El circo de los Picapiedra

Quien golpea primero, golpea dos veces; y por mucho que a posteriori se desmienta una falsedad anterior, la verdad nunca obtiene el alcance de esa mentira, cuyo objetivo final siempre es que la víctima acabe plegándose a ella. «Mientras la falsedad vuela, la verdad cojea tras ella» (Jonathan Swift).

Ya los tenemos aquí: Pedro y Pablo mano a mano, con la manipulación torticera de las palabras como arma de guerra. Demagogia, mentiras, eufemismos y sobre todas las cosas, el lenguaje intervenido y secuestrado para que la primera de todas las víctimas del conflicto, sea siempre la verdad.

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El lector que siga desde hace tiempo mis reflexiones en medios de comunicación, seguramente sabrá que mi campo de batalla es la corrección política en todo lo concerniente al prohibicionismo Eco/Vegano/Animalista (E.V.A.). Y de ello, voy a intentar hablar también en esta columna: de palabras y definiciones manipuladas por verdes, rojos y morados. Palabras, mansamente integradas y asumidas por nuestra sociedad democrática durante décadas, y sorprendentemente blindadas ya ante cualquier disidencia pública. Sin embargo, permítame mi querido lector, que debido a la rabiosa actualidad -la del futuro Gobierno Picapiedra-, introduzca el asunto de una manera, y con una comparativa política más general, antes de entrar en materia E.V.A.

En estos días en los que la ciudadanía no sale de su asombro ante el apocalipsis que se le viene encima a España y los españoles, con un posible pacto de Gobierno en coalición entre socialistas de la rosa en puño, y la extrema izquierda, de los neo-comunistas morados de la hoz y el martillo, se empiezan a escuchar críticas y opiniones de todo tipo, empezando por la demanda de explicaciones que ambos partidos y sus líderes deben a los más de cuarenta millones de españoles, cuyo dinero, se ha dilapidado en unas elecciones generales absolutamente innecesarias a la vista del abrazo Judas Style de Pablo, y la bajada de pantalones de Pedro -enquistado con masa de mortero en el Palacio de la Moncloa-, al día siguiente de los comicios.

Se habla en estos días de que si lo que no se consiguió en los seis últimos meses se ha logrado por arte de magia en 24 horas, de que si ya unos y otros duermen ahora bien y antes no, de lo buenos buenísimos que son los supuestos ganadores, y lo malos malosos que son todos los demás, del fraude cometido por prometer una cosa y al día siguiente hacer la contraria, etc, etc… Pero de lo que no se oye hablar a nadie, curiosamente -y ya es raro-, es de la guerra de las palabras y la prostitución de la lengua castellana y por la cual, los huesos de Cervantes, a buen seguro, deben de estar dándose de cabezazos en su aún desconocida tumba. Tema éste, el de las palabras corruptas, no sólo protagonista ahora a nivel electoral, sino que ya lleva décadas siendo usado por la izquierda prohibicionista como arma de su particular guerra; concretamente, por los “brazos armados” del marxismo cultural (últimamente rebautizado como “dictadura progre”), que se enumeran como usuarios recalcitrantes de dicho armamento bélico/lingüístico, y en los que se cuentan mis viejos amigos los intolerantes Eco/Veggie/Animalistas (E.V.A.).

En el plano político arrancábamos la resaca electoral con Pablo, señalando lo ocurrido en Bolivia y su dimitido presidente, como de “golpe de Estado” y no como dimisión con fuga incluida (haciendo de paso, el ridículo ante Europa, que no le ha permitido tal manipulación de los términos). Definición lógica por otro lado, puesto que los marxistas, piensan que los golpistas siempre son los de derechas; ellos en cambio, sólo practican justas revoluciones, y no dictaduras, faltaría más.

Continuábamos, con la auto-definición de Pedro hacia su futuro y vendido Gobierno, etiquetado de “rotundamente progresista”: eufemismo este de un marxismo puro y duro, aunque disfrazado como “de a pocos” y con vaselina; para que así, nos vayamos haciendo a la idea, sin demasiados dolores, de lo que nos espera a partir de enero. La corrupción del término “progresista”, por su uso sistemático, bien merece un análisis algo más amplio ya que, la definición del “progre” -y en palabras de la ex-congresista peruana Martha Hildebrant-, es la de «una persona que gusta de culpar de sus miserias al sistema, y que procura que los demás reconozcan sus méritos como “luchador social”. El “progre” predica a favor de lo que él llama “justicia social”, lo que en el fondo consiste en que unos cuantos vivan a expensas de los demás, utilizando al Estado como cómplice. Se puede ver a los “progres“ predicando su ideología en ONG’s y organismos públicos nacionales e internacionales, donde solucionan todos sus problemas desde sus escritorios con magníficos artículos llenos de palabritas como “articular”, “visibilizar”, “empoderar”, “desigualdad”… mientras destrozan el lenguaje con modismos sexistas como “ciudadanos y ciudadanas”. Son argolleros y gustan de hacerse pasar por intelectuales. Se les conoce también como parásitos sociales». Definición didáctica, completa y brillante, la de la señora Hildebrant, no cabe duda.

