unas de las más bajas de Europa. Es más, son varones la mayor parte de todas las muertes violentas (homicidios, suicidios, accidentes). Francamente, me he quedado sorprendido con estos datos, pero la autoridad de Leguina me parece indiscutible. En cambio, a los grupos feministas, tan dominantes en la opinión, no le interesa esa realidad; la ocultan cuidadosamente.

Falta mucho para que la opinión pública española se haga con la idea que me ha transmitido Mildred: el “feminismo” no es más que la otra cara del denostado “machismo”. En el fondo, ambas caras lo son del más rancio racismo.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

 

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).