La hipocresía maliciosa de nuestras élites

A finales de agosto, el filósofo Miguel Ángel Quintana Paz publicaba un artículo revelador, que se titulaba: “¿Por qué son tan estúpidas nuestras élites?” en el que daba cuenta de las razones, apoyadas en estudios y artículos académicos, de la lejanía entre el sentido común y las élites occidentales de izquierdas. Quintana Paz señaló la educación, el dinero y el prestigio como los factores que explican la idiotez que se ha apoderado de grandes ejecutivos, artistas y académicos de renombre mundial y políticos jóvenes, y su argumentación es impecable. 

Sin embargo, hay un elemento que faltó en la exposición del filósofo español y quizás no es externo, sino puramente interno y abiertamente moral: la hipocresía. Las élites occidentales de izquierdas rebosan de impostura y de doble rasero. No es que prediquen una cosa y hagan la contraria, que también -hola chalé de Galapagar- si no que además no tienen el más mínimo reparo moral, a la hora de desplegar discursos, mensajes, relatos y lecciones que no aplicarían jamás a sí mismos

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No es cuestión de ser más papistas que el Papa, que diría el clásico popular. Todos caemos en contradicciones, pero, generalmente, el radio de acción de estas no se extiende más allá de nuestro entorno personal. Claro que, por ejemplo, a nuestros hijos les decimos que no abusen del alcohol, pero en cuanto nos escapamos con los amigos nos tomamos algún cacharro de más. O, por supuesto, les intentamos ahuyentar de la epidemia de las pantallas de los teléfonos inteligentes mientras le robamos horas al sueño en la oscuridad de nuestro dormitorio mientras nos alumbra el rostro el timeline de Twitter. 

Llevamos siglos de contradicciones y nuestra especie se ha nutrido y ha evolucionado procesando estas complejidades. Bien. Sin embargo, lo de nuestras élites va mucho más allá. Desconozco si el lector se ha cruzado alguna vez con algún predicador del feminismo radical, ecologismo, o socialismo -valga la redundancia- pero con lo que hay en las fuentes abiertas, ya tendrá de sobra para comprobar hasta qué punto llega la malicia hipócrita de aquellos que dan lecciones al populacho. Yo me los he cruzado y he debatido con ellos. Y a veces he vuelto a casa muy encendido. 

Esta fue una de mis últimas conversaciones con un alto ejecutivo que va de progre por la vida habiendo sido hijo del privilegio. 

-Tira tu coche diésel que te acabas de comprar y usa transporte público.

+¿Y tú cómo vas al trabajo? 

-Me compré una casa cerca de la oficina, así mi impacto medioambiental es menor que el tuyo [jodido facha]. 

+Yo no puedo comprarme una casa, están muy caras, y tengo que ir trabajar para poder darle lo mejor a mis hijos. 

-Eso te pasa por tener hijos, nos vamos a cargar el planeta con tanta sobrepoblación. 

+¿Tu no tuviste hijos? 

-Sí, tengo cuatro, dos estudian en el extranjero. 

+ ¿Y cómo van hasta allí? ¿En burro?

-No seas demagogo. 

+Ya, demagogia. Emergencia climática, fascismo, xenofobia, caca, culo, pedo, pis. 

-Ríete, al mundo le queda poco. Sobre todo con esas actitudes egoístas como las tuyas.

+Poco no sé, pero hay desafíos muy jodidos. Automatización del trabajo, inmigración masiva, desertificación…

-Ya estamos con la inmigración, xenófobo. 

+¿Ves algún inmigrante en tu barrio?

-No, en mi zona no viven porque los alquileres son muy caros. Bueno, la chica que limpia mi casa es sudamericana, no recuerdo de qué país. Se pasa el día con la Belén Esteban y programas basura del estilo. 

+Creo que esa telebasura es lo que consume esa clase obrera que dices defender y tanto desprecias. 

-Yo sólo desprecio al fascismo. 

Y así…todo.

¿Cómo les van a afectar tus dificultades a la hora de moverte por la ciudad si ellos han podido permitirse comprar casa en donde mejor les ha convenido? ¿Qué les va a importar la inmigración ilegal y la clase obrera si son los primeros que desprecian a ambos? ¿Cómo les va a interesar la educación de tus hijos si ellos mandan a los suyos a colegios privados mientras han jodido la educación pública, el gran ascensor social de España, ahora averiado y en caída libre? Si predicas que tú comas insectos mientras ellos comen carne y proteínas todos los días. 

A las élites de izquierdas no les afectan ni les interesan tus problemas. Quintana Paz tenía razón, cada vez son más estúpidos, pero también más malos para con sus semejantes. Una cosa no quita la otra.