Hispanoamérica, la hija olvidada

La vigésima Conferencia Iberoamericana de Cultura, que tuvo lugar en la ciudad de Bogotá, hace escasos doce días, se cerró sin pena ni gloria. Atravesada por la intrascendencia y la mirada atenta de nadie, los ministros de esa cartera, representantes de todos los países hispanoamericanos -junto a Brasil, Portugal y Andorra- firmaron una declaración final repleta de vaguedades y buenas intenciones.

El actual escenario político hispanoamericano dista de ser tranquilo y exhibir perspectivas de futuro. Un brevísimo repaso (ya que un análisis detallado excedería, con mucho, el espacio de estas páginas) apunta que Chile, Ecuador y Perú se desangran en protestas sociales; Uruguay, Argentina y Brasil vivieron convulsos procesos electorales, con una polarización extrema que dificulta cualquier tipo de previsión política y -ni qué decir tiene- económica.

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La polarización citada, a nivel interno, se refleja también en las estrategias regionales. Con un Brasil gobernado por el conservador (con aires trumpistas) Jair Bolsonaro y su principal enemigo político, Lula Da Silva, en prisión; con una Argentina que vuelve a caer en brazos del peronismo, en una mezcla de mujer golpeada y Síndrome de Estocolmo; con un México gobernado por el impredecible Andrés Manuel López Obrador, jaleado desde la derecha (por izquierdista) y desde la izquierda (por conservador); con un Chile cuya transición política parece estallar luego de años de Concertación y sistema político atado y bien atado; con un Uruguay que luego de años de gobierno frenteamplista parece escorarse finalmente a la derecha.

¿Y qué tiene que decir España, a todo esto? El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, con una historia infinitamente más sanguinaria y explotadora que nuestro país, mantiene una cordial relación con sus (ellas, sí) ex colonias, a las que supo agrupar en ese colectivo colosal llamado Commonwealth. La inmensa mayoría de las antiguas dependencias británicas reconoce con orgullo y satisfacción a Su Graciosa Majestad, Isabel II, como soberana y Jefa de Estado. 

¿Puede España adoptar ese papel? El solvente y eficaz papel que viene desempeñando el rey Felipe VI y la trayectoria milenaria de nuestro país demandan una responsabilidad histórica que deberíamos estar a la altura de asumir.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.