El PP contra Vox: ¿números o sentimientos?

Cuando me empezaron a llegar los vídeos y whatsapps hechos por el PP con los esquemas, los mapas y las tablas para explicar por qué el voto a Vox era inútil en más de la mitad de las provincias y, por tanto, el derechista bueno, inteligente, patriota y sensato tenía que votar a los candidatos del PP, aunque sean como Celia Villalobos o Rafael Hernando, mi primer pensamiento fue: ¡una campaña estilo suizo!, ¡por fin somos europeos!

En Suiza (cuyo primer producto de exportación hasta entrado el siglo XIX eran los mercenarios), se celebra todo tipo de referendos, convocados de acuerdo a sus leyes y después de que los convocantes hayan recogido varias decenas de miles de firmas entre os ciudadanos.

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Ha habido referendos sobre el descuerno de las vacas, un tope al sueldo de los ejecutivos, la inclusión de la bicicleta en la Constitución, la creación de moneda por los bancos privados, una renta básica universal, los minaretes de las mezquitas, la abolición del servicio militar…

Durante esas campañas, los suizos, en vez de insultos, cruzan argumentos, datos y reflexiones. Y nadie llama ‘franquista’ al que tiene una opinión distinta.

Ante las tablas, los mapas y las gráficas que distribuyen el PP y sus medios de comunicación afines, ¿cabe pensar que hemos llegado a un debate político en el que se valora más el número y el raciocinio que el sentimiento y la emoción?, ¿estaremos pasando del dóberman del PSOE, la niña de Rajoy y el run-run de Colau a la tabla de Excel y la calculadora?

Domada la primera impresión con las espuelas del tiempo y la conversación con amigos, mi opinión ahora es que se trata de otra argucia pepera. Visto que los lemas gastados de otras elecciones ya no van a funcionar, como el ‘voto útil’, ‘¡que viene Podemos!’, ‘nosotros sabemos manejar la economía’, los cabezas de huevo del PP pretenden persuadir a sus votantes en fuga que regresen al corral con fórmulas matemáticas.

“Yo no te digo que no votes a Vox, solo te pido que tengas presente que un voto a Vox en Albacete o Lugo puede hacer que el PP pierda un escaño en favor del PSOE o hasta de Podemos, sin que Vox saque uno solo. Son matemáticas. Por tanto, si tú también quieres echar a Sánchez, que es lo que queremos los buenos españoles, quizás debas votar al PP si vives en las provincias con cinco o menos diputados. Si vives en las demás, haz lo que quieras.”

Un gurú de las campañas del Partido Republicano, Bob Goodman, decía que él trabajaba con cuatro elementos y solo con esos cuatro: amor, esperanza, miedo y odio.

De la misma forma que nadie sabía la semana anterior a las elecciones al Parlamento andaluz que Vox iba a obtener doce escaños, tampoco nadie sabe hoy si la noche de la votación Vox quedará por encima del PP en Huesca o Cáceres. Además, como ha insistido Luis del Pino en varios hilos de Twitter, los cálculos están mal hechos.

La gente suele rechazar los argumentos basados en fórmulas, reglas de tres y porcentajes, aquí y en California. Por eso, esta campaña sobre la dirección del voto en las provincias poco pobladas persigue el objetivo de dar un argumento a las señoronas que a la salida de misa se encaraban con los militantes de Vox que repartían folletos. Ahora, en vez de reprocharles “¡Estáis dividiendo a la derecha!”, les podrán gritar: “Sois unos egoístas. Por vuestra culpa, Sánchez seguirá en La Moncloa. ¿Cuántos os va a votar en Cuenca?”.

No son números, son sentimientos.