El mito de Europa

El próximo 26, nos toca votar quién se va a sentar los próximos 5 años en el parlamento europeo. esa monstruosa institución que sigue siendo, después de varias décadas de vida, un ser trashumante, repartiendo sus despachos, coches de lujo, secretarias, asesores, asistentes, edificios, comisiones y plenos entre Bruselas y Estrasburgo. Prueba de la escasa atención que las instituciones de la UE prestan al despilfarro.

Durante mucho tiempo, a los españoles Europa nos sonaba a paraíso. Bajo Franco, Europa era ese lugar donde se podían comprar los libros malditos del régimen, ver stripteases, o desnudos en el cine. Habrá quien recuerde las largas colas en Perpignan para ver Emmanuelle o El último tango en París, por ejemplo. Olvidado el duro trabajo del más de millón de españoles que salieron a Europa para trabajar y poder acceder a un salario digno, Europa parecía el altar de la libertad y la prosperidad.

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Nuestra perenne dejadez hacia los asuntos internacionales, nos dejaba en esa visión idílica que nada tenía que ver con la realidad. Europa la componían, en su parte occidental, un conjunto de países, avanzados, si, pero con sus intereses particulares. Y que bien los defendían, desde una Francia utilizando su suelo como santuario para ETA y así poder ejercer una supremacía sobre el vecino del sur, esto es, nosotros, hasta agricultores de media UE impidiendo nuestras exportaciones frutículas.

El Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) acaba de publicar una breve guía de las diez mentiras que lo españoles solemos “comprar” sin cuestionar sobre la Unión Europea. Merece la pena leerla (diez mentiras sobre la UE). Se han quedado en diez, pero podían haber llegado a cien si se lo propusieran, porque la UE ni es la garantía de nuestra libertad, ni de nuestra prosperidad, ni de nuestra seguridad.

Más bien todo lo contrario. En sus últimos años, la UE se ha convertido en un auténtico monstruo devora todo eso. Por ejemplo, hay que recordar que en una democracia asentada, como Italia, impuso un gobierno tecnocrático cuando no le gustó el elegido. Por no hablar de las constantes amenazas y sanciones contra algunos de sus miembros, como Hungría y Polonia, cuando sus políticas domésticas son consideradas por unos oscuros funcionarios, a quien nadie ha elegido nunca, poco apropiadas.

Europa estuvo dividida en dos bloques desde finales de la década de los años 40 del siglo pasado y sigue hoy todavía dividía. Sólo que la división ya no es entre el occidente liberal y capitalista y el este totalitario y comunista, sino entre quienes buscan desesperadamente -y por todos los medios- difuminar las naciones hasta borrarlas por completo en una amalgama artificial, sin Historia, identidad y valores, y quienes defienden la soberanía nacional, las raíces históricas de los estados miembros, la identidad social y los valores judeocristianos que nos forjaron. Pero de eso no se habla en esta campaña electoral. Porque para los partidos del establishment, Europa sigue siendo un mito intocable y el parlamento un lugar donde colocar a sus candidatos cómodamente.

La marca Europa lo permite todo. Desde un avión de transporte que nos necesitamos a abrir nuestras fronteras a miles de refugiados que, en buena ley, suelen ser emigrantes, indignos de este estatuto internacional. Es normal que la izquierda aspire a acabar con la nación y a crear un súper estado, basado en Bruselas, omnipotente y que nadie controle. Pero que nuestra derechita luche por ponerse la medalla de haber traído la prosperidad de la mano de la UE, clama al cielo. Cierto, en su día pagamos muchas de nuestras carreteras con dinero de Europa, infraestructuras, dicho sea de paso, cuyo mantenimiento nos resulta ahora imposible, pero esos fondos dejaron de llagar hace ya tiempo y España es hoy un contribuyente neto a las arcas comunitarias.

¿Y qué decir en materia de seguridad? Nuestra industria de defensa se ha puesto al servicio de la alemana y francesa. <habrá quien diga que gracias a eso podremos participar en el programa del futuro eurofighter, aunque no lo necesitemos en términos militares y nuestra participación sea la de un pagafantas del avión que quieren otros. Por no hablar en términos estratégicos: ¿ya nos hemos olvidado de la posición que adoptó nuestro gran aliado, Francia, durante la crisis de Perejil?

En Europa nos jugamos el futuro de nuestra civilización, nuestra sociedad, nuestros valores de siempre. La división que se ha abierto entre los europeos es civilazional, entre quienes quieren destruir progresivamente quienes somos y quienes queremos defender nuestras señas de identidad.  Discutir ofertas de otro tipo, no es sino una maniobra de distracción. Por eso, no hagan caso a los cantos de sirena de la izquierda y la derecha fake, se llame como se llame, porque solo nos hundirán más en una sociedad rota, tribalizada, insana y amoral. Quienes prefieran hoy disfrutar de las cañitas en las terrazas, porque en España se vive muy bien -que es verdad- que miren a su futuro, porque en pocos años, o se les ha acabado el chollo por los hombres de negro de la Merkel, o se las habrá acabado el alcohol por el Islam.