Vistalegre Plus Ultra: la leyenda continúa

En un giro inesperado (o no tanto) de los acontecimientos, los españoles acudiremos a las urnas una vez más. Van catorce elecciones (de todo tipo) desde 2015. Lo que a priori podría verse como sano ejercicio democrático esconde, en el fondo, un sangrante espectáculo de incapacidad de la partitocracia para formalizar un gobierno estable. 

El eterno juego de tahúres entre rojos, anaranjados, morados, celestes y demás fauna política no oculta el ciclón de tensiones que se avecinan en nuestro país: separatistas enfervorecidos, crisis económica en puerta y coyunturas internacionales complicadas en ciernes. En un tablero complicado, Pedro Sánchez se juega a todo o nada la formación de un gobierno socialista estable y duradero; Unidas Podemos arriesga su desaparición, fagocitado por el neonato e y perturbador Más País de Íñigo Errejón; Pablo Casado debe aumentar sí o sí su importancia parlamentaria, a riesgo de ser sacrificado por los barones territoriales del Partido Popular; vascos y catalanes, por otra parte, juegan su propio juego. Lo que se dice un escenario inquietante.

PUBLICIDAD

En simultáneo con las negras tormentas que agitan los aires (al decir de Valeriano Orobón), VOX exhibirá músculo en su ya clásico mítin de Vistalegre. Con algunas sacudidas internas clásicas en un partido político nuevo, que sirven para soltar lastre y perfeccionar la dinámica, el partido de Santiago Abascal tiene mucho por certificar, bastante por ganar y poco por perder en los comicios de noviembre.

Con veinticuatro diputados conseguidos a partir de la intrascendencia electoral, VOX apuesta por la coherencia y por un discurso inalterado desde su fundación (con los evidentes matices que el juego político demanda). Guste o disguste, las declaraciones públicas en el recinto del Congreso de los Diputados, en cuanto parlamento autonómico se cuadre, en un plató de televisión o en un estudio de radio por parte de Ortega-Smith, Monasterio, Espinosa de los Monteros y demás “voxistas” no pasan desapercibidas y sacuden las dormidas conciencias del ciudadano medio.

¿Qué pasará después de noviembre? Corrigiendo a Alfonso Guerra, esperemos que a España sí la pueda reconocer la madre que la parió.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.