Falacia a la portuguesa

Al oeste de nuestro país, en esa tierra siempre olvidada (y algunas veces, desdeñada) por España, nació -hace escasos cuatro años- un nuevo y forzoso Frente Popular. Formado por el Partido Socialista como mascarón de proa, con el apoyo del Bloco de Esquerda y el Partido Ecologista “Os Verdes”, atravesó un gobierno sustentado en el discurso (y sólo discurso) anti austeridad y de rechazo al FMI y demás organismos internacionales financieros y de crédito.

Sin embargo, la algarabía y la jocundia exageradas que el triunfo del Partido Socialista provocó en el mundo progresista (Hispanoamérica incluida), la Europa de los Varaoufakis de este mundo (en general) y en Portugal (en particular) requiere, al menos, algunas matizaciones importantes.

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Lo que muchos analistas internacionales, gozosos y generosos a la hora de bautizar períodos históricos, dieron en llamar “milagro portugués” presenta, en realidad, una complejidad que va más allá de la felicidad izquierdista. Veamos.

Para explicar el festival declamado por el progresismo, conviene retroceder al año 2012, con un Portugal devastado y gobernado por Pedro Passos Coelho, en plena época de los PIGS europeos. Una de sus primeras medidas fue permitir el aumento de los alquileres, en beneficio de los propietarios, así como la expulsión de los inquilinos en caso de reforma del inmueble. Entre quejas y reclamos sociales, el gobierno luso debió aceptar la injerencia de la Comisión Europea Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. Y aquí viene lo fundamental.

La implantación de decisiones políticas difíciles (pero imprescindibles), como la rebaja de pensiones, la eliminación de la paga anual para los funcionarios públicos y demás ajustes pavimentó el camino (no podía ser de otro modo) para la llegada de la izquierda. A esto debe agregarse el diseño de un régimen fiscal atractivo, tanto para los propios portugueses cuanto para los turistas interesados en invertir en la tierra del fado.

La izquierda sobrevenida en el año 2015 pudo darse el gusto de aumentar las pensiones y aliviar las condiciones provocadas por el ajuste de la gestión Passos Coelho sin olvidar, digámoslo todo, el saneamiento constante de las cuentas fiscales. Con una casa ordenada, se puede invitar a cenar a los amigos.

Cautiva y desarmada la crisis económica, llegó la hora del progresismo. Ya lo sabemos: la derecha ordena, la izquierda disfruta.

¿No querías austeridad? Pues toma dos tazones.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.