El silencio de los corderos

Que lo que queda de Ciudadanos ande un tanto perdido es lógico. Todo varapalo requiere un tiempo de digestión. Con todo, la voz de Arrimadas se hace ya oír poco a poco.  A quien no se escucha nada es a Pablo Casado desde que en Zagreb lanzase una tortuosa crítica a los populismos de todos los partidos para justificar que él no es popular. Pero sobre los males de España, nada de nada. Mutis. Es posible que en esta su nueva etapa de Rajoyismo 2.0 crea que el tiempo cura todos los males y que mejor no decir ni hacer nada que enturbie el cauce natural de las cosas. Sentado a las puertas de Génova, espera ver pasar por delante el cadáver de su enemigo. Lo que no sabemos a ciencia cierta es a quién considera su enemigo. Tuvo un altavoz en Zagreb ante los europeos para denunciar el pacto social-comunista de Sánchez y Podemos, pero lo desperdició corriendo  -no se si delante o detrás- del fantasma de Vox. Quiere llegar a toda costa a esa barrera maldita de los 100 diputados que s ele ha resistido –y por mucho- en las dos elecciones a las que se ha presentado. Y con el escenario de repetición de unas nuevas elecciones en el que alguno de su entorno parece confiar, estar callado es la estrategia a seguir. Que el foco apunte hacia otra figura.

Pero esta actitud pre y post-marianista es una grave irresponsabilidad para con España y los españoles. En primer lugar, porque puede que la investidura de Sánchez no fracase y el PP, con un mudo a la cabeza, no habrá creado la alerta imprescindible para denunciar el ataque al bienestar de los españoles, a la riqueza nacional y a la integridad de España. Si tan crítica es la situación a la que nos lleva el PSOE, Podemos y los separatistas, ¿por qué no se ha dicho nada durante estas semanas? 

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La única explicación que no recurre a la mera táctica electoral de arañar un puñado de votos al PSOE y a Ciudadanos y así salvar los muebles en Génova, es porque de verdad en las alturas del PP  no creen que el nuevo gobierno pilotado por Pedro Sánchez pero dirigido por Pablo Iglesias y alimentado vitalmente por ERC, vaya a suponer un riesgo mayor para España y la democracia española. De ser así, es todavía más trágico lo que le estaría pasando al PP. Seguirían sin enterarse de nada, cual Mariano Rajoy inflándose a whiskeys mientras le movían la silla azul. O sea, que estaríamos ante el silencio de los corderos, bien listillos bien tontos, pero lo más importante: silencio.

Y si cualquier patriota tuviera lo que hay que tener, lo que debería primar hoy es la defensa frente al asalto a la constitución, al orden constitucional y a las libertades, que están perpetrando todos los enemigos de España, con Sánchez a la cabeza. Lo he dicho en anteriores ocasiones, pero lo repito una vez más: el gobierno de Sánchez no sólo promete arruinar la economía nacional, también augura hacer añicos el orden constitucional que conocemos, desde la forma de estado a la integridad del territorio. Aún peor, amenaza con poner límites a las libertades y demás derecho de todos quienes no comulguen con su ideario progre y social-comunista.

Lo que está en juego no es el daño a nuestra economía. La economía, como se hartan de repetir los populares del PP. La saben arreglar ellos en esa dinámica de que lo que estropea la izquierda, el centro lo salva. Lo que está en juego es la unidad nacional, los valores de la convivencia política y la ambición totalitaria de la izquierda, siendo la española la más cargada de odio de toda Europa. Y esas son cuestiones de difícil arreglo una vez que se han roto.

Por eso no se puede ser pasivo como el actual dirigente del PP, esperando a ver qué pasa. El problema para los populares es que no saben qué hacer porque ellos han sido en buena parte responsables del grado de erosión que sufre nuestro sistema político. Nunca entendieron qué significaba el nacionalismo separatista y parece que no quieren aprenderlo. El PP se aferra a defender lo indefendible, desde la Viogen a las autonomías, bien porque son leyes suyas, bien porque le ha dado buenos réditos y poder territorial. Lamentablemente con su silencio corderil, puede que retengan la diputación de Soria, pero habrán perdido España. Y lo peor, no para ellos, sino para todos los españoles.