Una de las palabras más sangrantes y groseramente manipuladas en estos días de besos y abrazos, es la de “justicia fiscal”. Eufemismo, claro, de expolio al contribuyente. Pero sí en público dices “justicia fiscal”, pues hasta te gusta oírlo y todo. No es lo mismo que te digan que van a robarte en la cara, a que te digan que lo que tanto te costó ganar, justo es que lo entregues o repartas a los que tienen menos que tú. Ya lo decía Winston Churchill: «El que de joven no es comunista, es que no tiene corazón. Y el que de mayor no es capitalista, es que carece de cerebro». Aquí, la manipulación es burda y grosera: ¿Alguien puede decir con precisión qué es la justicia a nivel recaudatorio? ¿Qué es lo justo fiscalmente hablando y qué no lo es? Más aún: ¿por qué se le dice a los electores que hay que subir la presión fiscal al nivel de los países de nuestro entorno, y a la vez se oculta que los sueldos en dichos lugares son, entre dos y tres veces, más altos que los de aquí? Hay que ser vende-ungüentos, farfullero y manipulador, para mentir y estafar de esta manera al votante, vamos.

En el mágico acuerdo express entre Pedro y Pablo se puede leer, entre otras cosas (¡nada menos que en el punto 3!: ojo a lo que para ellos es prioritario):

– «La lucha contra el cambio climático, la transición ecológica justa, la protección de nuestra biodiversidad y la garantía de un trato digno a los animales».

Lo de la farsa climatológica, es tan gordo y extenso el asunto, que no lo voy a comentar más aquí, toda vez que ya fue tema de mi anterior columna en estas mismas páginas hace poco más de un mes (No sé Rick, parece falso).

En cuanto al supuesto maltrato o bienestar animal, decir que es uno de los clásicos mantras de guerra del Eco/Veggie/Animalismo (E.V.A.), asumido desde sus orígenes por la izquierda analfabeta de este país y ahora enarbolado por los neo-comunistas morados. Pablo, por ejemplo, sabido es que lleva años queriendo acabar con la caza, la pesca o la fiesta nacional mediante un referéndum. Los marxistas llevan el prohibicionismo estalinista en su ADN, no lo pueden ocultar. Así pues, en la escena del abrazo post-electoral, Pablo seguro que le dijo a Pedro al oído: «Que sí, tonto, que sí; que te va a gustar lo de prohibir los toros, ya verás. Y la caza, y la pesca, y los zoos, y los circos… y el jamón de Jabugo; y hasta el cochinillo de Navidad». Y el otro, sintiéndose ya con un pie en la Moncloa, aceptó el frío glacial de la vaselina y dijo… «Lo que tú digas, Pablo, socio preferente mío»

Resulta que el tema de los circos tradicionales y la ahora tan de moda acusación de maltrato animal, lanzada contra ellos desde el izquierdoso movimiento E.V.A., lleva varios meses en las portadas de la prensa. Un circo en Zaragoza, el Zoorprendente, del que casi se quedaron los maños sin él en sus fiestas del Pilar (tuvo que ser un juez el que lo autorizara), y ahora las múltiples carpas que en breve llegarán a Madrid capital por Navidad, han sido y siguen siendo noticia de actualidad debido al prohibicionismo. En Madrid, una ordenanza de Manuela Carmena aprobada en pleno, prohibirá si nadie lo remedia y a partir de marzo 2020, los circos tradicionales. Literalmente de lo que habla el texto, es de “los circos con animales salvajes”. Y he aquí la manipulación lingüística y torticera de las palabras, que toda la prensa de la progresía sigue a pies juntillas en este país a mayor gloria de Goebbels.

De toda la vida de Dios, el mayor espectáculo del Mundo fue siempre conocido y nominado como circo tradicional y estuvo basado en cuatro o cinco patas (trapecio, payasos, equitación, doma de fieras, etc…). No existe por tanto un circo “con o sin animales”, sino uno que es el de toda la vida, itinerante, frente a otros conceptos urbanos más modernos y con formato de teatro estático y carencia de nomadeo. La manipulación obscena e ideológica del término “con animales”, busca poner el foco en la presencia tradicional de fieras bajo la carpa, para así forzar un debate social que de otra forma sería inexistente. No existe el circo “con o sin animales“, sino el circo tradicional frente al teatro/circo urbano. Los animales no son lo fundamental; tan sólo una de la patas.

