El libro para empezar 2020

Tenemos que dar gracias a Editorial Encuentro por haber dado a conocer en España al gran escritor lituano Oscar Vladislav Milosz (Czéréïa, 1887-Fontainebleau, 1939) y por haber publicado su obra dramática “Miguel de Mañara” en una edición comentada por Franco Nembrini (Trescore Balneario, Bérgamo, 1955), profesor de Literatura italiana y de Historia, cuyos comentarios de la Divina Comedia gozan de fama internacional. Digo que hay que estar agradecido porque esta obra es un tesoro cuya riqueza uno desea compartir con los amigos en la felicidad de un banquete y el reposo de la sobremesa.

Milosz fue poeta, novelista y diplomático. Primo lejano del célebre poeta Czesław Miłosz, sirvió en el ejército francés en la Gran Guerra y representó a Lituania en la Sociedad de Naciones. Obtuvo la nacionalidad francesa, fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y en francés escribió la mayor parte de su obra. Viajó por toda Europa entre 1906 y 1914. Tenía una formación humanística admirable. 

PUBLICIDAD

“Miguel de Mañara” parte de la vida del caballero sevillano del siglo SXVII del mismo nombre. Frívolo, vividor y mujeriego en su juventud, conoció el amor verdadero a los veintiún años en su matrimonio con Jerónima Carrillo de Mendoza, que murió repentinamente en 1661. La tragedia llevó a nuestro caballero al arrepentimiento y la conversión. Terminó como hermano mayor de la Hermandad de la Santa Caridad de la capital hispalense.

Sin embargo, la obra de Milosz no es una versión de D. Juan Tenorio – ¿cómo no recordar al seductor de Doña Inés? – sino una composición en seis cuadros sobre la redención, es decir, sobre el amor, sobre el perdón y sobre la misericordia. Así que quien busque escenas luctuosas y duelos a espada tal vez quede desencantado, pero quien quiera enfrentarse con una obra de profundidad dramática y catártica encontrará en sus páginas fragmentos de una gran belleza. Así, el abad le dice a Miguel, que llega desgarrado por la culpa de sus pecados: «Te observo desde hace mucho tiempo. Nosotros, a pesar de tener nuestros ojos fijos en el breviario, lo vemos todo». Palpita aquí el amor de Dios -de eso se trata, a fin de cuentas-, que no aparta su vista del pecador por mucho mal que este haga. También el Padre Misericordioso de la parábola miraba al horizonte esperando a su hijo: «Estando él todavía lejos, le vio su padre…». El mismo abad le dice «el amor y la precipitación no están de acuerdo, Mañara. Es la paciencia la que mide el amor». ¡Y cómo necesitamos recordar la importancia de la paciencia en un tiempo en que todo va acelerado!

En algunos pasajes, “Miguel de Mañara” tiene el eco de la literatura de los Salmos: «soy extranjero sobre la Tierra; no me escondas tus mandamientos. No te alejes de mí porque la angustia está próxima y nadie me ayuda. Yo estoy postrado en el polvo; dame vida según tu promesa. Enséñame la cordura y la sabiduría, porque tengo confianza en tus mandamientos. Estate atento a mi grito, porque me he vuelto muy débil. Líbrame del lugar en que me encuentro encerrado». Estos ecos bíblicos hacen de esta obra una joya reluciente en el panorama contemporáneo: en su interior, resplandece el brillo de la tradición de las Sagradas Escrituras, que viene nutriendo la civilización occidental desde los Padres de la Iglesia hasta Jorge Luis Borges. 

Tal vez por ese caudal de cultura que en él rezuma, este libro requiere cierta pausa en su lectura. Si hubiera que darle un tempo, sería un “adagio” majestuoso que permita tomar conciencia y hacer resonar cada palabra de los diálogos que Milosz ha ido construyendo y que Nembrini analiza, disecciona, amplía con referencias, anécdotas y citas. También esto hay que celebrarlo. Desde las citas y pasajes que Nembrini comenta, se puede llegar a muchos sitios: a la literatura medieval de Hermann el Inválido, a San Agustín, a Péguy, a Claudel, a Wilde, a Florenski, a T.S. Eliott… y por supuesto a los grandes genios de la literatura italiana con Dante a la cabeza seguidos de Leopardi y de Montale. Nembrini prodiga referencias a la vida tradicional de la Italia rural y a la cultura popular de masas desde el cine hasta el pop. Este libro de Milosz que comenta y analiza nuestro profesor, es, pues, una encrucijada a otros libros, a otros lenguajes, a otras formas de arte y de vida.

Pero no nos durmamos en las delicias de Capua. Milosz no nos invita al retiro, sino a la batalla. Mañara se convierte porque lucha contra el pecado, al que no puede vencer solo, y en esa lucha descubre el amor y una amistad que, como escribió Frossard, «no era de la tierra». Estas páginas tratan del dolor, del mal y de la redención de un hombre que, de algún modo, representa a la condición humana, débil, falible, herida por el pecado, pero redimida por Cristo. 

Al terminar de leer estas 215 páginas, uno no sólo piensa «¡qué bien escribe Milosz!» ni «¡cuánto sabe Nembrini!», sino sobre todo «¡qué grande es el amor de Dios!». 

No es malo recordarlo al comienzo del año. 

Que 2020 les sea propicio.