La derechita miserable

Fue el gran Ronald Reagan quien dijo que “la política es la segunda más antigua profesión sobre la Tierra. Y a menudo me recuerda demasiado a la primera”. Al presidente americano le resultaban insoportables las intrigas palaciegas, las falsas promesas, las traiciones y deslealtades, y la imparable ansia de poder en lo que se había convertido, esencialmente, la política de nuestros días. Me imagino que si reagan viera el triste espectáculo de la política española, agudizarían aún más su sarcasmo. Cuando se gestionan las miserias, uno acaba por convertirse en un miserable, si es que no lo era ya. Y eso es lo que están poniendo de relieve estos días personajes importantes de la estructura del PP, con sus ataques personales contra el presidente de Vox, Santiago Abascal.

Primero fue el tema del voto útil, la mentira esa de que votar a Vox en circunscripciones de cuatro o menso diputados equivalía a darle el gobierno a Sánchez; desencantados de que ese miedo no parecía cuajar en el electorado, se sacaron después las manipulaciones sobre las propuestas de Vox, tan burdamente urdidas y difundidas, que tampoco lograron limitar las perspectivas electorales del partido de Abascal; ahora llega el capítulo de la desesperación: el intento de poner en cuestión la personalidad del líder de Vox. Las mentiras me parecieron ingenuas; las manipulaciones, impresentables; pero esta nueva campaña de acuoso y derribo, directamente miserable. Inútil salvo para poner de relieve la catadura moral de quien la diseña y la lleva a cabo.

PUBLICIDAD

Cuando oido al señor diputado del PP, Rafael Hernando -y a otros-, denunciar que Santiago Abascal vino a Madrid de la mano de Esperanza Aguirre, quien le habría buscado un supuesto pesebre en el que instalarse, me pregunto si no estarán, en realidad, queriendo mermar la autoridad de su nuevo Presidente, Pablo Casado, pues, al fin y al cabo, tiene tanto currículum en la empresa privada como el líder de Vox. Con una salvedad: Abascal dejó voluntariamente el cargo dado por Aguirre, mientras que al actual Presidente del PP  jamás se le pasó por la cabeza dimitir de sus puestos bajo Mariano Rajoy, ese PP del que ahora muchos quieren olvidarse. Por no hablar de un incombustible como el propio Hernando, plácidamente instalado en su poltrona de diputado desde hace tres décadas. A veces es la ambición de poder lo que ciega; otras, la colocación lo que prima. Así es la política.

Lo que nos alcanzo a comprender es por qué los dirigentes del PP continúan emperrados en atacar a Vox y en hacer girar su propio futuro alrededor de la formación de Abascal. Porque me da la impresión de cuanto más hablan y cuanto mayores sus ataques, más popular -perdón, atractivo- resulta Vox. Y la única explicación posible es que está cundiendo el pánico. Entre quienes aspiran a detentar el poder y en quienes ven peligrar su colocación de tantos años. No podemos olvidar que cuando Rajoy cayó a 134 diputados, el chasco y la decepción fue enorme en las filas de lo que hoy se llama el nuevo PP de siempre. Y, sin embargo, los actuales dirigentes firmarían con los ojos cerrados llegar el 28A a la barrera psicológica de los 100 diputados. Porque pueden, según todas las encuestas, que se queden significativamente por debajo. Por debajo de 100 sería el fracaso del plan renove de Casado. Sus promesas de volver al PP de antes, no habrían conseguido detener la hemorragia de votos y se abriría una nueva crisis interna de consecuencias imprevisibles. No digo nada que ya no se sepa.

Los intentos de Génova por evitar el desplome recurriendo a la figura del fundador del PP, el presidente Aznar, tampoco parece que, de momento, estén dando sus frutos. Desde luego, es lógico que el ex-presidente de honor de los populares, tan ninguneado y criticado por muchos de quienes hoy se han puesto bajo el paraguas de Pablo Casado, aspire a reivindicarse a sí mismo.  Creo sinceramente que se lo merece. Pero eso no quiere decir que me la historia política pueda darse el salto en el tiempo a lo regreso al futuro. Es más, a mi me parece que es una prueba más de la debilidad del PP actual, que sólo sabe compensar sus lacras echando mano de los líderes del pasado. Es verdad que Aznar siempre generaba titulares cuando criticaba a Rajoy, por el morbo que esa pelea suscitaba. Pero como defensa contra el auge de Vox me da que es completamente desacertado. No es él quien debe resultar creíble, sino su apadrinado. El 28A lo dirá.

Y es que hay algo que sigue sin entenderse: sea cual sea el resultado electoral, Vox será ganador.  Hace tres años el objetivo estratégico era lograr un escaño; ahora estamos hablando de un apoyo popular de dos dígitos.

La voz de Vox resulta auténtica ya novedosa. Para muchos es una esperanza. Y frente a eso, si lo único que el actual PP es capaz de ofrecer es miedo, mentiras y miserias, se estará cavando su propia tumba. Entiendo que a sus dirigentes, pasados y presentes, no les guste. Pero a mucha gente le parece que es lo que se merecen. Vox no ha venido a enderezar sus errores ni a acompañarles como hermano pequeño. No importa de dónde provengan muchos de sus cuadros y líderes. la realidad es que se trata de una nueva fuerza con vocación de ser mucho más, com vocación de defender y mejorar España.