El síndrome de Ada Colau

Ser de izquierdas en estos tiempos se está volviendo muy difícil. A todas las complicaciones habituales que ellos se autoimponen como la tontería del lenguaje inclusivo, la defensa cual dogma de fe de la Ley de Violencia de Género o fingir que el Gobierno de Pedro Sánchez está formado por unas dignísimas personas en lugar de una panda de inmorales, se les añaden otras añadidas de la campaña electoral como decidir qué acto de los partidos de derechas se dedican a reventar o cuál de sus sedes atacar.

Esta semana además han tenido una tarea hercúlea defendiendo el CIS de Tezanos, tan verdadero que publica que según el recuerdo de voto las anteriores elecciones las ganó Sánchez -Su Persona, mejor- y además por mucho. Que Su Persona no tiene complejos ya lo sabíamos. Que le haya parecido que puede tunear la Historia de España como si fuera el cuento de ‘Caperucita Roja’ en manos de sus aliadas feministas ya ni nos extraña. Si consigue sumar con amigos de ETA, comunistas y demás gentuza variada en la próxima legislatura, se acabará estudiando en Bachillerato que él ganó por mayoría absoluta las elecciones a Rajoy pero un complot de la malvada extrema derecha le arrebató el poder legítimo que tuvo que reconquistar con una moción de censura apoyada por lo mejorcito de cada casa.

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Y no pasará ninguna vergüenza cuando nos cuente semejante mentira porque no la conoce. Él se las promete muy felices esta semana con el debate a cinco en el que ha incluido a Vox supongo que para tratar de presentarse como un moderado ante los radicales. Su soberbia le impide ver que muchos millones de españoles estamos deseando ver cómo algún líder valiente le dice en la cara todo lo que pensamos de él y sus socios. También va a ser interesante ver estos días a los progres defender como gran ganador del debate a un tío que en cuanto le mencionan su tesis empieza a balbucear.

Por eso digo que ser de izquierdas cada vez es más difícil. Parece fácil por ese ego que tienen del que ya he hablado aquí alguna vez y que lleva a individuas como Irene Montero o Carmen Calvo a creerse grandes pensadoras, pero en realidad no lo es. Analizando un poco más profundamente esa autoestima enfermiza que tratan de mostrar he llegado a la conclusión de que en realidad esconden algo más profundo que podríamos bautizar como el “Síndrome de Ada Colau” y que en realidad es un complejo vital que tratan de tapar con desmedido afán de protagonismo. Así, la alcaldesa de Barcelona cuenta si va a una charla sobre acoso que a ella la acosaron más que a todas las presentes unos empresarios que le pidieron hacer “alguna cosa” porque está “muy buena”. Dice si se investiga a políticos por falsos cursos universitarios que a ella le ofrecieron regalarle la carrera -suponemos que también por lo buena que está-, y afirma si la invitan a hablar de los derechos de los LGTBI que ella está orgullosa de ser la primera regidora bisexual de España.

Se trata siempre de ser el centro de atención sin tener nada que ofrecer. Y eso es lo que creo que les pasa a la mayoría de izquierdosos. Que en busca de ser siempre más originales en su progresía que nadie se pasan la vida de ridículo en ridículo. El último ejemplo de esto lo tenemos en las “besadas” que han organizado varios grupos gays ante las mesas informativas de Vox. Nunca pasa nada, en ninguna. En general los simpatizantes del partido de Santiago Abascal ni les miran. Ellos, ellas y elles buscan una agresión que les de notoriedad, pero la están buscando en el sitio equivocado, como las de Femen siempre que atacan una iglesia. Si la desearan de verdad tendrían que ir, qué se yo, a una mezquita, por poner un ejemplo. Recuerdan a aquel pobre chico que fue a Casa Pepe con una pulserita del orgullo gay pensando que le insultarían y lo publicitó en las redes sociales y al que nadie hizo ni caso. En el fondo dan un poco de pena, a mi me entran ganas de ir yo a gritarles alguna cosita para que se vayan felices a casa. Lástima que no soy de izquierdas y no hago esas cosas.