En el fondo, España

Las vicisitudes de la izquierda española -sumida en la crisis que el progresismo planetario vive desde hace ya lustros- están influyendo decisivamente en la incapacidad de nuestro país para darse un gobierno. 

En este dilema se produce decisivamente el sinfín de reuniones que -para obtener los vitales apoyos parlamentarios- intenta concretar un desesperado Pedro Sánchez.

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Curiosamente, en este juego de intereses políticos entre conservadores, liberales, nacionalistas periféricos, independentistas, ex comunistas y demás fauna, el “factor español” (antaño considerado un romanticismo anacrónico e inaceptable) comienza a adquirir una importancia cada vez más contundente.

Cuestiones como el apoyo de cierta izquierda vernácula a Venezuela, Cuba, Nicaragua y demás ejemplos del “socialismo real”, otrora rasgos identitarios del progresismo patrio, son abandonadas hoy y los partidos políticos se inclinan por incluir a España y a los españoles en sus discursos: hasta la ecología comienza a teñirse de nacionalismo (“cuidemos nuestras playas”, puede escucharse en televisión) y el patriotismo se configura como un factor indispensable en momentos de crisis política.

Uno de los casos más emblemáticos de este “giro hacia la hispanidad” que podemos mencionar es el de Más Madrid, la joven formación política nacida como desgajamiento de Podemos a partir de la salida del ínclito Íñigo Errejón. Con un discurso interesante y asimilable incluso por los paladares más conservadores del espectro ideológico ibérico, Errejón viró -desde sus primeras diferencias con Pablo Iglesias- hacia posiciones más propias de un nacionalismo popular con resonancias peronistas en desmedro de corrientes trotskistas o antisistema. En un giro táctica y estratégicamente más oportuno, Más Madrid parece ser la izquierda realista que entiende que España fue, es y será el núcleo central y el punto unificador en las decisiones políticas de los ciudadanos.

Siempre se vuelve al primer amor.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.