La emergencia climática y el dogmatismo de una niña

Estos días tenemos en Madrid a la flor y nata de los activistas contra el Cambio Climático y todos nuestros políticos han acudido prestos a salir en la foto del Pabellón de Chile del Ifema en Madrid. Lo sorprendente es que la persona más esperada estos días, sea una niña de 16 años que ha venido en barco desde Estados Unidos. Sí, me refiero a Greta Thunberg.

Que nuestro planeta está sufriendo un desgaste exagerado y no tiene sustituto, es una evidencia que no se puede negar, pero montar un show mediático alrededor de una niña víctima de unos padres oportunistas, y pretender que el enfoque de lo bueno y lo malo en materia de emergencia climática nos los transmita esta preadolescente aleccionada por sus progenitores, atiende únicamente a la deriva irracional que precisamente, están sufriendo nuestros semejantes. Por no hablar del pasado y del tipo de vida, cuando menos rocambolesco, que lleva esta familia. 

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Sin duda, el control de las emisiones de CO2 resultan de vital importancia para la vida de nuestro planeta, pero creo que esta cuestión no se soluciona con la prohibición a un comerciante de circular por el centro de la ciudad con su furgoneta, sino consiguiendo que ciertos países como por ejemplo China, cumplan los protocolos acordados por la ONU. Pero mejor no importunar al régimen comunista de Pekín, no vaya a ser que se moleste y no nos compre la deuda que tanta falta nos hace.  

Soy de los que creo que al igual que en lo económico se habla de la macroeconomía y de la microeconomía, en lo ecológico debemos diferenciar lo ‘global’ de lo ‘local’. Me explico, lo global se escapa completamente del control del ciudadano de a pie y las medidas que en esta cumbre del COP25 se van a tratar, difícilmente pueden adoptarse en el día a día. En cambio, en lo local y en lo cotidiano, a quien se le escapa tomar medidas es a los de siempre, a los políticos de profesión, que con el pretexto del ecologismo y el fatídico cambio climático, optan por divagar y prefieren crear chiringuitos subvencionados de los que viven muchos de sus afiliados de carnet.

El ciudadano de a pie como digo, entiendo que debería preocuparse de lo local y del perjuicio medioambiental que generan situaciones cotidianas que se pasan por alto. Y no me refiero a no tirar papeles al suelo, sino por ejemplo a denunciar de forma activa los vertederos ilegales no autorizados en zonas de infraviviendas de nuestras ciudades. Las autoridades deberían sancionar y penar las quemas incontroladas de neumáticos y plásticos por los moradores de estas infraviviendas, generalmente ocupadas por inmigrantes ilegales o grupos marginales y sin duda, deberían evitar que todos estos falsos ecologistas antisistema, en cada casa que ocupan o en cada fiesta que montan, dejen nuestra ciudad como si fuera un estercolero, ésta sí debería ser una prioridad de los regidores locales.

No veo muchos políticos preocupados por la cantidad de porquería que se vierte en nuestras costas, como tampoco parece que les importe mucho la reforestación de aquellas zonas afectadas por los incendios estivales, ni por las inundaciones ocasionadas por alguna ‘gota fria’, mas allá por supuesto, de hacerse la foto cuando la desgracia ocurre. 

Y es que esto sí demostraría un interés de nuestros cargos electos (y ‘cargas electas’ utilizando lenguaje inclusivo), me refiero a un plan de reforestación a nivel nacional. El problema es que el rédito de este plan lo tendrían las futuras generaciones, y sus frutos vendrían después de que acabe la legislatura, algo que evidentemente no puede ser. Será por eso que los pocos árboles que se plantan en nuestras ciudades son de rápido crecimiento pero de escaso valor medioambiental.  Lejos quedan aquellos proyectos de plantación de pinares como hizo en su día la Reina Maria Cristina de Habsburgo. Ésta sí fue una ecologista y no la niña del barco que nos intentan meter hasta en la sopa y que todavía no sé lo ella ni sus padres, han hecho por nuestro planeta.

Y es que lejos de preocuparse de lo local, los políticos forman a sus votantes en lo global, montando manifestaciones que conducen a la sociedad a un pensamiento único, para convertirlo en una ideología de la que nuevamente y con esta ya van todas, es la izquierda más intolerante la que abandera esta nueva forma de pensar: la ideología climática.  Opinar de manera diferente, disentir del pensamiento único impuesto en esta materia y alejarse de los postulados preestablecidos le convierte a uno en lo de siempre, en un negacionista o incluso peor, en un fascista. 

No debería usarse un tema tan delicado como el medioambiente, como arma arrojadiza de la izquierda a quienes, dicho sea de paso, este planeta históricamente les ha importado un bledo. Precisamente han sido los regímenes comunistas quien más daño han hecho a este mundo, empezando en la actualidad por China y Venezuela, para terminar por la gracias a Dios extinta, Unión Soviética y sus ‘Chernobiles’. No se trata de formar ideológicamente a los votantes sobre cómo erradicar un problema que nos concierne a todos, arremetiendo e insultando a los que no piensan como ellos, se trata de tomar conciencia en lo pequeño y en lo concreto.

Y es que en este asunto no hay ideología posible, como tampoco la hay en el feminismo y en la violencia, pero ésta ya es otra cuestión, de la que por cierto es la izquierda progresista la que también se atribuye la verdad suprema y la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto.

Pues no, yo no voy a negar la evidencia, pero sí quiero disentir y dejar claro que no creo que en lo local ‘la Colau’ (me niego a llamarla señora) haya ayudado mucho al medio ambiente, permitiendo como ha permitido durante un mes, la quema incontrolada de contenedores, plásticos y distinto mobiliario urbano en las calles de Barcelona. Tampoco creo que en lo global, el régimen de Venezuela contribuya o ayude mucho a este planeta, con los daños que está provocando en el Amazonas. Estos temas, los abanderados de la ideología ecológica, prefieren no identificarlos y mejor fijar su mirada en la pobre niña que llora en la ONU y que sinceramente, lo mejor que podría hacer por su vida es ir al colegio estudiar y relacionarse con sus semejantes, los niños de su edad.