El fundamento teórico de VOX

Querido doble hermano: Tengo que comunicarte una gran sorpresa. Has de saber que tu futura doble hermana, Mildred, suele criticarme el hecho de que mi aprecio por la cultura española no sale de los límites de la literatura producida en España. Tiene razón la venezolana. Ella misma me ha dado a leer un libro insólito de un compatriota suyo: Nicolás Gómez Dávila, Escolios para un texto implícito (Girona: 2009). El ejemplar viene todo subrayado por Mildred con notas al margen. Es sencillamente una colección de geniales aforismos, en los que dominan las paradojas y las formulaciones negativas. Es decir, las cosas no son lo que parecen. En medio de una densa floresta de ideas, se va tejiendo lo que podríamos llamar la mejor definición de las bases filosóficas del pensamiento conservador. O mejor sería decir “reaccionario”, que es como atrevidamente lo considera el pensador venezolano.

Los “escolios” de Gómez Dávila se escribieron a grandes trancos durante la segunda mitad del siglo XX, pero mantienen una frescura inigualable. Tanto es así que los podemos considerar, según me asegura Mildred, como las bases teóricas del pensamiento de Vox o de cualquier otro partido en una línea parecida. No creo que ningún otro partido de los establecidos pueda apoyarse en un fundamento tan sólido.

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Las anotaciones hechas por Mildred me han permitido trazar un esquema del fundamento teórico que digo, que puede ser aplicado a Vox, pero también a otros movimientos que tratan de enfrentarse a la actual dominación de la ideología izquierdista, esto es, marxista, progresista y feminista.

De la triada famosa, “libertad, igualdad, fraternidad”, la izquierda ha seleccionado la igualdad para establecerla desde el Estado. “El que no sabe dar a cada cual lo suyo, resuelve dar a todos lo mismo” (p. 600). La consecuencia lógica es así de brutal: “En sociedades donde todos se creen iguales, la inevitable superioridad de unos pocos hace que los demás se sientan fracasados” (p. 424). Es decir, la hegemonía progresista suscita una latente frustración en el vecindario.

El resultado de la oligarquía progresista es así de irónico: “Las clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como la clase que paga impuestos y la clase que de ellos vive” (p. 1286). O de forma aún más brutal: “Ya no existen sino dos partidos: ciudadanos y burocracia” (p. 1397).

A la izquierda culturalmente dominante, el pensador venezolano le señala múltiples errores o fracasos. Selecciono estos: (1) “Diagnosticar la enfermedad correcta para agravarla en su terapéutica es la palabrería del estado de bienestar” (p. 436). (2) “Oponerse a la interpretación sutil de cualquier acontecimiento” (p. 796).  (3) Dividirse en continuas fracciones. “Las escisiones ideológicas se presentan en los partidos de izquierda cada vez que la oligarquía del partido no cede los cargos lucrativos a un nuevo grupo de aspirantes” (p. 808). (4) Tratar de imponer toda una concepción del mundo, de tal forma que “las opiniones políticas del izquierdista son más llevaderas que las demás opiniones” (p. 990). Todas estas operaciones enormemente dinámicas llevan a un resultado paradójico: “El progresista cree que todo se torna pronto obsoleto, salvo sus ideas” (p. 233).

Mientras tanto, con o sin socialistas en el poder, las sociedades democráticas siguen su marcha. “El capitalismo es abominable porque logra la prosperidad repugnante, vanamente prometida por el socialismo que lo odia” (p. 522). En cuyo caso, no cabe más opción razonable que un movimiento conservador que se proponga superar el capitalismo y el socialismo, tan compinchados que una parte de la derecha política acaba aceptando la ideología izquierdista.

La última conclusión es la de Mildred, que no puede mantenerse en la posición diplomática que yo me veo obligado a desplegar. Así que no te extrañará saber que tu futura doble hermana se nos haya hecho una activista de Vox. El catecismo político que ella muestra es el libro de “Colacho”, como llama familiarmente a Nicolás Gómez Dávila. Yo solo puedo decir que se cumple el viejo axioma de que la manera de pensar de uno se acaba pareciendo a loa de las personas que más aprecia. Sin ir más lejos, por eso verás pronto a este que era impenitente anglicano arrodillándose en el altar de una iglesia católica de mi pueblo para prometer amor y fidelidad a la señorita Mildred Trujillo. Ya sabes que no es precisamente una “catirrucia” (así llaman despectivamente en Venezuela a las mujeres de raza blanca, rubia; de “piel de pollo”, que decimos nosotros). Para que lo entiendas mejor: su piel tiende más a la de Jennifer Lopez, mejorando lo presente, como dicen los madrileños parea que nadie se ofenda con una comparación. Como sabes, me reafirmo en mi derecho a mantener ciertos prejuicios.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).