El iPhone y la revolución pendiente

Las distópicas imágenes de una Barcelona arrasada por el fuego y las turbas separatistas, condimentadas por la aparición contumaz de extremistas ideológicos de variado pelaje deja mucho hilo para cortar. 

La historia viene de lejos. Una idealizada Transición que se preocupó (ya lo había hecho Francisco Franco, aunque con distinta intención) por beneficiar a cuanto nacionalismo periférico pudiera sacudir el frágil entramado institucional y jurídico español provocó el surgimiento y (por usar una palabra moderna) el empoderamiento de élites regionales corruptas y paniaguadas, acostumbradas al uso de las instituciones públicas como sus fincas (en este caso, masías) particulares. Como en los populismos hispanoamericanos, el Poder es algo que les pertenece y que sólo circunstancialmente (como sucedió en el País Vasco, pero nunca en Cataluña) puede cambiar de manos. Fueron astutos: no sólo se preocuparon por acumular ingentes fortunas merced al clientelismo político y el desmanejo financiero: también (sin haber leído a Gramsci) se preocuparon por generar la hegemonía cultural que devino en gigantes incubadoras de futuros independentistas.

PUBLICIDAD

Lamentablemente previsible, el espectáculo dantesco de homínidos descerebrados y enfervorecidos golpeando en masa a un rival ideológico indefenso se convirtió, en estos días, en una estampa sencilla de encontrar en la Avenida Diagonal o en cualquier rincón del Eixample. La tensión separatista, irresponsablemente jaleada desde lo más alto de la Generalidad de Cataluña, lanzó a la calle a hordas de borrokas con acento catalán. Eso sí: según informa El Periódico de Cataluña, acompañados (esta vez) por anarquistas alemanes y franceses. El cóctel perfecto.

A esto debe sumarse la patética postal de los ni-nis acomodados que se fotografían haciendo la revolución con sus smartphones de última generación. Pequeños burgueses, pichones de oligarcas, revolucionarios 5G que volverán a sus hogares para disfrutar de una comida suculenta y comentar sus hazañas en el asfalto caliente.

Recién ahora, cuando la espuma desborda la copa, la gente bien de Pedralbes (valedores de los Jordi Pujol y los Artur Mas; la burguesía catalana heredera de Francesc Cambó) comienza a preocuparse. 

Como Mickey en esa célebre secuencia de Fantasía (1940) al son de Paul Dukas, los aprendices de brujo (PSOE, PP, independentistas, todos) crearon un monstruo que se les fue de las manos. 

Sembraron vientos. Ahora cosecharán tempestades.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.