La foto de la vergüenza

La única realidad que Ciudadanos está demostrando es que su verdadera razón de ser es la de servir como tercera pata del bipartidismo.

Cuando parecía que la indignidad con la que Ciudadanos se está moviendo en el terreno político desde las pasadas elecciones andaluzas había tocado cotas máximas, el partido naranja ha sumado otro hito a su indefendible actitud, el de convertir el día de Navidad, día de paz y buenos deseos donde los haya, en una ignominia. La foto de Marín negociando con Podemos e Izquierda Unida la composición de la Mesa del Parlamento andaluz no solo es una de las mayores canalladas que se le ha hecho a los votantes propios en la última década, quizás solo superada por la de Rajoy a los suyos, sino que muy probablemente supone también la sentencia de muerte a un pacto para expulsar al corrupto socialismo de San Telmo que nació moribundo por la fijación que Ciudadanos ha mostrado desde entonces por excluir a VOX de la vida política andaluza. Primero fue el insulto, desde fascista a ultraderecha o anticonstitucional. Después vino el desprecio, actuando como si a VOX no lo hubieran votado nada menos que 400.000 andaluces. Y para culminar, la infame foto que confirma el boicot que Ciudadanos, no el PSOE o Podemos, sino Ciudadanos, está promoviendo contra VOX. Porque no boicotea el que quiere, sino el que puede, y ese, en este momento, es Ciudadanos.

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El partido de Rivera no ha tenido escrúpulos a la hora de sentarse a negociar el reparto de sillones con Podemos, los amigos de Maduro y de la ETA, los que llamaron a la alerta antifascista y a quemar las calles la misma noche electoral, iniciando así una cacería que terminó con hostigamientos, coacciones y agresiones físicas a sedes, militantes y votantes de VOX, hechos todos que para Ciudadanos no merecieron ni una condena. Tampoco los ha tenido para anunciar buscar el acuerdo con un PSOE cuya legislatura solo podrá ser recordada por la indignidad, por la traición magnificada pactando la estancia en Moncloa con los enemigos de España, normalizando la confrontación y el golpe de estado en Cataluña y abandonando a millones de españoles a merced del catanazi de Torra, muchos de ellos, por cierto, votantes de Ciudadanos.

Sin embargo, ha sido incapaz no ya de sentarse con VOX, sino de dejar pasar un día sin menospreciarlo o insultar a sus votantes. Un partido, VOX, perfectamente constitucional, y también patriota, quizás lo que molesta a Ciudadanos. Un partido que ha sido el único que desde los tribunales ha luchado y lo sigue haciendo para que el golpe de estado en Cataluña no quede impune, y para que la seguridad vuelva a las calles de Cataluña ante el terrorismo callejero de los CDR, alentado y protegido desde la propia Generalidad. Un partido declarado abiertamente español y europeo, porque europeo es quien defiende los valores tradicionales de Europa, no quien pelea por disolver primero la identidad española en una europea y esa Europa en una incontrolada ensalada de diversidad global. Un partido, en suma, respetuoso con la Ley y cumplidor escrupuloso de todos y cada uno de los preceptos constitucionales.

Las tardías y apresuradas explicaciones de Ciudadanos, convenientemente filtradas para calmar los ánimos del propio votante, han surtido el efecto contrario. Han provocado más indignación por resultar un verdadero insulto a la inteligencia. Ciudadanos tiene tanto derecho a sentarse con quien le plazca como los demás lo tenemos a criticarlo. Pero a lo que no tiene derecho ni Ciudadanos ni ningún partido es a reírse en la cara del votante, que es exactamente lo que significa semejante cambalache partidista con nocturnidad y alevosía. Pareciera escuchando las explicaciones de Ciudadanos como si PSOE o Podemos tuvieran poder de veto para formar la Mesa. Ni es así ni, desde luego, es relevante la opinión sobre VOX de ninguno de estos dos partidos, dada la mayoría de centro-derecha del Parlamento y la condición de grupo parlamentario de VOX. Nadie le puede quitar a VOX lo que ha conseguido por derecho.

La única realidad que Ciudadanos está demostrando es que su verdadera razón de ser es la de servir como tercera pata del bipartidismo. Una pata que se inclinará a izquierda o a derecha, de ahí su sempiterna equidistancia, según las mayorías que se conformen. Una pata, por tanto, para apuntalar un sistema que mediante el vaciado ideológico, el fomento de la diferencia y la relativización, ha fragmentado España para repartírsela. Y es que tampoco podemos olvidarnos de la actitud del PP, que merece un capítulo aparte. Sería interesante saber si el partido de Pablo Casado está al tanto de los movimientos de Ciudadanos, y mucho más interesante saber si los tolera. Y si, llegado el caso, aceptaría investir a Moreno Bonilla con el apoyo por acción u omisión del corrupto PSOE o el antinacional Podemos.

Dadas las circunstancias, no hay nada en este momento que justifique el apoyo de VOX al pacto alcanzado entre el PP y Ciudadanos.  Lo primero por dignidad propia, porque no se puede aceptar poner la cama después de ser apaleado. Y lo segundo, porque el cambio no consiste en quitar unas siglas para poner otras. El cambio consiste en desmantelar un sistema que pone al ciudadano al servicio del poder y que fomenta la división social creando absurdos legales y sociales mediante la otorgación de privilegios llamados a corregir supuestas injusticias sociales. Y ese cambio es evidente que, a pesar del descalabro socialista en las urnas, no va a llegar a Andalucía porque el PP y Ciudadanos lo han vetado.