Eran patriotas, no ciudadanos

El patriota y el ciudadano son figuras políticas que nacieron en la Revolución francesa. Con el tiempo, su sentido original se desdibujó tanto que la tradición contra la que nacieron las adoptó como propias, sobre todo la del patriota. Tres siglos más tarde, sirven para explicar el desastre del partido naranja.

¿Por qué Rivera y su partido, que disponía de dinero, de padrinos internacionales y de creadores de opinión convertidos en alfombras, ha pasado de 57 diputados a sólo 10 y ha perdido casi dos tercios de su electorado? 

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Yo sólo encuentro una: sus votantes no eran ciudadanos, sino patriotas.

A mí me costaba creer que en España hubiera más de cuatro millones de personas entusiasmadas con los ‘vientres de alquiler’, las leyes sobre mascotas y los Estados Unidos de Europa, que eran las señas distintivas del programa de C’s. Pero cosas más raras he visto, como progres que nos exigían que creyéramos a la CIA cuando acusaba a Donald Trump de ser un agente de Moscú. 

Quien conozca al votante de eso tan indefinido como ‘de derechas’ sabrá que es un ser político más apaleado desde hace 40 años que el perro de un mendigo antes de la aparición de las protectoras. Este votante ha visto todos sus sueños, sus ideas, sus opiniones, sus gustos y sus altares despreciados y vejados, de modo que ha reducido sus principios a sólo dos o tres, y uno de ellos es la unidad de España. Le basta que cualquier político ondee la bandera rojigualda para emocionarse con él y entregarle su voto, aunque el resto de su programa anule ese gesto, porque no se lo ha leído.

Ocurrió con UPYD y ha ocurrido con C’s.

Cuando antes de las elecciones de abril, Albert Rivera y toda la junta nacional de su partido se comprometieron a no pactar con el PSOE de Pedro Sánchez, C’s captó el máximo de votos ‘de derechas’, retirados de un PP putrefacto y todavía desconfiados de la utilidad de Vox. 

Rivera y sus candidatos, sobre todo la hermosa Inés Arrimadas, eran más guapos, más jóvenes, más elegantes, más simpáticos… En definitiva, más modernos y encima envueltos en la bandera nacional.

Pero cuando Rivera entregó el partido en Barcelona a un socialista francés como Manuel Valls, despreció a Vox por “casposo” y “facha”, trató de llevar una vida de actor de moda y, además, se ofreció a Sánchez, los patriotas españoles, levantaron el vuelo como una bandada de perdices ante los disparos del cazador apresurado.

Según Sigma Dos, de C’s se marcharon casi 400.000 votantes a Vox, un millón al PP y otro millón a la abstención. Y según GAD3, los recibidos por el PP fueron 741.000 y por Vox 648.000.

No hay izquierda antinacionalista 

¿Tenía futuro C’s? El profesor Félix Ovejero ha dado su opinión particular sobre el caladero de votos al que habría debido dirigirse C’s (El Mundo, 17-XI-2019): “el único espacio electoral virgen, el de la izquierda antinacionalista, en donde abundan antiguos votantes del PSOE descontentos por sus complicidades y melindres con el nacionalismo”.

Pero es que esos votantes socialistas patriotas españoles apenas existen. El PSOE dispone de unos seis millones de incondicionales que le votarán robe lo que robe y mienta lo que mienta su candidato. Son patriotas sólo de su partido y su nómina o su PER, y si ‘su’ PSOE  les decepciona en exceso, se abstienen o votan a otro partido más a la izquierda. Únicamente menos de 200.000 votantes naranjas escogieron el domingo 10 una papeleta del PSOE, cifra en la que coinciden tanto GAD3 como Sigma Dos. Quizás regresen a C’s después de que haber comprobado que Sánchez les mintió cuando dijo que nunca pactaría con Pablo Iglesias, pero queda claro que el tamaño de la izquierda antinacionalista no alcanza los dos millones de españoles.

Porque el resto del electorado de C’s no lo formaban ciudadanos del mundo, de esos que creen en la multiculturalidad y los restaurantes étnicos, sino patriotas españoles.