Esto de usar las palabras en la guerra ideológica es, como apuntaba más arriba, asunto ya viejo. Más antiguo incluso que el propio ministro nazi de propaganda mencionado antes, que fue quien lo elevó a los altares de la batalla demagógica. Sólo existe un circo, el tradicional, y sus mejores y más queridos artistas son los animales, cuidados y mimados hasta el hartazgo. Animales, por cierto, todos domésticos. Ninguno silvestre o salvaje, como reza la infame -e ilegal- ordenanza madrileña. Que esa, es la otra trampa lingüística contra la que injustamente se bate el sector: el de la domesticidad o supuesto silvestrismo.

Ningún animal de los circos occidentales a día de hoy, es salvaje. Existe el animal silvestre (llamado salvaje), que es el que vive de forma natural en el medio y forma parte de la biodiversidad y los hábitats de un ecosistema. Y existe el doméstico, con origen silvestre más o menos antiguo en el tiempo, y domesticado por el hombre a base de generaciones de cría en cautividad, pudiendo haber o no, razas independientes de ese animal doméstico debido a la acción selectiva del Hombre. Y no hay más. Todos los animales detraídos del medio natural son silvestres o salvajes, independientemente de su agresividad o fiereza. Y todos los animales nacidos en condiciones domésticas y no silvestres (esto es, en cautividad), son todos domésticos aunque, en origen, sus antepasados hayan sido silvestres o salvajes. Así mismo, dentro de los silvestres se diferencia entre autóctonos o alóctonos (también llamados exóticos estos últimos). Y entre los domésticos, se establece la diferenciación entre: de compañía (mascotas), de trabajo (pastoreo, seguridad, espectáculo) o renta (ganadería). Eso es todo. Los animales del circo, entran en la segunda categoría. Y todos además, compañía, trabajo y renta, se rigen por normas y legislación específica. Ningún ayuntamiento puede prohibir circo alguno, puesto que no tiene esa potestad. Y menos el de Madrid, argumentando falsedades de mayoritaria demanda social como así hizo (aforos y carpas siempre llenas en la capital), inexistentes declaraciones de derechos animales, o el supuesto carácter “salvaje” de sus artistas

Resumiendo: igual de doméstico es el tigre de un circo occidental que uno de sus caballos, a pesar de que los tatarabuelos del felino hubieran sido capturados en la selva hace dos siglos. Y como ejemplo más claro de esto que digo tenemos al perro (Canis lupus familiaris), que científicamente es un lobo (Canis lupus), pero que a nadie se le ocurriría catalogar como salvaje a pesar de sus 15.000 años de domesticidad.

De entre todas las palabras manipuladas por la izquierda E.V.A., seguramente la más prostituida sea precisamente ésta de “maltrato”, referida a los animales; verdadero cajón de sastre, en el que todo cabe: desde la maltratadísima fauna de zoos y acuarios, pasando por los circos, los toros, la ganadería, las granjas, etc…, y llegando incluso hasta la equitación o incluso los perros de trabajo, seguridad o rescate. (incluidos los lazarillos para ciegos). Todo aquel animal usado de alguna manera por el ser humano, estará siempre maltratado, torturado y esclavizado por el hombre según los E.V.A., te lo comas o no: desde las abejas de la miel (pobres esclavas), hasta el pony de un circo. Y no digamos ya la perdiz que caces y luego te comas escabechada. Esa, la más maltratada de todas, puesto que no lloraste, sino que te lo pasaste bien mientras la cazabas.

Acabo ya mi paciente lector, pero no sin antes señalar otro de los puntos acordados por Pedro y Pablo en su acuerdo para el circo de los Picapiedra que se nos avecina. Dice así:

Revertir la despoblación: apoyo decidido a la España vaciada».

Hay que tener la cara, no ya de piedra sino de hormigón armado, para redactar esto y a la vez coquetear a diario con el Eco/Vegano/Animalismo, que, como todo el mundo sabe, es el enemigo declarado número uno del mundo rural y de sus usos y aprovechamientos tradicionales del medio. El animalismo no es más que puro analfabetismo medio-ambiental, sectario, fanático, liberticida, intolerante, prohibicionista, y rotundamente urbanita. Y Pedro y Pablo, nuestros castizos Picapiedra, parecen hoy ser sus más devotos y entregados profetas.

por Álex N. Lachhein.

Naturalista de campo, articulista en prensa, y divulgador medio-ambiental en programas de radio como «Caza, Pesca y Naturaleza” (Intereconomía Radio), o «Cuarto Milenio» (Mediaset). Álex N. Lachhein ha trabajado en varios parques biológicos de nuestro país y participado en infinidad de producciones tanto de cine como televisión, en calidad de “Animal Trainer”, siendo a día de hoy, uno de nuestros más acérrimos paladines por la supervivencia del mundo rural. Gran experto en el trabajo de comunicación conservacionista tras más de treinta años de profesión trabajando con animales de todo tipo, es hoy una de las figuras públicas más combativas y polémicas frente al alarde de analfabetismo medio-ambiental y objetivo prohibicionista, del nuevo movimiento eco/vegano/animalista que parece invadir nuestra sociedad occidental de la mano de la corrección política y el marxismo cultural.