El españismo de VOX

Querido doble hermano: Cuanto más me enamoro de España, menos logro entender el desconcierto de la vida pública de “este país”. Ya digo yo también “este país”, que aquí tanto se emplea por mor de evitar el gentilicio “España”. Solo los de Vox se libran de tal prejuicio. Lo que menos entiendo es que a Vox se le tache de “extrema derecha” o de “ultraderecha”. Las voces “extrema derecha” o “ultra” se asocian comúnmente con violencia, con lo que antes se llamaba “acción directa” y ahora “terrorismo”. Pero el partido más opuesto al terrorismo es Vox. Así que “áteme esa mosca por el rabo”, una expresión surrealista que me ha enseñado mi profesor de español. Viene a querer decir que algo parece absurdo o imposible.

Si Vox no es de “extrema derecha” o “ultra”, ¿cómo podríamos clasificarla? De nuevo recurro a un término sugerido por mi profesor de español: Vox es ante todo “españista”. No “españolista”, que ese epíteto sería su caricatura. “Españolista” es quien jalea lo español en su dimensión tópica y folclórica: la España (o más bien la Andalucía o la Sevilla) de Carmen, los toreros, los gitanos, el baile flamenco, etc. El “españismo” es algo mucho más fundamental. Consiste en considerar la nación española como una realidad enteriza, tanto en la dimensión espacial (todo el territorio) como histórica. Se podría pensar que el españismo es un rasgo exclusivo de la derecha, pero no es así. Antes de la guerra civil fueron españistas eminentes Manuel Azaña (jefe de Gobierno y presidente de la República), Claudio Sánchez Albornoz (republicano moderado), José Antonio Primo de Rivera (fascista católico, fusilado por los republicanos), Miguel de Unamuno (republicano y escritor), José Ortega y Gasset (republicano, filósofo), Ramiro de Maeztu (monárquico, escritor, fusilado por los republicanos)) y muchos otros. En la actualidad el españismo se halla proscrito en la vida pública española, con la excepción de algunos intelectuales que van “por la libre”, como dicen los cubanos. Pienso en Federico Jiménez Losantos como el más notorio. En el abanico de partidos políticos solo Vox se podría adscribir al españismo. Ahora se comprende, al alardear los de Vox de españismo, que el resto de las fuerzas políticas consideren a los voxeros con desdén, si no con recelo. Creo que fue Ortega y Gasset quien dijo aquello de “En España ser diferente es ser indecente”.

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Otra cosa que me maravilla de la vida pública española es el carácter literario que se otorga a las intervenciones de los políticos más relumbrones. Se nota, por ejemplo, en la alta frecuencia con que los políticos y comentaristas hablan de “narrativa”, “relato” o “protagonistas”. Sospecho que se trata de un rasgo más general, atribuible a una especie de carácter nacional de los españoles actuales. Por ejemplo, he observado muchas veces que los españoles consideran reales a ciertas criaturas de ficción, como don Quijote, Sancho Panza o don Juan Tenorio. El hecho de que los españoles vivan en una realidad literaria lleva a que conversen con un tono de voz muy alto, como declamando, con constantes hipérboles y con un alarde de gesticulación. Es decir, se comportan como si estuvieran representando una obra dramática.

Me dice Mildred que el mejor regalo de boda es que vengáis toda la familia a la ceremonia, que será a finales de septiembre. Aquí en agosto cierra toda la actividad, aunque paradójicamente sea el mes en el que España recibe a millones de turistas extranjeros. Sin que se entere Mildred, añado que a ella le haría mucha ilusión que le trajeras un diamante, aunque fuera de muy pocos quilates, a poder ser de esa mina tuya.

Tuyo, Ñame Busdongo, embajador plenipotenciario de Bostwana en el Reino de España.

por Amando de Miguel.

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Ha publicado más de 120 libros y miles de artículos. Forma parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).