La enésima decepción tiene la firma de Ciudadanos

No obstante, y a raíz de los movimientos y las declaraciones hechas durante estas dos semanas, parece quedar demostrado que no es con VOX de bisagra, sino con VOX como fuerza hegemónica como España puede aspirar a tener algún tipo de solución.

La noche del pasado 2 de Diciembre fue una noche de júbilo en España en general y en Andalucía en particular. La inesperada y arrolladora irrupción de VOX en el panorama político andaluz ponía en jaque al PSOE y posibilitaba por primera vez en democracia el cambio de gobierno en San Telmo. Lo que muchos creyeron que no verían jamás, se daba por descontado en esa noche en la que las sonrisas y el champán eran los protagonistas absolutos. Pero lamentablemente, en esta España cainita, las alegrías suelen durar poco. En apenas quince días, aquellos brindis de la noche electoral se han tornado en incredulidad, decepción e indignación a partes iguales. Y es que han sido dos semanas las que ha tardado Ciudadanos en tirar por el retrete las expectativas de tantos cientos de miles de andaluces que con su voto pusieron su granito de arena para derribar el corrupto régimen socialista que han sufrido por casi 40 años. En lugar de priorizar el desmantelamiento del necrótico y corrupto sistema de redes clientelares creadas durante esos 40 años por el socialismo andaluz, Ciudadanos ha optado por declarar a VOX el origen de todos los males que sufre España, en un indecente e incomprensible intento de aislar a la formación liderada por Santiago Abascal a toda costa.

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Las primeras señales de alarma llegaron antes incluso de los comicios andaluces, cuando el ilustre socio francés de Rivera y Arrimadas, el socialista Manuel Valls, importado para pelearle a Ada Colau la alcaldía de Barcelona, llamó a establecer un “cordón sanitario” contra VOX. Desde entonces, y con el permiso de Podemos y sus fatwas apelando al terrorismo callejero, ha sido precisamente Ciudadanos el más vehemente contra VOX, tildándolo de xenófobo, de racista, de antieuropeo y comprando el discurso oficial del PSOE acerca de su supuesta anticonstitucionalidad. Una catarata de ofensas no solo contra VOX y sus cientos de miles de votantes, sino también contra la razón y el propio sentido común. Parece olvidar Ciudadanos que si algún partido está peleando para defender la Constitución y para que los cabecillas golpistas del separatismo, ese que hostiga incluso al propio Ciudadanos al grito de fascista por toda Cataluña, tengan la condena más dura posible, ese es VOX. Parece olvidar también que fue precisamente su ilustre socio francés Manuel Valls el que se significó como ferviente defensor del centralismo francés, afirmando que en “Francia no existe más que una Nación y la pertenencia de Córcega ni es negociable ni lo será nunca”, y también el que acuñó frases como “Europa no puede acoger más refugiados” o “los campamentos de gitanos y búlgaros deben ser desmantelados porque generan mendicidad y delincuencia”. Y, por si fuera poco, parece olvidar también aquella época no tan lejana en la que Ciudadanos se presentaba al Parlamento europeo formando parte de la coalición Libertas, no ya euroescéptica, sino abiertamente eurófoba.

No obstante, no puede sorprender ver a la formación de Rivera, líder absoluto de la equidistancia y del contigo y contra ti, cabalgar tal cantidad de contradicciones, puesto que no cabe esperar nada distinto cuando la acción política no está gobernada por un ideario basado en principios y valores reconocibles sino por simple tactismo electoral. La primera de todas esas contradicciones, al tratar de anticonstitucional a un partido como VOX mientras buscas el acuerdo por acción o por omisión con un PSOE que gobierna en Madrid con los mismos que esta semana no han tenido reparos en votar en el Parlamento de Cataluña una declaración que define como antidemocrática a la Constitución  de 1978, esa que desde Ciudadanos tanto dicen defender. La segunda, al priorizar dicho acuerdo con un PSOE al que forzaron a convocar elecciones anticipadas alegando que “no eran de fiar porque habían incumplido el pacto para la regeneración democrática”. Y la tercera, al presentarse como el gran elemento regenerador de la democracia, cuando lleva más de 3 años sosteniendo en Andalucía al sistema más corrupto de Europa. Aunque visto lo visto, quien sabe si no es precisamente ese haber sido sostén imprescindible de esa corrupta Junta la razón de Ciudadanos para vetar a VOX a toda costa, por lo que pudiera pasar. Lo que es evidente y no admite la más mínima discusión, es que es inaceptable el coqueteo de Ciudadanos con la izquierda chequista y bolivariana. Con España amenazada desde todos los frentes, y estando en todos ellos presente el PSOE, cabía esperar de Ciudadanos mucha más responsabilidad y lealtad constitucional.

En cualquier caso, no podemos obviar nuestra responsabilidad por haber puesto en la formación de Rivera unas expectativas que no merecían. Y es que tal vez el problema de Ciudadanos esté simplemente en su origen, que está indefectiblemente ligado al de buena parte de sus ideólogos y fundadores, el marxista PSUC en el que crecieron y se formaron algunos tan relevantes como Francesc de Carreras o Arcadi Espada. Porque mientras para unos España es mucho más que un gran país, para Ciudadanos no es más que un concepto jurídico nacido en el 1978, una unión de intereses particulares circunstanciales que debe ponerse a la orden de la Unión Europea, en ese internacionalismo federalista tan propiamente marxista y tan del gusto del ultra-centro socialdemócrata. La buena noticia es que la realidad parlamentaria andaluza va a obligar a cada uno a mostrar sus cartas. Por desgracia para Ciudadanos las matemáticas, por más que Girauta se empeñe en hacer grandilocuentes presentaciones, pasan necesariamente por el PSOE o por VOX. Y de esa decisión Ciudadanos no va a poder escapar. No obstante, y a raíz de los movimientos y las declaraciones hechas durante estas dos semanas, parece quedar demostrado que no es con VOX de bisagra, sino con VOX como fuerza hegemónica como España puede aspirar a tener algún tipo de solución.